Educación para Adultos

 

Comentarios sobre la Torá del Canciller Schorsch
                (Seminario Teológico Judío de América)

 

VAIETZÉ 5764
Bereshit - Génesis 28:10 - 32:3
6 de diciembre, 2003 - 11 de Kislev, 5764

Por el Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary

Traducción de Inés Baum



En la parashá de esta semana, Jacob recibe su merecido. Encuentra a un maestro en el arte del engaño. Así como Jacob le negó a su hermano Esaú la bendición a la que tenía derecho por nacimiento, así también ahora se le niega la mano de Raquel, la hija menor de su tío Labán, de la que está locamente enamorado y por la que ha trabajado duro siete años. El contrapunto es exquisito. Al sustituir a Lea por Raquel la noche de la boda de Raquel, Labán impone el castigo divino en un momento culminante, en una forma no menos intensa que la usada por Jacob contra Esaú. De paso, Labán reafirma con el ejemplo la santidad de la primogenitura.

Es interesante el hecho que, para recalcar esta escena tan emocionalmente potente, la interpretación midráshica de los Rabinos a través del tiempo del trasfondo de la escena no se enfoca en la frustración de Jacob, sino mas bien en los sentimientos de Raquel. Su inocencia, en un drama del que no es culpable, realza lo conmovedor de su destino.

La atención del Talmud (Meguilá 13b) se fija en una equivocación hecha por Jacob cuando ve por primera vez a Raquel en el pozo. Él se presenta como "pariente de su padre", literalmente, "hermano de su padre" (29:12). Pero en realidad, Jacob era sobrino de Labán y primo de Raquel. Para explicar la inexactitud, el Talmud imagina una conversación en completa consonancia con su primer encuentro, que fue claramente un caso de amor a primera vista. Jacob le pide inmediatamente a Raquel que se case con él y ella acepta allí mismo, con una cautelosa advertencia: "Mi padre es un hombre astuto y tú no podrás contra él." Es con relación a esta descripción que Jacob declara que "en astucia yo soy su hermano". Al cambiar el contexto, el midrash preserva la veracidad del verso. En Jacob, Labán encontraría su igual. Pero Raquel se siente inquieta por la moralidad de esta actitud. ¿Está permitido que los justos actúen engañosamente? Jacob le asegura que hasta Dios lo hace cuando lo cree necesario, citando a Samuel II 22:27: "Con el puro Tu (David dice de Dios) te mostrarás puro, mas con el perverso te mostrarás desabrido."

Jacob entonces pregunta por qué sospecha Raquel de su padre. "Yo tengo una hermana mayor y él nunca me casará a mí antes que a ella." Para evitar ser engañado, Jacob le enseña a Raquel un conjunto de señales, gracias a las cuales la podrá reconocer en la oscuridad de la noche. Pero llegado el momento de la verdad, Raquel, conmovida por el panorama de humillación de Lea, comparte con ella los signos inventados por Jacob. Aquí yace, de hecho, la importancia completa del críptico verso en el relato: "Y aconteció que por la mañana, y he aquí que era Lea" (29:25). Las palabras explotan con la sorpresa de Jacob. La compasión de Raquel ha evitado la desgracia de Lea. Solo fue a la luz del día que Jacob comprendió el alcance de la falta de escrúpulos de Labán. Pero Dios recompensaría a Raquel por su acto de abnegación. Sus descendientes, pertenecientes a la realeza, Saúl y Ester (Samuel I 10:16, Ester 2:20), exhibirían el mismo rasgo de nobleza.

Debemos tener cuidado de no exagerar lo moderno de la sensibilidad que encuentra su expresión en esta lectura. Lo que intriga al Talmud no es la violencia que se hace de la autonomía del individuo, sino la habilidad del individuo agraviado de superar su propio dolor, con el fin de aliviar los apuros de otro. Ni su anhelo por Jacob, ni su ira contra Labán, pudieron destruir la lealtad de Raquel para con su hermana y rival. La virtud superó a la felicidad.

Un midrash posterior se extiende ampliamente sobre la nobleza de la abnegación de Raquel, intensificando el tormento que ella tuvo que soportar. En su empatía con Raquel y en el poder de su imaginación, el midrash no tiene parangón. Aparece en la colección de homilías midráshicas en el libro de Lamentaciones, Eijá Rabá (petijta 24, Buber, pág. 23 y sigs.), que se lamenta libremente por la destrucción del Templo y por el eterno y cruel destino de Israel. Los autores de nuestra homilía conjuran un cuadro de Dios hundido en un dolor inconsolable: "Desgraciado de mí, ¿qué le ha sobrevenido a mi casa? Mis hijos, ¿dónde están? Mis sacerdotes, ¿dónde están? Mis seres queridos, ¿dónde están? ¿Qué puedo hacer por ustedes? Yo les avisé, pero ustedes dejaron de hacer penitencia."

Desesperado, Dios instruye a Jeremías para que traiga a Abraham, Isaac, Jacob y Moisés de vuelta desde la tumba: "Ellos saben cómo llorar… Desgraciado sea el rey que triunfó en su juventud pero fracasó en su ancianidad." Cuando Abraham llega, se queda atónito con la matanza. Conforme la Torá y las letras del alfabeto hebreo se adelantan para testificar contra Israel, él las calla una por una. Gráficamente, los patriarcas y Moisés hacen un recuento de sus propios sacrificios sobrehumanos al servicio de Dios e Israel, todo en vano. De repente, Raquel aparece para enfrentarse a un Dios que se desgarra entre la pena y la severidad. A diferencia de los defensores anteriores, ella no espera a ser convocada.

Raquel describe sus propios trabajos: "Jacob me amaba con pasión excepcional. Trabajó durante siete años para recibir mi mano. Pero conforme se fue acercando el momento de la boda, mi padre decidió sustituirme con mi hermana, un plan que yo resentí amargamente cuando me enteré. Informé a mi esposo y le di señales que él pudiera usar para distinguirnos, con el fin de frustrar los designios de mi padre." Hasta aquí el discurso nos es familiar, aunque exagerado.

Para efectos especiales, el autor añade ahora un embellecimiento que desequilibra la mente: "Un rato después, me consolé a mí misma y soporté mis deseos. Decidí salvar a mi hermana de ser descubierta cuando vinieran a cambiarnos. No solo le revelé a ella todas las señales que le había dado a mi esposo… sino que también me escondí debajo de la cama donde yacía él con mi hermana, y hablé por ella. Durante todo el rato, ella permaneció en silencio. Una y otra vez, yo respondí por ella, para que él no reconociese su voz." (O sea, ¡el cuerpo se sentía como el de Lea pero la voz era la de Raquel! Una burla del Génesis 27:22). "La traté con la mayor de las bondades, manteniendo toda envidia a raya. No permitiría que ella fuera humillada. Si yo, que soy una mera mortal de polvo y cenizas, no fui celosa de mi justicia, ni me avergoncé de ella, ¿cómo puedes Tú, Dios, que eres soberano eterno y lleno de compasión, sentir envidia de la idolatría, que carece de sustancia, y exilar a mis hijos para que sean asesinados por la espada y abusados por sus enemigos a voluntad?"

De todas las palabras dichas en este extenso drama, solamente las de Raquel aplacaron a Dios. Subyugado por el remordimiento, Dios promete reinstaurar a Israel en su tierra, razón por la que Jeremías, en su encumbrada profecía de consolación, representa a Raquel levantándose de su tumba para llorar por los sobrevivientes de Jerusalén mientras caminan hacia el exilio. Sus lágrimas sonsacan de Dios la certeza de la restauración nacional: "Reprime tu voz del llanto, y tus ojos, de lágrimas; porque será premiado tu trabajo, dice el Señor; pues ellos volverán de la tierra del enemigo" (Jeremías 31:16).

Rara vez se han reensamblado los ladrillos de las Escrituras con tanto atrevimiento. La figura más trágica de toda la Biblia se reinventa como la defensora más poderosa de Israel. Despojada de su amado esposo en su boda, y obligada después a compartirlo con su hermana de por vida, destinada a ver a su hermana dar a luz siete hijos antes de tener finalmente uno propio, solo para morir prematuramente mientras pare a su segundo hijo, Raquel aparece como la víctima inmerecida de fuerzas más allá de su control. Sin embargo, uno detrás del otro, los autores de nuestros dos midrashim la dotan con la libertad humana más inalienable: elegir con qué actitud se enfrentará a su destino. Su abnegación plantea un reto digno del sometimiento de Dios.

Shabat shalom

Ismar Schorsch

La publicación y distribución del comentario del Rabino Schorsch de Parashat Vaietzé ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.


La traducción del comentario de la Parashá del Rabino Schorsch es realizada por la Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe: http://www.ujcl.org/. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

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Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit Israel, Panamá. Versión original en inglés.

 

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Última actualización:    6 de diciembre, 2003