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La Sra. Matsunaga me miró extrañada. Ella era la maestra local de inglés en una aldea al norte de Japón. Segundos antes, había entrado precipitadamente a la casa donde yo me hospedaba. Se había enterado que yo era judío, y estaba tratando de entender lo que eso significaba. De repente, su cara se aclaró. “Usted es de Israel,” exclamó. Reí y le dije: “Sí, pero eso fue hace mucho tiempo.”
Al recordar ese incidente, me doy cuenta de que ella enfocó la pregunta en el origen, que, para la mayoría de los japoneses, es fácil de responder. Japón es, y siempre ha sido, su patria. Para los judíos, sin embargo, la pregunta de dónde somos es tan antigua como complicada.
La parashá de esta semana comienza con la afirmación de que Jacov se asentó (vaieshev) en la tierra donde sus padres habían vivido (Génesis 37:1). La historia de José y sus avatares comienza entonces. Los hermanos de José, movidos por la envidia y el odio que sentían hacia él, lo tiran a un foso y después lo venden como esclavo. Varios midrashim interpretan lo que le pasó a José como una consecuencia de lo que se describe en el primer versículo de esta parashá: Jacov deseaba “asentarse” en el sentido de vivir tranquilo; pero a los justos no se les concede esta gracia.
Jacov trató de obtener un asentamiento imposible de alcanzar. El resultado fue la esencia de la inestabilidad: la pérdida de su hijo favorito (Génesis Rabá 84:3). El problema con esta interpretación negativa de la palabra “asentar” es que Jacov no utilizó esa palabra para describirse a sí mismo; más bien, la palabra “asentar” es introducida por el narrador mismo de la Torá. Si esto es así, entonces la posición de Jacov en la tierra comienza a verse mejor que la de sus ancestros. Abraham se describió a sí mismo como un “residente extraño” (ger v’toshav) en la tierra de Canaán (Génesis 23:4). Jacov, por el contrario, es descrito como morador en la tierra donde sus padres vivieron simplemente por un tiempo. Aún más, Dios le ha dicho a Jacov que Canaán es su patria (Génesis 31:13). En contraste, Dios le había dicho a Abraham que abandonara su tierra natal y fuera a Canaán (Génesis 12:1). Todo esto apunta a que Jacov tenía mayor conexión con la tierra que su padre o su abuelo. Él era, para usar la terminología moderna, un sabra de segunda generación.
Por otro lado, podríamos decir que Jacov estaba menos asentado en la tierra que su padre o su abuelo. A diferencia de ellos, la abandonó para siempre. Pasó los últimos años de su vida en Egipto, y allí murió. Sin embargo, si nos remontamos más allá de la vida de Jacov, obtenemos una perspectiva más amplia de lo que significa asentarse. Jacov tenía otro nombre, Israel. Como Israel, fue el padre de las doce tribus que eventualmente regresaron a esa tierra y se asentaron allí. Israel llegó a ser el nombre no sólo de una persona sino de una tierra y de un pueblo. El comentario de la Sra. Matsunaga probablemente significó más para mí que para ella. Los judíos todavía se preguntan qué significa asentarse y dónde está su hogar. ¿Los judíos que viven en el Estado de Israel verdaderamente están asentados en su antigua y nueva patria? ¿Los judíos que viven en otros lugares verdaderamente están asentados en las tierras donde nacieron?
El judaísmo y los judíos has sobrevivido y se han desarrollado a lo largo de miles de años fuera de su patria; pero su añoranza siempre presente por esa patria fue necesaria para su desarrollo y supervivencia. El Estado de Israel tiene hoy más de cincuenta años, casi la mitad del lapso de vida del último estado judío independiente regido por los descendientes de los macabeos. La definición futura del Estado de Israel todavía no está clara, no sólo en términos de fronteras sino también en términos de identidad nacional. El midrash sobre asentamiento señala un buen punto. Asentarse en un lugar es posible; encontrar la tranquilidad allí, es más difícil.
Shabat shalom y feliz Janucá
Lewis Warshauer
La publicación y distribución del comentario del Rabino Warshauer
de Parashat Vaieshev ha sido posible gracias a la generosa donación
de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.
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La traducción del comentario de la Parashá del Rabino Schorsch es realizada por la Unión Judía
de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe:
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Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe,
con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en
español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación
B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit
Israel, Panamá.
Versión original en inglés.
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