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En una
conmovedora entrevista televisada, la última persona que se rescató con
vida del World Trade Center describió su pánico cuando vio que la noche
había llegado mientras ella seguía atrapada bajo los escombros. Una vez que esta mujer se dio
cuenta que la luz entre las láminas de concreto y metal se había
desvanecido, y que estaba verdaderamente oscuro afuera, perdió toda
esperanza de ser rescatada jamás.
El
terror de la noche es un tema universal con el que lucha cada sociedad y
cada religión. No es extraño
que el testimonio fecundo de
Elie Wiesel de su experiencia en Auschwitz se titule simplemente
Noche. Esta metáfora para los
horrores del Holocausto encuentra eco en seres humanos de todas las
culturas. La oscuridad de la
noche indica peligro, la parte malvada más vulnerable de la civilización,
el temor a perderse, ser perseguido o atrapado. El poder de la oscuridad es bien
conocido por nuestra Torá. En la Parashá de esta semana, las tres plagas
finales utilizan el instrumento de la oscuridad como una fuerza de terror
y desesperación.
No
es sorprendente que las plagas culminen con la oscuridad y la noche. Las imágenes son
poderosas. En la octava
plaga las langostas “Cubrieron
toda la superficie del país hasta oscurecer la tierra” (Ex.10:15). La
tierra oscurecida simboliza el destino que se cierne sobre todo Egipto. En
la novena plaga hubo “oscuridad
sobre la tierra de Egipto, una oscuridad que podía palparse... No se veían unos a otros, y nadie
se levantó de su sitio por espacio de tres días” (Ex.10:21-23). Los egipcios están atrapados por
la oscuridad, completamente inmovilizados por su propia maldad. Estos días de parálisis también
presagian su destino cierto - el destino de una noche final. El deceso decisivo de una nación malvada
ocurre a medianoche. La décima y
última plaga, conjura todos los temidos terrores de la noche:
demonios, sangre, muerte y destrucción.
Sin
embargo yo sugeriría que la historia del Éxodo desafía cualquier
interpretación simple de la oscuridad y la noche. Aviva Zomberg escribe acerca de la
paradoja de la noche del Éxodo:
“Para los egipcios la oscuridad es caos, ceguera, muerte. Más extraño aún, para los
Israelitas, también, es
terror, aprisionamiento, sangre, además de redención.” En otras palabras, no es el
enemigo el único que experimenta la tristeza de la noche. Ni es la
oscuridad en la historia de Éxodo totalmente cruel. En la noche hay un elemento de
redención.
Estamos
tan paralizados por la fuerza punitiva de la oscuridad sobre los egipcios,
que a menudo pasamos por alto el impacto de la noche sobre los
israelitas. Al igual que los
egipcios, los israelitas están atrapados por la plaga final. Moisés les advierte, “Ninguno de
ustedes saldrá de la puerta de sus casas hasta la mañana” (Ex.12:22). ¿Por qué estarían los israelitas
esencialmente aprisionados en esta noche?
Como nos explica Rashi, ”Esto nos dice que se ha dado
permiso al Destructor para hacer daño, él no diferencia entre los justos y
los malvados. Y la noche es
el dominio de los destructores.” Así que los israelitas, aunque protegidos
por sus puertas empapadas de sangre están sin embargo sujetos a los
demonios nocturnos. Esta noche colmada de miedo se intensifica con la
dramatización intencional del
pánico en la comida del sacrificio de Pesaj. Es difícil imaginar comer en
absoluto, durante una noche en que los ángeles de la muerte rozan tu
puerta y fuertes gritos brotan de todos los rincones de Egipto. Sin
embargo, a los Israelitas se les ordena comer, y hacerlo con frenesí: “Así lo habéis de comer: ceñidas
vuestras cinturas, calzados vuestros pies, y el bastón en vuestra mano; y
lo comeréis de prisa (b’hipazon). Es una ofrenda pascual al
Señor. Pues en esa noche
pasaré por la tierra de Egipto y abatiré a todos los primogénitos en la
tierra de Egipto…” (Ex12:
11-12)
.
Esta fiesta improbable en medio del terror ilustra la diferencia
entre la oscuridad de la noche para los egipcios y la oscuridad de
la noche para los israelitas.
La oscuridad ha atrapado a ambos. Sin embargo, en una casa la
oscuridad significa muerte y destrucción, mientras que en la otra indica
el sueño de un nuevo futuro.
Los israelitas están serenos en la víspera de un viaje. Mientras que la oscuridad es una
tumba para Egipto, sirve también como el lugar de nacimiento de un pueblo
liberado. “Hay un ángel a
cargo de la concepción y su nombre es Noche” (Talmud de Babilonia,
Nidá 16b). Esta noche, preñada con la promesa de salvación, se
describe en la Torá como leil shimurim, “una
noche de vigilancia” (Ex.12:42).
Como explica Ibn Ezra, Dios “veló por los israelitas y no permitió
al destructor entrar a sus hogares.”
Dios guarda vigilia por los israelitas durante esta noche de terror
y pánico. De esta forma, la
noche es redimida. Hasta hoy, la liturgia judía tradicional a la hora de
dormir incluye la reconfortante imagen de la vigilia constante de Dios:
“No, no duerme ni dormita el guardián de Israel” (Salmo
121:4). Cada noche que
contiene el miedo a la oscuridad también contiene la esperanza del refugio
amoroso de Dios. En nuestra
historia de liberación, hay todavía una noche temible. No podemos escapar de la oscuridad
en este mundo; sin embargo, los sucesos de la historia del Éxodo, nos
enseñan que la noche puede ser transformada en tierra fértil para nuevos
comienzos. La fiel
vigilancia de Dios en la noche contiene el sueño de un
amanecer.
Shabat Shalom
Ismar Schorsch es el
Rector del Seminario Judío de Teología. La publicación y distribución
del comentario de la Rabina Berkun de la Parashá Bo ha sido hecha posible
gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z”l)
Hassenfeld.
Este
comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de
Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido
supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Martha Lichtenstein, de la
Congregación Beth Israel, Aruba - Revisado por el Rabino Gustavo
Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión
original en ingles, en este mismo website. |