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Sinagoga Neve Shalom

Paramaribo, Surinam

Construida entre 1835-37

   

HISTORIA DE LA COMUNIDAD JUDÍA DE SURINAM

La Llegada de los Judíos

Varias fuentes confirman que el primer grupo de judíos llegado a Surinam data de 1639, provenientes de Polonia, Portugal e Italia. Estos primeros colonos judíos se asentaron en la antigua capital de Surinam, Thorarica, en la ribera izquierda del río Surinam, aproximadamente 40 kilómetros al sur de Paramaribo. De inmediato se dedicaron a las plantaciones de azúcar. En 1952, un nuevo grupo de judíos llegó a Surinam junto con el inglés Lord Willoughby, estableciéndose en la sabana, cerca del estero Cassipoera. Esta área se conoce actualmente como “Jodensavanne”. En 1664, un tercer grupo de judíos arribó a Surinam, cuando los franceses tomaron posesión de la colonia holandesa Cayenne. Este grupo, bajo la dirección de David Nassy, escapó a Surinam y se unió a los demás judíos en Jodensavanne. Los judíos de Thorarica también se mudaron al sur, a Jodensavanne.

El 17 de agosto de 1665 el gobierno colonial británico concedió varios privilegios importantes a la comunidad judía de Surinam, incluyendo la libertad religiosa, una guardia civil privada y el permiso de construir sus propios templos y escuelas. Esta nueva tierra se convirtió en un refugio para esta comunidad, que había sido perseguida por todo el mundo debido a sus convicciones religiosas. De inmediato pusieron manos a la obra, construyendo algunas escuelas y una sinagoga de madera en Cassipoera. Esta sinagoga fue consagrada en 1671 por la “Joodse Burgerwacht Compagnie” (Guardia Civil Judía). Cuando Abraham Crijnssen capturó Surinam de manos de la provincia holandesa de Zeeland, en 1667, por un tiempo pareció que la paz de los pobladores de Jodensavanne estaba de nuevo amenazada. Pero el Comandante holandés conservó intactos los privilegios concedidos por los ingleses.

El Crecimiento de Jodensavanne

Durante este periodo, Jodensavanne se desarrolló rápidamente, convirtiéndose en una pequeña comunidad por sí misma. El conocimiento agronómico y la riqueza de los judíos también beneficiaron al país en general. Surinam se convirtió en una floreciente colonia agrícola, con grandes exportaciones de azúcar y madera. En 1674, los judíos fletaron las primeras 8,000 libras de azúcar a Ámsterdam, destinadas a servir como dote de las hijas de un tal J. Brandon.

En aquellos días, Jodensavanne era el pilar de toda la colonia de Surinam. En 1677 se fundó una escuela reformatorio en la pequeña comunidad en rápida expansión. En comparación con otros asentamientos y plantaciones de Surinam, Jodensavanne era un próspero municipio. Aparte de su ubicación elevada, otra condición favorable para los judíos asentados allí era la existencia de dos manantiales de agua naturales. El agua de uno de estos pozos, de un tono café debido a la presencia de materia húmeda, era considerada poseedora de propiedades medicinales.

En 1685 se construyó una segunda sinagoga en Jodensavanne, esta vez de ladrillo. Se llamaba “Beraja Ve Shalom”, cuyas ruinas se han encontrado últimamente. Los judíos usaban el piso bajo del frente de la sinagoga como corte de justicia. Tenían su propia jurisdicción sobre casos civiles de menor cuantía, lo que les permitía hacerse cargo de casos que involucraran no más de 10,000 libras de azúcar.

En 1694, la comunidad de Jodensavanne consistía de aproximadamente 570 personas, dueñas de cuarenta plantaciones y alrededor de 9,000 esclavos que trabajaban en ellas. Los hacendados eran considerados los reyes de la colonia. Este pequeño lugar en la sabana era la Jerusalén de sus sueños. Las casas se construían en terrenos rectangulares de 450 pies de largo por 300 pies de ancho. La sinagoga, de ladrillos rojos, estaba situada en el centro de la plaza, y medía 90 pies de largo por 33 pies de ancho.

Los judíos también contaban con un cementerio, donde enterraban a sus muertos de acuerdo con sus rituales. Este cementerio, con sus numerosas tumbas, pareciera haber sido el más hermoso de Suramérica. Como era imposible encontrar mármol en la región, las carísimas lápidas tenían que ser traídas desde Europa.

Para proteger esta área tan próspera de ataques perpetrados por esclavos fugados y refugiados en la jungla de los alrededores, se trazó una línea de defensa que circundaba todas las plantaciones. Esta línea defensiva estaba constituida por un ancho camino represivo, con puestos militares a distancias regulares. Este “Cordonpad”, que terminaba en el Océano Atlántico, comenzaba en Jodensavanne. El puesto de suministros establecido allí se llamaba “Post Gelderland”. Hoy todavía se pueden encontrar largos tramos de este Cordonpad, especialmente en el vecindario de Jodensavanne.

La decadencia

En los días de prosperidad nadie hubiera podido preveer que Jodensavanne no seguiría siendo residencia permanente de los judíos de Surinam. Durante la invasión del Almirante Cassard francés, en 1712, con el objetivo de salvaguardar las plantaciones del saqueo, exigió a cambio enormes tributos. Los prósperos judíos tuvieron que pagar la mayoría de ellos. Grandes cantidades de azúcar, dinero en efectivo, molinos enteros y muchos esclavos conformaron el botín con el que este pirata desapareció. El país nunca logró recuperarse por completo de la consecuente desorganización.

La bancarrota de la casa commercial Dietz de Ámsterdam, en 1773, puede considerarse en parte una de las razones para la declinación de los judíos de Surinam. Aun más, la caída en el precio de la caña de azúcar por la introducción del azúcar de remolacha en Europa también jugó un papel importante en este asunto.

Con el desarrollo de Paramaribo, muchos habitantes de Jodensavanne dejaron el lugar para establecerse en la nueva capital. Al principio, los aldeanos acomodados salieron de Jodensavanne con el fin de vivir por sus propios medio en Paramaribo. Algunos abrieron negocios en la capital. Probablemente, otra causa para esta migración fue el aislamiento de Jodensavanne. Poco tiempo después, en consecuencia, no quedaron más de veinte familias en Jodensavanne, la mayoría muy pobres, la mayoría de ellos ganándose el sustento haciendo pequeños negocios con los funcionarios y hombres que ocupaban el Cordonpad. Muchas casas quedaron deshabitadas, y finalmente cayeron en la ruina por la falta de mantenimiento.

Los judíos regresaban a Jodensavanne de Paramaribo solamente para celebrar sus festividades. Especialmente los ancianos, quienes se sentían todavía profundamente enlazados con Jodensavanne, aunque solo fuera por el lugar sagrado donde estaban enterrados sus ancestros. No por casualidad se le llamó la “Jerusalén a la orilla del río”. A pesar del hecho de que Jodensavanne se desmoronó cada vez más, a la sinagoga, que ya para entonces tenía más de un siglo, se le dio mantenimiento con regularidad. Existen, por ejemplo, documentos detallados que datan de los años 1824-25, donde se mencionan extensos trabajos de reparación del techo, así como un par de ventanas nuevas, que se debían colocar en la fachada occidental. También se le dio atención al interior, como testimonia la orden de hacer un nuevo “armario para el Libro de Moisés” y un nuevo asiento para los gobernadores.

El Centenario

El 12 de octubre de 1785, Jodensavanne estuvo de nuevo en el centro de atención de la colonia. Ese día, se celebró una gran fiesta para conmemorar los cien años de existencia de la sinagoga. Las festividades, sin embargo, tuvieron que ser aplazadas por un día, ya que el invitado más importante, el Gobernador Wichers, estaba enfermo ese día. Uno de los mayores problemas de posponer la celebración, fue cómo mantener frescas tan tremendas cantidades de comida, especialmente preparadas para el 12. Entre los más de 1,600 invitados a esta conmemoración estaban el Gobernador, los concejales de Policía y Justicia, y otros altos dignatarios de las autoridades de Paramaribo. El pueblo, y especialmente el templo, fue bellamente iluminado con 150 faroles de barco y 1,000 faroles chinos. El centenario se celebró con un servicio religioso especial; un gran desfile, bajo la conducción del “burgher” Capitán Granada, fue otro de los eventos memorables del programa. Se sirvió una cena especial al Gobernador y otras autoridades, cuyo postre consistía de más de 300 platillos dulces y conservas de frutas nativas. Las festividades terminaron con un enorme baile que duró de 7 de la noche hasta las 6 de la mañana del día siguiente. Durante el baile, se sirvió otro banquete a medianoche para todos los presentes.

El Incendio

El periodo floreciente de Jodensavanne llegó a su término en 1832. El 10 de setiembre de ese año un enorme incendio arrasó la aldea, reduciendo prácticamente a cenizas todas las casas. La restauración era imposible; no había dinero suficiente. Las autoridades coloniales abandonaron el pueblo a manos de la Madre Naturaleza, convirtiéndose en poco tiempo en una ruina exhuberante de vegetación. Pocos años después, quedaba muy poco del enorme cementerio y de la sinagoga. Las tumbas de mármol, con sus hermosas inscripciones talladas, quedaron ocultas por el bosque tropical, y gradualmente, se hundieron en la tierra.

No fue sino hasta 1906 que hubo dinero y gente para limpiar estas históricas y valiosas ruinas. Durante las actividades de limpieza, la gente se maravillaba de los objetos que encontraba. Esta sorpresa, sin embargo, no duró mucho, pues Jodensavanne, con toda su gloria, fue abandonada de nuevo a la jungla.

Tras el estallido de la II Guerra Mundial en marzo de 1942, Jodensavanne, por decreto del Gobierno holandés, se convirtió en campo de prisioneros para los NSBers (miembros del Partido Nacional Socialista pro-nazi). No menos de 139 NSBers fueron transferidos desde las Indias Orientales Holandesas (Indonesia) e internados en Jodensavanne. Una de sus tareas fue la de limpiar el pueblo. De nuevo, el descubrimiento del cementerio fue toda una sorpresa; nadie se imaginaba que fuera tan grande. Más de 436 tumbas fueron descubiertas, pero solo 59 inscripciones pudieron ser descifradas. En 1946 los NSBers fueron liberados, y Jodensavanne cayó de nuevo en la ruina.

Esta situación no varió hasta 1967, cuando el TRIS (Troepenmacht o Fuerzas Armadas de Surinam) tomó la iniciativa de renovar el sitio de nuevo. En el transcurso de muchas semanas, los hombres del TRIS acamparon en Jodensavanne con el fin de limpiarlo. Además de las tumbas ya descubiertas durante la guerra, se encontraron otras 15, para un total de 450 tumbas.

También se encontraron losas sepulcrales en el cementerio de Cassipoera. Este cementerio, donde actualmente se pueden ver más de 280 tumbas, mide aproximadamente 80 por 50 metros. Las lápidas más antiguas datan de 1667. Si se observa cuidadosamente, pareciera ser que se reservaba una porción de terreno para cada familia. Por ejemplo, se pueden encontrar varias tumbas con los mismos nombres en determinadas áreas, tales como Da Costa, Nassy y de la Parra. Estos son aun hoy en día apellidos bien conocidos dentro de la comunidad de Surinam.

Aparte de los cementerios, también las ruinas de la sinagoga fueron desbrozadas. Aun más, el manantial que suplía de agua fresca a la población fue encontrado de nuevo. Gracias a la iniciativa del Sr. W.J.J. Koole, hace unos años se formó un comité con el objetivo de no solo preservar este histórico lugar para el futuro, sino también posibilitar el acceso al área a todas las personas interesadas.

El 11 de octubre de 1971 se estableció la Fundación Joden Savanne. Con el apoyo financiero de STICUSA (Fundación para la Cooperación Cultural), y por recomendación del Comité Real de Asuntos Culturales, las ruinas de la sinagoga pudieron ser preservadas. Gracias a la conexión de ferry, organizado por el Departamento Forestal, es ahora posible llegar en automóvil a Jodensavanne. Gracias a estas iniciativas, uno de los monumentos más históricos de Surinam, y probablemente de toda Suramérica, que había sido tragado por la densa jungla de las Guyanas, fue preservados para el futuro.

 

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LA VIDA JUDÍA EN EL SURINAM ACTUAL

El número de judíos en Surinam actualmente es pequeño, de tan solo alrededor de 70 familias, menos del 1% de la población total de Surinam. No obstante, la influencia de los judíos todavía se nota en la comunidad, como por ejemplo en los muchos apellidos familiares (Eliazer, Emanuels), en los nombres de calles y plazas (Jodenbreestraat, Sivaplein), en la comida (pom), en las costumbres y en el lenguaje (treef, dyufisi).

Nuestra comunidad en Paramaribo tenía, hasta hace poco, dos sinagogas en uso, pero por razones prácticas, hace algunos años las dos congregaciones se consolidaron y una de las sinagogas dejó de usarse. La congregación judía utiliza ahora como sinagoga la de la Keizerstraat, “NEVE SHALOM”, construida entre los años 1835 y 1937.

El grupo de población judía de Surinam es uno de los más antiguos del país. Innecesario decir que estos descendientes de colonialistas del siglo XVII están completamente integrados a la comunidad de Surinam.

   

   

Eventos y Actividades programadas para el año 2005:

  1. Se espera la llegada del Sr. Etienne en enero, quien se quedará por espacio de 6 meses para impartir clases de hebreo.
  2. En Purim se celebrará el baile anual.
  3. Todos los miembros y familias de la congregación se reunirán para celebrar la noche del segundo “Séder”.
  4. A mediados de mayo, esperamos la visita del Rabino Rubén Bar Efraín. Juntos evaluaremos el progreso de nuestro cambio de ortodoxos a liberales, y hablaremos con más gente interesada en afiliarse.
  5. Actualmente estamos ocupados con las actividades de recaudación de fondos, con el propósito de poder participar en la 32 Convención Internacional de la WUPJ en Moscú, en el mes de julio.
  6. Más actividades de recaudación de fondos, con el objetivo de hacer las reparaciones necesarias en nuestra Sinagoga Neve Shalom.

 

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Última actualización:    3 de febrero, 2005