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Comentarios sobre la Torá del Canciller Schorsch
                (Seminario Teológico Judío de América)

 

BERESHIT 5766
Bereshit - Génesis 1:1 - 6:8
29 de octubre, 2005  -  26 de Tishrei 5766

Por el Rabino Burton L. Visotzky Appleman,
Profesor de Midrash y Estudios Interreligiosos del J.T.S

Traducción de Inés Baum



En el principio, el Dr. Ismar Schorsch era un estudioso estricto, un gran maestro, y Rector del Seminario Teológico Judío. Y por los últimos doce años, el Rabino Schorsch también ha escrito palabras semanales de Torá. Como su padre antes que él, asumió el manto de líder espiritual. Que nuestro amigo Ismar haya podido hacer todas estas tareas no es sorprendente, pero para mí, el hecho de que él haya aceptado el papel de rabino pastoral es el que más despierta mi asombro y admiración. Escribir un mensaje para cada porción semanal de la Torá, que pueda tocar el corazón e inspirar a los lectores, es una tarea intimidante. Sin embargo, el Rabino Schorsch ha encontrado una voz clara de liderazgo y sabio consejo; una voz única e inconfundible, que reúne la profundidad de la Wissenschaft des Judentums (erudición judía) con las antiguas enseñanzas de nuestros sabios talmúdicos. Es con mucha ansiedad que ofrezco mis propias palabras de Torá en este nuevo ciclo de lecturas bíblicas, para honrar a nuestro maestro, Rector Ismar Schorsch.

La porción de esta semana, con la que de nuevo comenzamos nuestro ciclo anual de lectura de la Torá, comienza en el puro principio (que, como dice la canción, es “un buen lugar para comenzar”). Ya sea que leamos las primeras y majestuosas palabras del Génesis como las interpretaron tradicionalmente nuestros rabinos de la antigüedad (“En el principio”), o que las leamos como una cláusula introductoria de una extensa oración que describe el proceso y ordenamiento de la creación (“Cuando Dios comenzó a crear”), no hay posibilidad de engañarse acerca de la grandeza de la creación.

No necesitamos adentrarnos en la triste disputa entre Darwinistas vs. Diseñadores Inteligentes para captar la verdad esencial de la perspectiva del mundo bíblico: que la creación de Dios es magnífica. Para cada uno de los seis días dedicados a la creación que registra el Génesis, viene este dictamen positivo: “vio Dios que era bueno”. Califico el relato de la creación diciendo “seis días dedicados” porque, la porción de la Torá de esta semana, en realidad no presenta a Dios diciendo “era bueno” en el segundo día de la creación. Pero en el tercer día Dios pronuncia “esto era bueno” dos veces, por lo que todo se equilibra.

En el último día de la creación, día en que fue creada la humanidad, el Génesis reporta: “Y vio Dios todo lo que Dios había hecho, y he aquí que era muy bueno”. Como nos informa el Génesis Rabá midráshico del siglo V, la palabra hebrea para “muy” (me’od) se deletrea mem, alef, dalet en el versículo del Génesis. Lo que Dios sugiere, según nuestros sabios, es que la humanidad, Adán, es muy buena. Me’od es Adam, deletreado alef, dalet, mem, las mismas letras pero en un orden diferente. Esta opinión evalúa a la humanidad (como diría otra canción) como “la corona de la creación”.

Nuestro leccionario bíblico anual o ciclo de lectura de la Torá refleja la división rabínica de los Cinco Libros de Moisés en 54 segmentos, parashiot (singular: parashá). Esta semana, semana una del ciclo, se llama Bereshit, Génesis, por la primera palabra de la Torá. Además de ser la primera palabra de la Torá, describe más o menos el contenido: la historia de la creación “en el principio”. La semana entrante, leeremos la parashá llamada Nóaj. Ese nombre propio aparece como la tercera palabra en la lectura, y ella, también, describe razonablemente el contenido: la historia del diluvio de Noé. Estas dos parashiot contienen la primitiva historia bíblica y constituyen los antecedentes para la historia de Abraham, que se encuentra en la tercera porción del ciclo.

Lo que me incomoda es la manera en que los Rabinos dividieron esa historia pre-Abrahámica. Conforme leemos Bereshit, nos sentimos sobrecogidos por la gloria de la creación divina. Esa letanía de “era bueno” tañe su dictamen positivo, ignorando casi intencionalmente las vicisitudes de la verdadera historia que se desarrollaría a continuación. Sabemos que en la semana dos, “se arrepintió el Señor de haber hecho al hombre en la tierra”. Sabemos que Dios decidirá: “borraré al hombre que he creado de sobre la faz de la tierra”. Excepto que estos versículos no se encuentran en la segunda porción del ciclo de la Torá. No, no están del todo en la porción de Nóaj. Esas increíblemente deprimentes palabras están en la lectura de la Torá de esta semana, Bereshit.

Yo me pregunto, ¿cuánto pesimismo deben los Rabinos abrazar para cada porción semanal de la Torá? ¿No podían habernos dejado al menos una despreciable semana para regocijarnos con el dictamen de que la humanidad era “muy buena”? ¿Tenían que restregarnos el hecho de que el gran experimento de Dios fue un completo fracaso? ¿Habría sido tan terrible para nosotros el tener siete cortos días para pensar en que, después de todo, no somos tan malos? ¿Por qué no pudieron guardar ese comentario hasta la parashá de Nóaj, y reservado Bereshit para una semana dedicada a la alabanza genuina al Creador por la creación más grande de Dios, la humanidad?

Encuentro un indicio para esto en las festividades que acaban de terminar. En Rosh Hashaná rezamos: HaYom Harat Olam, “¡hoy nació el mundo!” De acuerdo a la opinión rabínica, Rosh Hashaná no solo era el primer día del Nuevo Año, sino que también señalaba la creación misma del mundo, lo que enlaza la festividad con la lectura de la Torá de esta semana. Pero los días festivos que comenzaron con Rosh Hashaná, terminaron con Iom Kipur y el juicio. Si hay algo que queda claro en la liturgia de Iom Kipur, es que ningún ser humano es perfecto; todos y cada uno de nosotros tenemos nuestras flaquezas, por las que debemos dar reparación.

Las dos semanas de lectura de la Torá en que recitamos Bereshit y Nóaj nos dan una perspectiva de la humanidad matizada y balanceada. Mientras que la narración de esta semana comienza con la grandeza y bondad de la creación, termina con un juicio fuerte y negativo de la humanidad. La semana que viene, que reporta el horrible holocausto de un diluvio que destruye virtualmente a toda la humanidad, termina con un arco iris y el reporte esperanzador del nacimiento de Abraham.

Cuando los Rabinos dividieron las porciones semanales de la Torá, no estaban siendo pesimistas, estaban siendo realistas. Debemos y tenemos que exaltar la gloria de la creación de Dios. Pero seríamos necios si enterráramos la cabeza en la arena y no reconociéramos que la humanidad es imperfecta; capaz de grandes cosas, pero igualmente capaz de pecar. Y la semana entrante, cuando leamos la terrible historia del diluvio, deberemos esperar ese rayo de sol que se asomará al final. No somos malos del todo. De hecho, de ninguna manera somos tan malos.

Nuestro ciclo de Torá nos enseña la mutabilidad de la historia humana. No somos ni completamente maravillosos ni completamente irredimibles. Nuestras vidas cuelgan de la balanza, y nuestras acciones diarias cuentan. Nuestro rabino y profesor, Rector Schorsch, ha pasado su carrera instruyéndonos en esta lección esencial de historia. Que él y todos nosotros vayamos de fortaleza en fortaleza.

Shabat shalom

Rabino Burton L. Visotzky

La publicación y distribución del comentario del Rabino Visotzky  de Parashat Bereshit ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.


La traducción del comentario de la Parashá del Rabino Schorsch es realizada por la Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe: http://www.ujcl.org/. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

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Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit Israel, Panamá. Versión original en inglés.

 

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Última actualización:    19 de noviembre, 2005