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Comentarios sobre la Torá del Canciller Schorsch
                (Seminario Teológico Judío de América)

 

BO 5765
Shmot - Éxodo 10:1-13:16
15 de enero de 2005 - 5 de Shvat 5765

Por el Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary

Este comentario es una reimpresión del año 5754 (1994)

Traducción de Inés Baum



La décima plaga por fin quebranta la resistencia del Faraón. La súbita muerte en una sola noche de "todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Paró, que se sienta en su trono, hasta el primogénito del cautivo, que estaba en el calabozo, y todo primogénito del ganado" es increíblemente devastadora, y carente de toda explicación natural (Éxodo 12:29). Es, en una palabra, un milagro, atribuible solamente al impresionante poder del Dios de Moisés. El Faraón no sólo es vencido sino también convertido. Al apremiar a Moisés y Aarón para que guíen a sus esclavos, incólumes, fuera de Egipto de inmediato, sin dejar nada atrás, y para que adoren a su Señor, el Faraón añade desesperada y tímidamente: "¡… y bendecidme también a mí!" (Éxodo 12:32).

¿Cómo debemos interpretar este desenlace? Sin el beneficio de la historia o la ciencia, ¿queda algo más por decir? Yo creo que sí, pero solo desde un punto de vista literario. Es la elección de la décima plaga lo que me llama la atención. Después de todo, Dios podría haber vencido al Faraón con cualquier cantidad de golpes distintos. ¿Existe alguna razón por la cual Dios eligió dar el golpe final matando al primogénito?

En efecto, Dios le había insinuado a Moisés un contexto enorme que determinaría la elección. Apenas después de la experiencia de la zarza ardiente, en su camino de vuelta a Egipto, Moisés fue informado por Dios de que el Faraón sería un enemigo desafiante y formidable. En efecto, Dios endurecería su corazón repetidas veces.

"Y dirás a Paró: `Así ha dicho el Señor: Israel es Mi hijo, Mi primogénito. Y ya te he dicho: ‘Deja ir a Mi hijo para que Me sirva’; y tú rehusaste dejarlo ir, he aquí que voy a matar a tu hijo primogénito'." (Éxodo 4:22-23)

Para divagar por un momento, el panorama traumatizó totalmente a Moisés. Había aceptado la tarea de líder nacional a regañadientes. Ante la zarza, Dios le había ocultado exactamente cuán larga sería la batalla. Una vez más, las dudas lo embargan. ¿Puede Dios de verdad liberarlos comprometiéndose a matar al primogénito del Faraón? Dios responde rápida y casi diabólicamente, en la oscuridad de la noche, con un ataque al hijo del propio Moisés, una lección brutal sobre el poder divino. Solamente la rápida intervención de Tzipora salva al niño. Ella lo circuncida, haciéndolo sangrar, y el terror pasa, presagiando la noche de la redención nacional. Moisés recupera la fe. Dios triunfará sobre el Faraón. Creo que la secuencia de estos dos pasajes en el texto (Éxodo 4:21-26), ayuda a explicar el enigma del segundo.

Pero volviendo al primero, la declaración de Dios enlaza el estatus de Israel como hijo primogénito de Dios con la muerte del primogénito de Egipto. La Torá percibe el éxodo como un acto de adopción y de rechazo. La demostración de interés divino en Israel crea una relación de compromiso entre Dios y un pueblo relativamente nuevo e insignificante, denotando al mismo tiempo el repudio a una civilización antigua y de clase mundial. La antigüedad de una nación importa poco para la economía divina. En la declaración de Israel como pueblo elegido, la décima plaga es la expresión última del tema dominante en el libro del Génesis. A lo largo de todo el libro vimos la degradación y derogación del hijo primogénito, desde Caín hasta Rubén. El favor de Dios recayó siempre en los hermanos menores. La cualidad decisiva para el liderazgo no es el nacimiento sino el carácter. El salto de la primogenitura a la moral da lugar a la meritocracia religiosa, y justifica el que Dios haya elegido a Israel. La muerte del primogénito de Egipto simboliza una revolución en el pensamiento religioso.

Hasta cierto punto, aun la mejor de las revoluciones queda incompleta. Al principio, la revolución mosaica trató de preservar un vestigio de la primogenitura. Los varones primogénitos de Israel le pertenecían a Dios y debían ser redimidos. Su estatus especial servía como recordatorio de la redención de Egipto y la mortandad de sus primogénitos. Los sacerdotes de Israel provenían de los varones primogénitos, en forma muy similar a la práctica egipcia. Solamente tras la debacle del becerro de oro fueron despojados de ese papel. Como sus compatriotas, ellos tampoco habían logrado mantener su confianza en Moisés y su fe en Dios. En consecuencia, Moisés transfirió todas las obligaciones sacerdotales a los levitas, procedentes de su propia tribu, pues permanecieron lealmente a su lado en la hora de apostasía masiva. Pero aun ellos encarnaron el principio de liderazgo religioso por herencia más que por capacidad.

No fue sino hasta la era rabínica, a raíz de la destrucción del templo en el año 70 EC, que el judaísmo se hizo más democrático, abriendo el cargo de líderes a todo hombre de erudición y piedad, sin importar su nacimiento. Fue un paso trascendental hacia adelante, que se mantuvo firme durante la Edad Media, hasta ser completado en la actualidad con la admisión igualmente valerosa de mujeres calificadas dentro del rabinato. Confío en que esta última expansión del rabinato fortalecerá tanto al judaísmo como la primera. El verdadero progreso viene por etapas.

Shabat shalom

Ismar Schorsch

La publicación y distribución del comentario del Rabino Schorsch de Parashat Bo ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.


La traducción del comentario de la Parashá del Rabino Schorsch es realizada por la Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe: http://www.ujcl.org/. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

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Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit Israel, Panamá. Versión original en inglés.

 

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Última actualización:    14 de enero, 2005