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Aprecio muchísimo los libros de mi padre, desperdigados por mi biblioteca. Aunque murió hace muchos años, él y yo todavía nos encontramos en las páginas de los libros que alguna vez leyó. Muchos de mis intereses se han visto estimulados por algún raro libro de su colección. Un heredero es a menudo un catalizador. Él vivió en el mundo de sus libros, al igual que yo, probablemente un rasgo que internalicé por su ejemplo. Obligado a dejar Alemania después de la Kristallnacht, a la edad de 39 años, pudo llevar sus libros consigo. Estos le sirvieron para anclar su mente durante la desorientadora transición a un nuevo idioma, cultura y sociedad. Aunque despojado de todo follaje, disfrutó del beneficio de raíces profundas.
Lo que llevamos con nosotros es una declaración de nuestros valores. En el caso de los israelitas esclavizados en Egipto, pasaron sus últimos y apurados momentos antes de partir recogiendo lo que se merecían. “Y los hijos de Israel hicieron según la palabra de Moisés; pues pidieron a los egipcios alhajas de plata y alhajas de oro, y vestidos. Y el Señor hizo que el pueblo se ganara el favor de los egipcios, los cuales se los prestaron. Así despojaron a los egipcios.” (Éxodo 12:35-36). La preocupación de los israelitas, entonces, era completamente materialista, algo perfectamente natural. Exigieron una remuneración por cientos de años de labores forzadas, producto de las cuales seguramente muchos perecieron. En realidad, Moisés les indicó que saquearan a sus opresores, porque mucho tiempo antes Dios le había prometido a Abraham que sus descendientes saldrían de la esclavitud “con gran riqueza” (Génesis 15:14).
Personalmente, Moisés obedeció otra parte del legado oral que circulaba entre los israelitas. Al principio de la parashá de esta semana, se nos dice que el último acto de Moisés antes de la partida fue proteger los restos momificados de José, para enterrarlos eventualmente en la tierra de Israel. Fue un deseo en el lecho de muerte que José pidió a sus hermanos: “De seguro os visitará Dios, y haréis llevar mis huesos de aquí” (Génesis 50:25).
Siempre me ha conmovido este secreto fragmento de la narración, así como el midrash. La Mejilta, el comentario rabínico más antiguo sobre el libro del Éxodo, hizo notar el contraste entre el comportamiento de Moisés y el de los israelitas: “Mientras ellos saqueaban, él cumplió el mandato de José.” Juzgó la abnegada acción de Moisés como una medida de su sabiduría y piedad, un ejemplo fortificante del versículo en Proverbios (10:8): “El sabio de corazón recibirá preceptos.” (Mejilta, ed. Horovitz, pág. 78)
En mi opinión, el acto es un ejemplo de grandeza espiritual. El deber tiene prioridad sobre el beneficio personal. Los egipcios, según nuestro comentario midráshico, no le habían hecho las cosas fáciles a Moisés. Al esconder el sarcófago de José, parecieran haber querido poner un obstáculo más en el camino de la partida de su progenie. Finalmente, Moisés se encontró con Seraj, hija de Asher, hermano de José. Al haber sido testigo, ella recordaba el lugar en el Nilo donde los egipcios habían hundido el ataúd de José. Moisés se dirigió al lugar, tiró una piedra al agua y exhortó a José a no retrasar aún más la redención de sus hijos. Había llegado el momento que él mismo había anunciado. Si no aparecía inmediatamente, ya no estarían obligados por su juramento. Milagrosamente, el ataúd apareció en la superficie.
Nuestro sobrio texto y el creativo midrash se combinan para enfatizar el significado del momento. Al final, regresamos al principio. No fue un accidente sino un designio el que trajo al clan de Jacov a Egipto. José no fue sino un instrumento de la voluntad de Dios. Trasladar a José de Egipto era una afirmación del propósito divino que modeló la prueba de la esclavitud. El destino de Israel había sido predestinado. El acto de fidelidad dio luz a un cuadro más grande, aun cuando privó a las generaciones futuras de una razón para regresar a Egipto.
Como muchos líderes nacionales, Moisés no pertenecía al pueblo. Había pasado más que unos pocos años a un paso del trono del poder egipcio. Su ventajosa posición intensificó su reverencia por las tradiciones patriarcales de su pueblo adoptivo. Es por esto que, en el momento crítico, fue Moisés y no Aarón, depurado miembro del pueblo, quien salió a exhumar a José. Solo Moisés apreció que la historia de su pueblo no comenzaba con él o con el Éxodo. Su propia relación con Dios había sido precedida por, si no predicada sobre, la relación de Dios con los patriarcas. En su canto de júbilo, Moisés hizo referencia a “el Dios de mi padre” (Éxodo 15:2). Aprovechando esta frase, Rashi, en el siglo XI, ofreció este brillante comentario: “Yo no soy el principio de la santidad. Mas bien la santidad y su origen divino existen y me son asequibles desde los días de mis ancestros.” En la búsqueda de la tumba de José, Moisés reconoció que él no era más que una parte de un relato más largo. Se incluyó en un fragante pasado con destellos de santidad. Según la Mejilta, su recompensa por haber cuidado personalmente del traslado del cuerpo de José fue que, un día, Dios enterraría personalmente a Moisés (pág. 79).
Venerar el pasado es adquirir un compás para navegar el futuro. La biblioteca de mi padre, repleta de libros sagrados, le dio un sentimiento de continuidad y estabilidad frente al caos. Ellos fueron el equivalente funcional de la presencia de José para una nación atrapada en el desierto: testimonio de que, al final, la palabra de Dios prevalecería.
Shabat shalom
Ismar Schorsch
La publicación y distribución del comentario del Rabino Schorsch
de Parashat Beshalaj ha sido posible gracias a la generosa donación
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La traducción del comentario de la Parashá del Rabino Schorsch es realizada por la Unión Judía
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Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe,
con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en
español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación
B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit
Israel, Panamá.
Versión original en inglés.
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