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La historia judía se desenvuelve como una dialéctica entre el exilio y la patria natal. En la parashá de esta semana, esa dialéctica emerge claramente. Para reunirse con su hijo José, perdido por tanto tiempo, Jacob traslada a su familia de la tierra prometida de Canaán a Egipto. Dios alienta este cambio de residencia. Abandonar Canaán no habrá de hacer a Dios inaccesible. Dios asegura a Jacob que le acompañará en el exilio.
El exilio siempre constituye una amenaza para la identidad, tanto grupal como individual. Dado el hecho categórico de que el exilio domina la historia judía, ¿cómo debemos comprender la supervivencia de la identidad judía? El destino de las diez tribus de Israel, la contraparte norteña de Judá, no presagió la elasticidad, creatividad y pura perseverancia de la historia judía posterior. Una gran parte de la respuesta puede ser vislumbrada a través del lente de nuestra parashá.
Ante todo, hay un gras rabínico muy conocido que proyecta la Torá como la patria portátil del pueblo judío. Dios va al exilio con Israel, el hombre y la nación, en forma de libro adornado solamente por la interpretación. Es la sustitución de un libro sagrado por un espacio sagrado lo que convierte a Dios en una deidad universal en lugar de nacional. El Midrash interpreta este momento trascendental en un versículo prosaico. "Él (Jacob) mandó a Judá que se le adelantara para presentarse ante José en la tierra de Goshen" (Ex.46:28). Debido a que en hebreo bíblico el verbo lehorot significa no sólo indicar el camino sino también enseñar, (la palabra Torá deriva de la misma raíz), el Midrash interpretó que el propósito del grupo de avanzada de Judá era fundar un lugar donde enseñar Torá. El ángulo era esencialmente rabínico. Ninguna comunidad judía, sea en Israel o en el exilio, podría sobrevivir por mucho tiempo si no se fundaba en los cimientos de una práctica religiosa que fluyera del estudio en profundidad del texto sagrado. La academia era el hogar que abrigaba a la nación en tiempo inclemente. La Torá reforzaba la identidad judía. En donde se marchitaba, las fuerzas de la asimilación prevalecerían. (Bereshit Rabá 95:3)
Pero hay un segundo rasgo en nuestra parashá que es igualmente crítico para la dinámica de la supervivencia judía. Jacob no descendió a Egipto sólo. Llevó a su familia entera, un clan de unas sesenta y seis almas. La Torá acentúa la importancia del grupo al darnos los nombres de todos sus miembros. En Egipto vivirían aparte, en la tierra de Goshen, en el delta oriental del Nilo. Desde la perspectiva de la historia judía, la forma de esta migración se hizo paradigma. En Egipto, o donde fuera, los judíos podían cultivar su propia identidad solo si emigraban y se establecían como grupo. El forjamiento de una comunidad judía era tan vital como la fundación de una casa de estudio. Si ésta sostenía su vida interior, la anterior respondía a sus necesidades materiales y sociales. El poder de una comunidad judía hizo de los judíos un modelo de autoconfianza. A la inversa, un judío solitario que se establece en tierra no pisada por otros judíos, no deja huellas.
Y así es que el comienzo de la historia judía en América no está marcado por la persona de Luis de Torres, quien sirviera de intérprete a Colón, y quien se había convertido al catolicismo poco tiempo antes del viaje. En verdad, fue el primero de la tripulación de Colón que puso pie en las tierras del Nuevo Mundo, y uno de los primeros europeos que se radicó allí. Pero un simple judío, y de seguro no un Marrano, no constituye suelo fértil para el florecimiento de la vida judía. Más bien, en consonancia con la emigración de Jacob a Egipto, conmemoramos el 350mo. aniversario de la llegada, en Septiembre de 1654, de veintitrés refugiados a New Amsterdam desde Brasil, un grupo que, una vez admitido y establecido, se organizaría rápidamente como naciente comunidad judía. La compra de un cementerio en 1682 reflejaba la realidad judía: no se puede decir Kadish en soledad.
Los judíos y el judaísmo están ligados inextricablemente. El máximo determinante de la naturaleza grupal de la migración judía es el requerimiento religioso de un quórum de hombres adultos para llevar a cabo ciertos actos sagrados. Desconozco un requerimiento similar en la Cristiandad o en el Islam. No solo es la demanda de un minián exclusiva del judaísmo, es también el semillero para una comunidad. Para vivir el judaísmo los judíos necesitan unos de los otros. No es permisible leer la Torá en público, o realizar una boda, o recitar Kadish u otras plegarias con una medida adicional de santidad, sin la presencia de un minián (sea este tradicional o igualitario). Aunque ciertamente uno puede rezar solo, el Talmud considera que las plegarias ofrecidas en un minián agradan especialmente al Todopoderoso (Brajot 8a). De igual modo, estar en medio de un minián que reza, a menudo nos carga nuevamente de energía religiosa cuando ésta decae.
Expresado de otra manera, la exigencia de un minián da expresión a la suprema importancia de la comunidad en el judaísmo. Nuestra relación individual con Dios es mediada a través de una pluralidad de almas afines. La revelación original en Sinaí, nuestras confesiones anuales en Iom Kipur, y nuestras plegarias diarias, todas cobran fuerza y resonancia en virtud de ser una experiencia grupal. El aumento del bienestar en el mundo no puede lograrse solo. Cada vez que nos extendemos al unirnos a un minián, aumentamos nuestra conciencia de ser parte de algo más grande que nosotros mismos. Davenen (rezar) en un minián nos ayuda a cultivar en nosotros mismos una ética de responsabilidad.
Shabat shalom
Ismar Schorsch
La publicación y distribución del comentario del Rabino Schorsch
de Parashat Vaigash ha sido posible gracias a la generosa donación
de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.
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La traducción del comentario de la Parashá del Rabino Schorsch es realizada por la Unión Judía
de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe:
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Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe,
con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en
español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación
B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit
Israel, Panamá.
Versión original en inglés.
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