Comentarios anteriores

 

Comentarios sobre la Torá del J.T.S.
       (Seminario Teológico Judío de América)

 

JAIE SARÁ 5766
Bereshit - Génesis 23:1 - 25:18
26 de noviembre, 2005  - 24 de Jeshvan, 5766

Por el Rabino Lawrence Troster,
Becario Rabinico en la Coalición por el Medio Ambiente y la vida judía (COEJL)

Traducción de Inés Baum



El Salmo 24 pregunta: “¿Quién subirá al monte del Señor? ¿Quién podrá estar en Su lugar santo?” La respuesta que nos da el texto es: “El limpio de manos y puro de corazón; que no ha puesto su alma en cosas vanas, ni jurado con engaño” (Salmos 24:3-4). El comentarista medieval David Kimhi (1160-1235), de Provenza, sintió que la respuesta a esa pregunta nominaba tres requisitos: la acción apropiada (manos limpias), los pensamientos apropiados (corazón puro), y lealtad en la palabra (no jurar engañosamente). Podríamos decir que estas características conforman por completo a la persona con integridad religiosa. En pensamiento, acción y palabra, esa persona está en armonía con Dios y con el mundo.

¿Quién, entonces, ha llenado estos requisitos? En el Midrash Tehillim para este salmo se menciona a Abraham, porque en todas sus acciones, pensamientos y palabras demostró integridad y fidelidad absolutas. Tenía manos limpias porque no tomó nada para sí cuando intervino en la guerra de los reyes (Génesis 14). Tiene un corazón puro porque creyó en la promesa de Dios cuando el pacto “entre las piezas”. No juró en falso frente a Nimrod (según un midrash), ni tomó el nombre de Dios en vano ante el rey de Sodoma.

El midrash también identifica a Jacob como una persona con todas las calificaciones apropiadas para estar en el lugar santo de Dios. Tenía manos limpias porque no le robó a su tío Labán. Tiene un corazón puro porque ignoraba el robo de Raquel de los ídolos de su padre. Y no juró en vano en nombre de Dios como Labán, sino que juró sinceramente por la fe de su padre.

Pero, ¿adónde está Isaac en esta lista? ¿Por qué no fue contado en el midrash junto a su padre y a su hijo? Si Abraham fue el primer modelo de semejante vida, de devoción interior aunada a la acción exterior, ¿cómo aprendió entonces Jacob a seguir sus pasos? No pudo haber sido a través de su padre Isaac, pues Isaac no era una persona de equilibrada piedad. Era alguien que rara vez actuaba. Reaccionaba o más bien dejaba actuar. Apenas hablaba en la Akedá. Estuvo sentenciado y gustosamente se entregó al cuchillo, pero no hizo nada más que no resistirse. Ni siquiera se buscó su propia esposa; se la buscaron. Y cuando llegó el momento de designar a su heredero, no tuvo la suficiente perspicacia como para elegir correctamente. Por lo que la elección fue hecha por él por el verdadero heredero del ejemplo de Abraham, aquél que reunía los requisitos del salmo y que los enseñó a su hijo. Rebeca fue el verdadero eslabón en la cadena de la tradición, y todo su carácter y futuras acciones son resaltadas para nosotros desde la primera vez que la encontramos en la parashá de esta semana.

El siervo de Abraham ha viajado a Najor en Aram-naharaim con el fin de encontrar una esposa para Isaac entre los parientes de Abraham. Tras su llegada, el siervo hace una extraña petición a Dios. Pide que ocurran una secuencia especial de acontecimientos que le revelarán la novia apropiada para el hijo de su amo. De pronto, aparece Rebeca y, milagrosamente, cumple con toda la secuencia, probando así ser la elegida. Pero no es solo el hecho de que cumple con la secuencia lo que la señala; también la manera en que es descrita. Todos los verbos en hebreo que se refieren a ella son verbos de movimiento, acción y rapidez.

Es en esta corta escena, vista desde la perspectiva del sirviente, donde se revela el carácter de Rebeca. La Torá no nos permite un retrato de su mente. No sabemos lo que está pensando, pero sus acciones son una ventana a sus intenciones. Ovadia Seforno, comentarista bíblico italiano del siglo XVI, señaló que la prisa de Rebeca al sacar el agua revela cuán importante era esa acción para ella. Según él, su rapidez descubría su hospitalidad. Puesto que, en la Biblia, la mención de la prontitud en la ejecución de una acción siempre significa la aceptación completa y voluntaria del acto por el actor, la velocidad de Rebeca demuestra su complacencia absoluta por ayudar al siervo. En su apuro por ayudar a un extraño, sus acciones además nos devuelven a la manera en que Abraham saludó a los tres “hombres” al principio de la parashá de la semana pasada. También él corrió a satisfacer sus necesidades.

Contraste las acciones de Rebeca con las reacciones de su hermano Labán. Cuando Rebeca le cuenta lo que ha pasado, él también corre al pozo, pero no impulsado por la hospitalidad. Corre solamente para ver la opulencia y las riquezas del sirviente. Sólo después de que escucha la historia de labios de Rebeca, sólo después de ver sus joyas, al siervo y a su comitiva, Labán le da la bienvenida al siervo y lo invita a quedarse. La Torá nunca desperdicia palabras; la mención de que Labán ve las riquezas primero es una señal de su futura codicia en sus relaciones con el hijo de Rebeca, Jacob.

Si las acciones de Labán son un presagio de su conducta futura, las acciones de Rebeca también pronostican su comportamiento futuro. Ella no solo desempeñó las acciones exteriores apropiadas (las manos limpias), sino también la integridad interior (el corazón puro). No titubeó a la hora de dejar a su familia y seguir al siervo. El midrash la presenta como producto de una familia y un país donde la mentira y el engaño eran la norma. Ella sabe que debe partir y está dispuesta a arriesgarse yendo con el siervo. En el futuro, sabiendo que Jacob era el que tenía que heredar el legado de Abraham (por la profecía que escuchó estando embarazada), está dispuesta a arriesgarlo todo, hasta el punto de dejar que la maldición de su esposo caiga sobre ella. Está dispuesta a sufrir las consecuencias con el fin de salvar el futuro.

Por su valor, su iniciativa y su integridad, Rebeca es el verdadero eslabón entre Abraham y Jacob. Como ellos, ella nos enseña cómo ascender a la montaña sagrada en armonía con Dios y el mundo.

Shabat shalom

Laurence Troster

La publicación y distribución del comentario del JTS de Parashat Jaie Sará, por el Rabino Troster,  ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.


La traducción del comentario del J.T.S. es realizada por la Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe: http://www.ujcl.org/. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

Para suscribirse o dejar de recibir el comentario del JTS, envíenos un e-mail a: UJCL_parasha@yahoo.com . Si quiere dedicar la traducción en memoria de un ser querido o en honor de algún acontecimiento familiar, escríbanos a: UJCL_parasha@yahoo.com

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit Israel, Panamá. Versión original en inglés.

 

© 2001, 2002 UJCL - Derechos Reservados


Diseño & Hosting por:    CaribMedia
Operadores de:    VisitAruba.com
Actualizaciones por:    Inés Baum      baumgut@racsa.co.cr
Asesor:    Daphne Cesareo Lejuez

Última actualización:    28 de noviembre, 2005