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La Torá dedica casi cuarenta versículos al intercambio entre Dios y Moisés ante la zarza ardiente. Ningún otro encuentro divino-humano de naturaleza personal alcanza una cobertura similar. La riqueza del material nos da una idea de cómo trabaja la revelación, entonces y ahora. Pues la Torá es más que una colección de experiencias religiosas únicas fuera de nuestro alcance. La voz de Dios continúa llenando el universo. Necesitamos aprender a escucharla de nuevo.
La Torá sugiere claramente que Dios se dirige a aquellos que se han preparado para oírlo. El primer paso debe ser dado por nosotros. Es Moisés quien abandona el estilo de vida indulgente del palacio real para ser testigo del sufrimiento de su pueblo en la ciudad. El bienestar y el poder no han aplastado su sentido de apego. En efecto, él es congénitamente incapaz de soportar las injusticias y, movido por la compasión, rápidamente arriesga su propia vida.
En medio del silencio y seguridad de Midián, Moisés todavía se conduele por el destino de Israel. La distancia no lo hace olvidar. Con su conocimiento de la corte, su aborrecimiento de la injusticia y devoción por su pueblo, ¿está obligado a retar la brutalidad del sistema? Moisés se entera de que el Faraón que amenazaba su vida ha muerto. ¿Es éste el momento que ha estado esperando para regresar a Egipto y atreverse a librar a Israel de la esclavitud?
Su labor como pastor lleva a Moisés a la vecindad de un lugar santo, "Jorev, el monte de Dios" (Éxodo 3:1). Allí ve un arbusto en llamas, iluminado por la luz del sol, que no se consume. ¿Es éste un símbolo de la estabilidad y permanencia de Israel? Sea cual sea la intensidad de su sufrimiento, Israel no puede ser destruido. Moisés afina sus sentidos para escuchar la palabra de Dios con su oído interno.
Al igual que Maimónides, yo creo que la experiencia del discurso de Dios es una experiencia absolutamente interna. Es una apertura de mente a mente o de alma a alma, a través del pensamiento. Nuestra conciencia es una pizca de divinidad con la capacidad natural de comunicarse con su padre cósmico. Nadie ha expresado este concepto con concisión más exquisita que Isaac Ibn Ghiyath (1038- 89), en un poema en hebreo traducido espléndidamente por el Dr. Raymond P. Scheindlin, del JTS:
Por el nombre, Te conozco, Uno Elevado y Excelso;
Tus obras, no mis ojos, Te revelan ante mí.
Los secretos de Tu mente rinden a los sabios –
Demasiado maravillosos, demasiado excelsos, demasiado profundos.
Te busqué y Te encontré en mis pensamientos;
Mi corazón tiene adentro ojos que me permiten ver.
El alma que Tú me soplaste se adhiere a Tu trono,
Aunque reside en una golpeada y dolorida tierra.
¿Podrán ver, mortales ciegos anhelan comprender
El Tremendo, Glorioso, no visto, Dios vidente? (The Gazelle 195)
La Torá no es más que la infinita búsqueda humana por comprender la naturaleza y voluntad de Dios, recompensada a veces por la iluminación interna de una respuesta divina.
El midrash afirma razonablemente que la primera voz escuchada por Moisés es la de su padre. Dios comienza el diálogo diciendo: "Yo soy el Dios de tus padres" (Éxodo 3:6). La muerte del Faraón hace a Moisés recordar a su padre, quien suplica a su hijo que aproveche el momento. "Ha llegado el momento de que regreses a casa. Tu destino te espera. Dios te ha dotado singularmente para el papel de redentor." ¿Pero a nombre de quién hablará Moisés? ¿Quién le ha autorizado para convertirse en líder? Moisés se siente perturbado tanto por si Israel lo aceptará como su líder, como por la recepción que le deparará el Faraón. En realidad, ¡su propio pueblo lo conoce menos que el Faraón! Para ellos, Moisés es tan extraño como lo serían Herzl y Nordau milenios después.
Moisés se vale del nombre de Dios porque, como señala Maimónides, él es el primer partidario de Dios al que se le ha pedido hablar más allá de los confines de la familia; el primero en hacer pública la nueva concepción de Dios. Para los patriarcas, la alianza con Dios era un asunto privado, la fe de una única tribu. Pero en Egipto el clan había crecido hasta convertirse en un grupo étnico numeroso. Moisés sabía que tendría que persuadir y hacer proselitismo, que tendría que luchar por sus convicciones.
La idea de Dios se expande en el proceso. El Dios en cuyo nombre Moisés se enfrentaría al Faraón es un ser cuya grandeza está más allá de toda descripción, la fuente misma de toda existencia. Pero este Dios trascendente es también inmanente, cercano, lleno de compasión. Ambas dimensiones son captadas por el nombre de Dios, como una forma del verbo ser, Eyeh Asher Ele – "Yo Soy el que Soy"(Éxodo 3:14). De nuevo, el midrash captura la nota de consuelo: "Dile a Israel que así como Yo estoy con ellos en este momento de opresión, Yo estaré con ellos en aquellos por venir." El filósofo moderno Alfred North Whitehead se refirió a Dios como "el gran compañero, el hermano comprensivo en el sufrimiento". El Dios ancestral de los patriarcas es idéntico al Dios del universo y del individuo, del orden cósmico y la justicia humana.
El poder de este extraordinario diálogo es su ingenua honestidad. El estado conmovido de Moisés no se resuelve de repente. A diferencia de Abraham, se resiste firmemente a las órdenes de Dios, y Dios no lo abruma para que se someta. Al final, Moisés difícilmente es el caballero de la fe de Kierkegaard (como llama éste a Abraham). Aun cuando Moisés finalmente acepta embarcarse en la misión, lo asaltan las dudas.
La Torá se extiende en el llamado a Moisés, no solo por ser él la figura dominante en el nacimiento de Israel como nación, sino también por ser ésta la experiencia de revelación paradigmática. Dios espera a aquellos que Lo buscan, hablándoles silenciosamente a través de los múltiples milagros de todos los días. En palabras del midrash: "No hay ningún lugar libre de la presencia de Dios, ni siguiera la más humilde zarza."
Shabat shalom
Ismar Schorsch
La publicación y distribución del comentario del Rabino Schorsch
de Parashat Shmot ha sido posible gracias a la generosa donación
de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.
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La traducción del comentario de la Parashá del Rabino Schorsch es realizada por la Unión Judía
de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe:
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Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe,
con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en
español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación
B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit
Israel, Panamá.
Versión original en inglés.
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