Educación para Adultos

 

Comentarios sobre la Torá del Canciller Schorsch
                (Seminario Teológico Judío de América)

 

VAIERÁ 5764
Bereshit - Génesis 18:1 - 22:24
15 de Noviembre, 2003 - 20 de Marjeshvan 5764

Por el Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary

Traducción de Inés Baum



Durante la II Guerra Mundial y la Guerra de Corea, mi padre sirvió como capellán judío civil en el enorme hospital del ejército en Valley Forge, no lejos de su púlpito en Pottstown. Todos los miércoles hacía un recorrido por sus salas, visitando a los soldados judíos heridos. Los martes por la noche regresaba para dirigir un servicio para ellos, acompañado de algunas mujeres del grupo de damas de su sinagoga, que habían preparado una colación de comida kosher. Nada en su rabinato le daba más satisfacción a mi padre que estas visitas, pues ningún judío lo necesitaba más que estos pobres desechos de la guerra. Había muchos, y su condición era a menudo frustrante. Mi padre mitigaba su dolor con cariño, sabiduría y fe. En 1918, como adolescente en el ejército alemán en el Frente Occidental, mi padre había sido testigo de la devastadora brutalidad de las operaciones militares mecanizadas y del caos de la derrota. Esa experiencia lo llevó a elegir el rabinato, mientras que su empatía para con las víctimas de la desgracia hicieron de él un pastor ideal. Convirtió la mitzvá de bikur jolim (visitar a los enfermos) en un arte refinado.

Lo que estimula mi recuerdo es un modesto midrash de gran importancia al principio de la parashá de esta semana: “Y el Señor se le apareció en las encinas de Mamré” (18:1). Abraham, a la edad de noventa y nueve años, acababa de completar su propia circuncisión, la de su hijo Ismael, y la de todos los hombres de su casa. El pacto necesitaba de una señal externa. La circuncisión daría testimonio del compromiso transgeneracional para vivir según la ley de Dios. Sobre este marco y citando el midrash, Rashi dedujo que Dios había aparecido por ninguna otra razón que la de “visitar al enfermo”.

El Rabino Menahem Kasher, en su Shlemá Torá (ad loc.), presume que lo que impulsó al midrash fue el uso poco convencional del verbo “aparecer”. Dondequiera que la Torá habla de la aparición de Dios ante alguien, el verbo siempre va seguido por una declaración directa de saludo. En el caso que nos ocupa, el texto no contiene ninguna frase de Dios dirigida a Abraham. La aparición pareciera ser un fin por sí misma. En ausencia de toda comunicación verbal, el midrash propone una acción: Dios vino a reconfortar a Abraham, mientras convalecía de su prueba quirúrgica.

De hecho, sin embargo, el midrash forma parte de una agenda teológica más grande de un Amora palestino del siglo III, que vivía en Séforis. La Escritura ordena: “En pos del Señor, vuestro Dios, habéis de andar” (Deuteronomio 13:5). El Rabino Jama Bar Janina, al elegir la lectura literal del versículo, pregunta cómo nos será posible cumplir con este mandamiento. Porque, a partir de otro texto, sabemos que “el Señor, tu Dios, es un fuego devorador” (Deuteronomio 4:24). Para resolver la tensión, R. Jama se vale de la metáfora. No debemos seguir a Dios físicamente, sino que debemos imitar los caminos de Dios. Y entonces procede a citar cuatro ejemplos de la compasión de Dios sacados de la Torá. Debemos vestir a los que están desnudos, como Dios vistió a Adán y Eva antes de expulsarlos del Edén (Génesis 3:21). Debemos visitar a los enfermos, como Dios visitó a Abraham. Debemos consolar a los dolientes, como Dios consoló a Isaac tras la muerte de su padre Abraham (Génesis 25:11). Y debemos proveer a los muertos de un entierro apropiado, como Dios enterró a Moisés (Deuteronomio 34:6). (Talmud Sotá 14a).

La inocencia artística de este midrash disfraza su profundidad. En primer lugar, los Rabinos no hacen teología en forma abstracta, como filósofos, sino como exegetas que leen sus textos cuidadosamente. Un mínimo toque de las Escrituras da origen a una perla. En segundo lugar, tienen la tendencia de convertir la narración en ley. El empuje de la Torá por enseñarnos cómo vivir es lo que mueve a los Rabinos a extraer máximas de los relatos. Finalmente, al remontarse sobre el significado simple del texto, los Rabinos le atribuyen a un Dios sin imagen, más allá de la forma o de la materia, los sentimientos humanos más elevados. Como árbitro de la moral, Dios se convierte en el espejo de la nobleza humana. Imitar a Dios significa vivir de acuerdo a aquellos valores que la imaginación religiosa considera dignos de la sanción de Dios.

Además, el midrash afirma tiernamente la prioridad de nuestras relaciones interpersonales, no solo para los devotos sino para todos los judíos. La tragedia del judaísmo moderno en la era de la emancipación es que los judíos deseosos de practicar convirtieron al rabino en su substituto religioso. Ahora él “dirigía” servicios decorosos, que alguna vez fueron auto-propulsados por una congregación pasiva que venía a ser instruida. La práctica del judaísmo quedó confinada en gran parte al espacio público de la sinagoga. Conforme el edificio de la sinagoga se expandió, el alcance del judaísmo se contrajo, y el rabino terminó siendo una especie de reliquia de un judaísmo representativo, que una vez fue el sostén de todos los judíos.

Visitar a los enfermos no es la única obligación del rabino. Tampoco es una mitzvá menor. Dios no aparece en camafeo. El midrash afirma la importancia universal de dispensar amor a aquellos que lo necesitan. Nuestra presencia al lado del enfermo y nuestras plegarias en la sinagoga fortifican la voluntad de recuperación. La vida es insostenible cuando la moral se ha marchitado. Nada es más alentador en la sinagoga contemporánea que la reunión de sus miembros en sociedades religiosas (javurot), con el propósito específico de visitar a los enfermos, preparar a los difuntos para el entierro o asistir a los dolientes en sus necesidades. Estas tareas humanas, y otras, alivian el sufrimiento, construyen la comunidad y glorifican a Dios. Sobre todo, ennoblecen las vidas de los participantes que verdaderamente viven a la manera judía.

Shabat shalom

Ismar Schorsch

La publicación y distribución del comentario del Rabino Schorsch de Parashat Vaierá ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.


La traducción del comentario de la Parashá del Rabino Schorsch es realizada por la Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe: http://www.ujcl.org/. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

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Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit Israel, Panamá. Versión original en inglés.

 

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Última actualización:    14 de noviembre, 2003