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Comentarios sobre la Torá del Canciller Schorsch
                (Seminario Teológico Judío de América)

 

VAISHLAJ 5765
Bereshit - Génesis 32:4 - 36:43
27 de noviembre, 2004 - 14 de Kislev, 5765

Este es un reenvío del comentario del año 5757 (1996)

Por el Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary

Traducción de Inés Baum



A primera vista, no hay nada rescatable en el capítulo 34 del Génesis. Es una historia de violación y venganza, llena de engaños y brutalidad. Jacob ha regresado a la tierra de Canaán, ha encontrado que su hermano Esau no le guarda rencor por sus conductas pasadas y se ha asentado cerca de la ciudad de Shjem, con la intención de quedarse allí. En una visita a la ciudad, Dina, su única hija, es raptada y violada por el hijo del soberano del país, quien se enamora de ella y quiere hacerla su esposa.

Sin devolver a Dina, padre e hijo comienzan a negociar por su mano con los hijos de Jacob, ofreciéndoles un generoso arreglo financiero. Los hijos de Jacob solo piden que los varones del país sean circuncidados, ya que a las mujeres de su tribu les está prohibido casarse con hombre no circuncisos. Padre e hijo logran persuadir a sus conciudadanos de Shjem, presentándoles una gran visión de unidad entre nativos y extranjeros. Sin embargo, tres días después de la cirugía masiva, Simeón y Levi, segundo y tercer hijos de Jacob, atacan la ciudad, matando a sus varones convalecientes y apoderándose de sus riquezas, incluyendo mujeres y niños. Jacob, quien ha permanecido extrañamente silencioso hasta ese momento, se siente mortificado por el engaño, aunque sólo por miedo a las represalias. Se marcha rápidamente, para escapar de la venganza de las demás ciudades cananitas de la región.

El tema dominante de esta historia es el mismo que permea el libro del Génesis: aunque el destino de Canaán es convertirse en el hogar de la tribu de Abraham, no deben mezclarse de ninguna manera con sus habitantes. El asaltante de Dina "había cometido villanía contra Israel, acostándose con la hija de Jacob, cosa que no debía hacer" (Génesis 34:7). Las esposas de Isaac y Jacob eran de Jarán, patria natal de Abraham, y no de Canaán. Bajo ninguna circunstancia debía el sirviente principal de Abraham llevar a Isaac de vuelta a Jarán, pero tampoco debía arreglar un matrimonio para él con una mujer cananita nativa (ibid 24:3-8).

Del mismo modo, la diferencia fundamental entre Jacob y Esaú fue que el segundo tomó esposas de entre sus vecinos inmediatos, para consternación de sus padres (ibid 26:34, 36:1), aunque el Génesis conserva otra tradición que afirma que hasta Esaú se mantuvo fiel al aborrecimiento (28:6-9).

Y, en los libros posteriores de la Torá, la repugnancia culmina con la orden absoluta de limpiar Canaán de toda su población indígena al momento de la conquista, una verdadera llamada al genocidio. Por ejemplo, Dios instruye a Moisés en las llanuras de Moab, al término de su viaje de cuarenta años a través del desierto: "Cuando hubiereis pasado el Jordán, a la tierra de Canaán, entonces arrojaréis a todo los habitantes de la tierra de delante de vosotros, y destruiréis todas sus piedras pintadas; y todas sus imágenes fundidas destruiréis; y arruinaréis todos sus altos de cultos" (Números 33:51-52).

En un brillante artículo ("Textos de Prueba", enero 1990) sobre el capítulo 34 del Génesis, el Profesor Stephen A. Geller, del JTS, arguye fuertemente que la amenaza cananita al antiguo Israel, como la imagina la Biblia, fue una construcción intelectual más que una población concreta. El "cananismo" como idea fue construido como el opuesto polar del monoteísmo israelita. Mientras que la Biblia proponía un Dios trascendental sin forma ni género, el cananismo abrazaba una divinidad inmanente, accesible a través del sacrificio de niños, la adivinación y los cultos de fertilidad. La religión nativa de los cananitas promovía especialmente el libertinaje sexual, con el fin de eliminar el espacio entre lo humano y lo divino. En respuesta, el antiguo Israel transformó la circuncisión de "un ritual de pubertad o matrimonio destinado a incrementar la fertilidad de la semilla" en una ceremonia de tránsito en el nacimiento "como señal de la promesa convenida de la semilla".

Regresando al capítulo que nos ocupa, el Dr. Geller escribe: "El rito emblemático de la circuncisión es usado no sólo para efectos literarios (‘ojo por ojo') sino también para señalar la absoluta distinción religiosa entre Israel y Canaán, con la atención enfocada en el sexo. Los shjemitas invitan a la tribu de Jacob a asimilarse a través de las relaciones pacíficas, relaciones en todos los sentidos. Para ellos, el ritual exigido todavía tiene su sentido más antiguo como preparación para el matrimonio. Pero al usar la circuncisión como un ardid para frustrar esa tentación cananita, el autor comprometido le recuerda al lector que es a través de la Palabra, no del sexo, a través de la trascendencia, no de la inmanencia, que Israel tomará posesión de la tierra."

Hasta este punto, espero haber hecho al menos instructivo el rapto de Dina. Hace referencia claramente a algunos grandes temas de la teología bíblica. Pero además, me gustaría demostrar que la historia exhibe una dimensión edificante por la manera en que está contada. El autor deja caer suficientes indirectas aquí y allá, para mostrar su repugnancia ante la doblez y violencia de los hijos de Jacob. Puede que la tradición le haya impuesto la elección del tema, pero aún así no podía negarle la libertad de tratarlo con cierta medida de independencia.

En primer lugar, al comienzo del plan fraguado por los hijos de Jacob, el narrador nos dice que ellos hablaron a los shjemitas "con disimulo" (Génesis 34:13). Puesto que el desarrollo de la historia hubiera revelado su verdadera intención rápidamente, la eliminación de todo suspenso me sugiere una nota de desaprobación por parte del narrador.

En segundo lugar, los hijos de Jacob se benefician ampliamente de su cobarde crimen, detalle que el autor habría omitido si hubiera querido exaltar la pureza de su celo. ¿No son acaso las mujeres cananitas una fuente de contaminación religiosa tan potente como los varones? En los días de Josué, todo saqueo de cualquier tipo estaba rotundamente condenado. Ni los judíos en la Persia de Hamán hubieran condescendido a tocar las posesiones de aquellos persas a quienes mataron en defensa propia (Ester 9:10,15,16).

Tercero, el autor pasa a continuación a recordarnos que la perversión sexual no estaba restringida a los cananitas. Tras la muerte de su amada Raquel, Jacob se entera de que Rubén, su primogénito, tuvo relaciones sexuales con Bilha, sirvienta de Raquel y concubina de Jacob (Génesis 35:22).

Finalmente, toda ambigüedad moral es dejada de lado al momento del testamento de Jacob en su lecho de muerte. El anciano patriarca condena a Simeón y Levi con justa indignación. Su violencia injustificada no deja lugar a dudas sobre su incompetencia para gobernar. De esta forma, la narración del capítulo 34 es un anticipo del repudio del capítulo 49, en un animador despliegue de auto-crítica.

Shabat shalom

Ismar Schorsch

La publicación y distribución del comentario del Rabino Schorsch de Parashat Vaishlaj ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.


La traducción del comentario de la Parashá del Rabino Schorsch es realizada por la Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe: http://www.ujcl.org/. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

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Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit Israel, Panamá. Versión original en inglés.

 

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Última actualización:    3 de diciembre, 2004