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Comúnmente se acepta que el judaísmo promulga la libre elección.
Los seres humanos pueden escoger la forma en que se comportarán y son
responsables de sus elecciones. La fuente de esta enseñanza se remonta
directamente a la Torá:
"Pongo
delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición;
escoge, pues, la vida, para que vivas, tú y tu simiente, amando a
Adonai, tu Dios, obedeciendo Su voz y adhiriéndote a Él" (Deut.
30:19-20).
Maimónides,
en su código de leyes y creencias judías, apoya firmemente la
supremacía de la responsabilidad individual:
"No
dejéis que entre en vuestras mentes lo que dice la gente estúpida entre
los gentiles y los patanes entre los judíos: que Dios determina desde
el principio si una persona ha de ser justa o malvada" (Hiljot Teshuvá
5:2)
Maimónides
sostiene que, aún así, todo lo que el hombre hace en el mundo lo hace de
acuerdo a la voluntad de Dios; al mismo tiempo, afirma que la
responsabilidad por nuestros actos es nuestra. ¿Cómo puede ser ambas
cosas? Se pregunta Maimónides. Así como es la voluntad de Dios que el
mundo natural funcione de cierta manera, así mismo es la voluntad de Dios
que la habilidad de los seres humanos para dirigir sus acciones recaiga en
sus propias manos (Hiljot Teshuvá 5:2).
No
obstante, Maimónides tiene que reconocer la incongruencia de la Torá en lo
que respecta al libre albedrío. Tiene que admitir que cuando, en el Libro
del Éxodo, se dice que Dios endureció el corazón de Faraón, nos vemos
forzados a concluir que en ciertos casos Dios sí interviene para limitar
la elección de los hombres.
En la
parashá de esta semana, en el Libro del Génesis, nos enfrentamos a un tipo
diferente de problema, siempre relacionado con el libre albedrío: el
criterio de que las acciones humanas son escogidas libremente, pero sus
consecuencias son determinadas por Dios. Iosef, después de haber ocultado
su identidad a sus hermanos, finalmente les revela quién es en realidad.
Inmediatamente anticipa que tal vez ellos puedan temer alguna revancha
de su parte, por lo que les dice: "Ahora, pues, no os aflijáis, ni os pese
por haberme vendido acá; que para preservar vida me envió Dios delante de
vosotros... Me envió Dios delante de vosotros para que podáis sobrevivir
en la tierra, y para salvaros la vida por medio de gran salvación. Así
que ya no fuisteis vosotros quienes me enviasteis acá, sino Dios..."
(Génesis 45:5,7-8).
Lo mismo
sucede tras la muerte de su padre, cuando Iosef le dice a sus hermanos:
"Vosotros os propusisteis contra mí el mal, pero Dios lo propuso para
bien" (Gn 50:20).
Nahum
Sarna, en su comentario sobre este versículo, explica que "Dios puede
utilizar los propósitos malvados de los hombres como instrumento para
alcanzar un bien último, más allá del conocimiento, deseo o comprensión de
los agentes humanos involucrados. Lo que puede parecer una sucesión al
azar de incidentes disparatados es en realidad un proceso, para que lo que
ha pasado y lo que pasará cobre un nuevo significado visto desde la
perspectiva del tiempo de Dios." Sarna refuerza este punto de vista de la
teología bíblica con varias citas tomadas del Libro de los Proverbios,
como son: "El corazón del hombre traza su camino, pero el Señor dirige
su paso" (16:9), y "Muchos designios se hallan en el corazón del hombre;
mas el propósito del Señor es el que se cumplirá"
(19:21).
Lo que se
infiere tras examinar las declaraciones y relatos de la Torá es que ésta
no habla unívocamente cuando se trata del libre albedrío. La falta de
absolutismo de la Torá sobre este punto se refleja en la manera en que
muchos judíos, a través de los siglos, se han conducido a sí mismos. El
modelo de funcionamiento era: Cumple con las mitzvot como si fuesen un
asunto de elección personal, pero no presumas de saber el resultado de tus
acciones. La lección que enseña Iosef pareciera aplicarse no tanto a un
individuo como a toda una nación. Iosef declaró que Dios hizo los arreglos
para que su familia se salvara de la hambruna en Canaán. Entonces, ante
esta afirmación, sería razonable extrapolar que según el punto de vista de
la Torá, Dios no solo se preocupó de una familia en particular sino de la
nación que eventualmente se desarrollaría a partir de ésta. En otras
palabras, fue Dios quien guió el desarrollo del pueblo
israelita.
El
pensamiento judío siempre ha hecho hincapié en que Dios, en un nivel
supremo y separado de la elección humana individual, continúa guiando el
destino del pueblo judío. Si no fuera así, sería difícil explicar cómo un
pueblo desterrado de su patria por tantos años y perseguido en las tierras
de su dispersión pudiera haber sobrevivido. Pero la supervivencia es tan
solo el principio de la historia. Ése es el legado de Iosef. El gran
interrogante, que Iosef no preguntó ni se esperaba de él que preguntara,
es con qué fin aseguró Dios la supervivencia de la familia. Es una
pregunta que todavía hoy nos tenemos que hacer los judíos. Hemos
sobrevivido como un pueblo por muchísimo tiempo. Podría deberse a factores
históricos humanos, y podría deberse a un plan divino. Cualquiera que sea
la causa, la pura supervivencia no es el objetivo. La necesidad de cumplir
una misión es la razón para esta supervivencia. La ausencia de un sentido
de misión pone en peligro esa supervivencia. Una de las preguntas más
apremiantes para los judíos en la actualidad es: ¿Cuál es exactamente
nuestra tarea y cómo cumplimos lo mejor posible las palabras del
Deuteronomio: "amando al Señor, tu Dios, obedeciendo Su voz y adhiriéndote
a Él"?
Shabat
shalom,
Rabino Lewis Warshauer
Ismar Schorsch es el
Rector del Seminario Judío de Teología. La publicación y distribución
del comentario del Rabino Warshauer de la parashá Vaigash ha sido possible
gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l)
Hassenfeld.
Este
comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de
Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido
supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la
Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo
Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión
original en ingles, en este mismo
website. |