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INAUGURACIÓN DE LA SINAGOGA SHEVET AJIM
Discurso de Phillip Gelman, Presidente de la Comunidad Judía de Tegucigalpa, 31 de agosto del 2003
Queridos amigos:
Con mucha satisfacción y orgullo, les doy la más cordial bienvenida a la Sinagoga Shevet Ajim de la Comunidad Hebrea de Tegucigalpa.
La historia de esta magnífica sinagoga comienza en tragedia. El 30 de octubre de 1998 fue probablemente el día más negro en la historia de la ciudad. Alimentadas por el Huracán Mitch, las aguas embravecidas del Río Choluteca salieron fuera de control, dejando atrás devastación y muerte por todos lados de nuestra ciudad. En los días después de la tragedia, nuestra comunidad se movilizó, proveyendo artículos de primera necesidad a 36 familias desplazadas por Mitch, quienes se encontraban albergadas en la Escuela Estado de Israel, ubicada en la Colonia Flor del Campo.
La casa comunitaria de nuestra comunidad, ubicada en la Colonia Prado, no pudo resistir el descontrolado río. Ubicada a una cuadra y media del río, la sinagoga fue sumergida por el agua. La fuerza de la misma derribó la pared frontal del edificio, que hizo que cayera el techo. Varios miembros de nuestra comunidad excavaron en el lodo y lograron hallar uno de los dos rollos de la Torá, nuestro libro sagrado, severamente dañada. En unos momentos, vamos a escuchar de uno de ellos. El otro rollo nunca apareció, y todo lo demás – libros de rezo, mesas, sillas, todo – se perdió.
Para nuestra comunidad, la sinagoga de El Prado fue motivo de mucho orgullo. En 1997, bajo la guía del entonces Presidente de la comunidad, el Dr. David Losk, con el apoyo incansable de la Sra. Sonia Seidel, se logró comprar una casa residencial para usar como sinagoga. Por primera vez en más de 70 años de presencia judía en Tegucigalpa, teníamos un lugar propio. Aunque fuera solamente un edificio, la sinagoga ayudó a dar forma y estructura a la comunidad. Más que nada, sirvió de ejemplo de lo que se puede lograr con fe y compromiso.
Por estas razones, era indispensable que reconstruyéramos la sinagoga. Se volvió aparente que íbamos a necesitar el apoyo de amigos de todo el mundo judío para poder restablecer la sinagoga. Reconocimos la magnitud de esta solicitud de auxilio, pero teníamos la esperanza de que nuestros hermanos y hermanas nos iban a apoyar, convencidos de que ninguna sinagoga debiera quedar en ruinas.
Mitch nos golpeó fuertemente, pero en el espíritu de “kol Israel arevim ze laze”, todos los judíos se responsabilizan los unos por los otros, la comunidad judía internacional nos consoló en nuestra angustia y nos tendió una mano fraterna. Más de 1,200 donaciones nos llegaron, de todo rincón del mundo. Hubo donaciones extremadamente generosas, y me da gusto poder reconocer una de ellas – la ofrenda del Discount Bank and Trust Company – en la presencia del Sr. Kalman Soffer, quien gestionó dicha ayuda. Obviamente, las grandes donaciones eran de suma importancia, pero lo que más me impresionó fue la movilización generalizada de solidaridad, tanto financiera como moral. Tres días después de que saliera nuestra solicitud de apoyo, recibimos un correo electrónico de una congregación en México, diciendo que no nos preocupáramos por reemplazar nuestros libros de rezo, ya que nos los iban a enviar desde allá. La Torá dañada fue reparada por un extraordinario grupo de personas en Nueva York, bajo la dirección del Rabino Emmanuel Viñas. Hubo jóvenes que compartieron los fondos que recibían por su Bar o Bat Mitzvá. En una escuela religiosa cerca de Cleveland, Ohio, los alumnos recaudaron más de $3,000 para nosotros, a través de una competencia de lectura. Y es imposible no mencionar a la Sra. Arlene Katz, quien nos escribió:
Llegaron donaciones de individuos y congregaciones a nivel mundial. La comunidad judía de la devastada ciudad de Sarajevo, por ejemplo, envió el siguiente mensaje de aliento con su donación:
Pueden ver fotos que documentan el impacto de Mitch en nuestra comunidad, y además una pequeña muestra de las cartas de apoyo que nos llegaron, en las vitrinas ubicadas en la pared.
Me da mucho gusto reportar que además del apoyo externo, se han generado recursos localmente en pro de este proyecto. Muchas de las personas que aportaron están aquí el día de hoy. Les aplaudo y les agradezco por su generosidad y por creer en la importancia del proyecto.
Podríamos pasar el resto del día agradeciendo a todos los que han trabajado para que la Sinagoga Shevet Ajim llegara a existir, y no terminaríamos la lista. Pero con su permiso, y sin ofender a los que no mencionamos, hay algunas personas a quienes yo quisiera reconocer específicamente. Primero, agradezco a mis colegas de la Junta Directiva de la Comunidad Hebrea de Tegucigalpa – Donald Kaminsky, Yehuda Leitner, Rosario Losk, Alberto Motola, Alvah Motola, Helmut Seidel y Sonia Seidel. Colegas, hemos trabajado duro para esto, y el resultado es precioso. Gracias.
Segundo, durante este proceso, hemos tenido la sabia asesoría del Arq. Mario Martín, quien nos ha guiado con paciencia y claridad. Gracias, Mario, por todo. Tercero, al Arq. Carlos Quant, quien tomó un documento de tres páginas describiendo las necesidades de nuestra comunidad, y lo convirtió en una visión de elegancia y funcionalidad. El Arq. Quant se encuentra fuera del país acompañando a su esposa, que se encuentra delicada de salud. Le deseamos a la Sra. Quant una refua shleima, una pronta recuperación. Para transformar los planos en este espléndido edificio, contamos con el Ing. Fermín Quant y su excelente equipo de trabajadores. Gracias por sus labores a favor nuestro – ¡y gracias por tolerarnos con buen humor! Finalmente, en las últimas semanas del proyecto, hubo dos miembros de la comunidad que realizaron una labor monumental para asegurar que todo estuviera hecho, no solamente a tiempo, sino con el debido cuidado. A Alvah Motola y mi esposa Florencia Gelman, les transmito un agradecimiento muy especial de parte de la comunidad y en nombre personal.
Pues, ahí está la historia de nuestra sinagoga.
Como explicamos en el folleto, escogimos el nombre Shevet Ajim para enfatizar nuestros sentimientos de hermandad, no solamente entre nosotros aquí en Tegucigalpa, sino con nuestros hermanos dondequiera que se encuentren y con los miles de judíos a nivel mundial, que nos levantaron en nuestros momentos de aflicción.
Que Shevet Ajim sea siempre una morada de hermanos y hermanas. Que vengan todos con frecuencia y que se sientan en su casa.
Muchas gracias.
FOTOS DE LA INAUGURACIÓN
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