Comentarios anteriores

 

Comentarios sobre la Torá del Canciller Schorsch
                (Seminario Teológico Judío de América)

 

VAIETZÉ 5765
Bereshit - Génesis 28:10 - 32:3
20 de noviembre, 2004 - 7 de Kislev, 5765

Este es un reenvío del comentario del año 5756

Por el Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary

Traducción de Inés Baum



¿Por qué abandona Jacob la seguridad de la casa de sus padres en Beer Sheva? La respuesta obvia es para escapar de la ira de su hermano Esaú, a quien astutamente ha robado su primogenitura y bendición paterna. Pero el final de la parashá de la semana pasada nos da una segunda razón: evitar el tomar esposa de entre sus vecinos cananitas. El destino del viaje de Jacob es la familia de su madre en Jarán, donde espera encontrar una pareja para toda la vida.

Los patriarcas demuestran una fuerte aversión a la idea de mezclarse con los habitantes nativos de Canaan. Ismael se casa con una egipcia, como su madre Agar (Génesis 21:21). Abraham, antes de morir, busca una esposa para Isaac entre su propia gente. Y hasta Esaú, quien a los cuarenta años disgusta profundamente a sus padres al casarse con dos mujeres hititas (Gén. 26:34), posteriormente trata de aplacarlos tomando a la hija de Ismael por esposa adicional (Gén. 28:9).

En realidad, encuentro esta misma aversión en la reacción de los hijos de Jacob ante la violación de su hermana Dina por Shjem, hijo de Jamor el hivita (Gén. 34). Es la idea del matrimonio masivo entre el clan de Jacob y los hivitas lo que impulsa a Simeón y Levi a imponer una retribución que excede en mucho al crimen cometido por Shjem.

Qué irónico resulta, entonces, que el único hijo de Jacob de quien se nos dice específicamente que encontró su esposa entre los vecinos cananitas, no sea otro que Judá (Gén. 38:2), por cuyo nombre se conocería eventualmente la progenie de Jacob que sobrevivió. La fuerza del verbo "separar" en la frase,"Y aconteció en ese tiempo, que separándose Judá de sus hermanos…"(Gén 38:1), sugiere no solo una partida física sino también una violación de las costumbres familiares.

El estándar de los patriarcas, sin ningún sustento de mandato divino explícito, recibió su formulación legal en el resto de la Torá. Una y otra vez se previene a los israelitas para que exterminen a las siete naciones que habitan su tierra prometida. La barbarie de la cultura cananita, evidente en el tratamiento de las pesquisas de Lot por los ciudadanos de Sodoma (Gén. 19), con toda seguridad contaminaría la pureza de la fe de Israel, en caso de dejarla donde está. El Deuteronomio hace una lista de las naciones por su nombre, prohíbe hasta el pensamiento de matrimonio y clama por su erradicación. "Las destruirás del todo; no harás con ellas pacto alguno, ni les tendrás piedad. Y no contraerás matrimonio con ellas… Antes… sus altares derribaréis, y sus estatuas quebraréis, y sus cipos cortaréis, y sus esculturas quemaréis a fuego" (Deut. 7:2-5).

En el mismo tono inequívoco, el Deuteronomio excluye para siempre de la "congregación del Señor" a cualquier descendiente de las naciones de Moav y Amón, por lo que le hicieron a Israel en el desierto (Deut. 23:4-7). Con menos severidad, el Deuteronomio aprueba la admisión de edomitas y egipcios en la tercera generación (Deut.23:8-9), porque el primero era hermano (descendiente de Ismael) y el otro albergó a Israel en su tierra durante siglos.

Cito esta malvada legislación no para preguntar si alguna vez fue llevada a cabo, sino más bien para demostrar cómo fue superada por el judaísmo rabínico. Que el peso de evidencia bíblica favorece la opinión de que semejante política genocida nunca fue implementada (ver Jueces 1:21-23, Reyes 9:20.21), no la invalidaría por sí sola. De hecho, un impresionante incidente durante los primeros tiempos del periodo del Segundo Templo revela cuán potente y dolorosamente continuó en boga. A mediados del siglo V aEC, el sacerdote-escriba Ezra guió un contingente de judíos exiliados de Babilonia a Jerusalén. Armado con una carta de autorización del rey persa, asumió el liderazgo de una comunidad nueva y vulnerable, anclada en un templo reconstruido muy modestamente. Para su pesar, se enteró de que los matrimonios con la población local abundaban, especialmente entre los círculos de élite de Jerusalén. Sus funcionarios reportaron: "No se han separado el pueblo de Israel y los sacerdotes y los levitas de las gentes de las tierras, sino que hacen conforme a las abominaciones de ellas; a saber, de los cananitas, los hititas, los prizitas, los jebusitas, los amonitas, los moavitas, los egipcios y los emoritas" (Ezra 9:1).

El lenguaje implica una expansión de la noción de naciones excluidas. No es la etnia lo que define a las siete naciones originales de Israel, sino las costumbres morales. La decadencia es el denominador común, y Ezra exige y logra una expulsión masiva de las esposas e hijos extranjeros de la comunidad. (El judaísmo todavía no había desarrollado el concepto y ritual de la conversión religiosa, por medio de la cual los foráneos sinceros podían ser admitidos como parte de la comunidad.)

Para la época en que fariseos y rabinos, herederos espirituales de Ezra, llegaron al poder tras la destrucción del Segundo Templo, el judaísmo se había convertido en una religión mundial de carácter misionero, constituyéndose en casi un diez por ciento de la población del Imperio Romano. Mantener el legado deuteronómico, especialmente en Palestina, habría estorbado severamente el acceso al judaísmo de los candidatos a la conversión en un mundo tan cosmopolita. ¿Quién podía estar seguro de que un gentil interesado no era descendiente de una de las naciones proscritas?

En consecuencia, en dos casos de conversión en las décadas después del año 70 EC, los Rabinos Yeoshua ben Janania y Akiva se atrevieron, cada uno por su lado, a dejar de lado las restricciones de la Torá. Según argumentaron, la historia había echado abajo su relevancia. Las naciones nombradas por la Torá ya no eran identificables, pues ya no moraban en sus tierras ancestrales. El rey asirio Senakerib (705-681 aEC) las había derrotado y dispersado en el curso de sus muchas campañas militares, a lo largo y ancho del Fértil Creciente, con el resultado, según Rabí Akiva, de que hoy, "un hombre amonita desposará a una mujer egipcia, y un hombre egipcio desposará a una mujer amonita, y uno de ellos desposará a una persona de cualquier nación en la tierra, y alguien de cualquier nación en la tierra desposará a uno de ellos."

Autoridades posteriores aceptaron como norma el punto de vista conjunto de los Rabinos Yeoshua y Akiva, añadiendo el supuesto de que dado este estado de mezcolanza étnica, todo converso supuestamente proviene de la nacionalidad que domina la región en la que mora (y no de una de las naciones proscritas).

Con una única y valiente movida exegética, los Rabinos Yeoshua y Akiva devaluaron el contenido genocida de las escrituras. Mediante la contextualización de las leyes relativas a las siete naciones, relativizaron su validez. El libro de Josué, con su supuesta aniquilación de las siete naciones, se convirtió en nada más que una prueba histórica, no en una prescripción para la política contemporánea.

Comoquiera que en el judaísmo la revelación divina está subordinada a la interpretación humana, la historia de la exégesis judía registra la evolución de la conciencia moral del judaísmo. Esto significa que la responsabilidad, el valor y la compasión son tan importantes en el estudio de la Torá, como lo son el estudio y la observación de los rituales.

Shabat shalom

Ismar Schorsch

La publicación y distribución del comentario del Rabino Schorsch de Parashat Vaietzé ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.


La traducción del comentario de la Parashá del Rabino Schorsch es realizada por la Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe: http://www.ujcl.org/. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

Para suscribirse o dejar de recibir el comentario de la parashá del Rabino Dr. Schorsch, envíenos un e-mail a: UJCL_parasha@yahoo.com . Si quiere dedicar la traducción en memoria de un ser querido o en honor de algún acontecimiento familiar, escríbanos a: UJCL_parasha@yahoo.com

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit Israel, Panamá. Versión original en inglés.

 

© 2001, 2002 UJCL - Derechos Reservados


Diseño & Hosting por:    CaribMedia
Operadores de:    VisitAruba.com
Actualizaciones por:    Inés Baum      baumgut@racsa.co.cr
Asesor:    Daphne Cesareo Lejuez

Última actualización:    20 de noviembre, 2004