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Comentarios sobre la Torá del J.T.S.
       (Seminario Teológico Judío de América)

 

TOLDOT 5766
Bereshit - Génesis 25:19 - 28:9
3 de diciembre, 2005 - 2 de Kislev, 5766

Por el Doctor David C. Kraemer,
Profesor de Talmud y de Asuntos Rabinicos del J.T.S.

Traducción de Inés Baum



A menudo se ha dicho – y con toda razón – que la Parashá Toldot está enmarcada por dos historias de engaño y fraude. Lo que se ha obviado, sin embargo, es el reconocimiento de que un punto central en ambos relatos es la manipulación simbólica de la comida y la bebida. El papel de la comida y la bebida en éstas y otras historias es mucho más que una simple convención, mucho más que una simple “puesta en escena”. De hecho, la comida soporta una carga simbólica pesada, y al reconocer la manipulación de los alimentos en estos relatos, alcanzamos significados que de otra manera hubiéramos dejado pasar.

Considere, en primer lugar, la historia de la cruel manipulación de Jacob para con Esaú (que comienza en el capítulo 25, versículo 27). El relato se inicia distinguiendo a los gemelos en base a su relación con la comida. Se nos dice que Esaú es un cazador, y que Jacob es un hombre sencillo, “que permanecía en las tiendas” (Gn. 25:27). La importancia que tiene el hecho de que Esaú sea cazador se hace evidente en forma inmediata: como cazador, provee carne, y por ello es el amado de Isaac (25:28). Pero, ¿qué significa “permanecer en las tiendas”? De nuevo, la respuesta no está lejos: por lo general, Jacob preparaba potaje – alimento dentro de la tienda. Decididamente, este es el tipo de cocina que esperaríamos fuera hecho por las mujeres en semejante sociedad (los hombres asan, las mujeres cocinan). Esau provee alimento a los hombres, Jacob a las mujeres. Isaac, por tanto, ama a Esaú, mientras Rebeca prefiere a Jacob.

A su regreso del campo, el exhausto Esaú encuentra a Jacob con “comida de consuelo” preparada y disponible. Ruega por una porción, y de buena gana vende su derecho de primogenitura para obtener alimento. Cabe destacar que, habiendo logrado su meta de la primogenitura, Jacob provee a su hermano con más cosas de las que pidió: además de las lentejas, le da a Esaú pan y bebida. Esaú, como es evidente, recibe todo ansiosamente, y aunque el texto no lo dice, podemos estar seguros de que Jacob observa satisfecho mientras Esaú come.

¿Tiene algún significado el hecho de que Jacob ofrezca más, y de que Esaú reciba más de lo que pidió? La respuesta está, en mi opinión, en la consecuencia que tiene ese intercambio en sus relaciones. Una “venta” acordada, como la del intercambio de lentejas por el mayorazgo, crea una relación bien definida, los detalles de la cual son negociados por adelantado. Pero un regalo, una vez aceptado, crea obligaciones no mencionadas, y coloca a la parte que acepta en una posición en cierta forma subordinada u obligada. Por esta razón, es poco probable que usted acepte un regalo de alguien que no conoce. Y asimismo, intentará reciprocar el regalo si desea continuar (simbólicamente) en posición de igualdad con la persona que se lo ha dado. Pero Esaú aceptó y no le correspondió. Su estatus inferior quedó entonces establecido. Él era ahora el dependiente, sujeto a la voluntad de otros. Jacob, por el contrario, proveyó en abundancia, convirtiéndose en dueño de su propio destino.

La segunda historia (capítulo 27) es diferente en muchos de sus detalles, pero es igual a la primera en el papel central que ocupan la comida y la bebida. En este conocido episodio, Isaac, en su “ceguera”, pide a Esaú que le traiga “alimento sabroso” (o sea, carne roja). Su orden es clara: “Tráeme caza, y hazme alimento sabroso para que yo coma y te bendiga delante del Señor, antes de mi muerte” (27:7). Esta conexión se repite una y otra vez: sin alimento no puede haber bendición. El que será bendecido debe primero proveer la comida, y entonces Isaac pronunciará la bendición.

Decisivamente, cuando Jacob trae alimento a Isaac, de nuevo da más de lo que se ha pedido explícitamente. Isaac había pedido “delicias” hechas de lo que Esaú cazaría en el campo. Pero Rebeca además le da a Jacob pan para su padre (27:17), y Jacob, por su parte, ofrece vino a Isaac (27:25). Por supuesto, Isaac se lo come todo – tanto lo que pidió como lo que no pidió – y, habiendo aceptado, debe a Jacob su bendición, la que le da de inmediato. Cabe notar que la bendición también incluye un alimento: su bendición promete no solo “rocío del cielo” y “grosuras de la tierra” (traducido literalmente), sino también “abundante trigo y vino”. Para Jacob, su propia generosidad en la ofrenda le ha sido bien pagada. En contraste, Esaú solamente le trae a Isaac las “delicias” que pidió, y la bendición de Isaac deja por fuera la mención de grano y vino. En otras palabras, quien da mucho alimento recibe mucho alimento de vuelta; señal de bendición y abundancia. Aquél que no proporcione tanto, será bendecido en forma similar.

El último punto, la conexión entre alimento y bendición, se repite en otro lugar de la parashá, que continúa enfocándose en los intercambios de comida y bebida. Al principio del capítulo 26, se nos dice que había una hambruna en la tierra y que Isaac procuró bajar a Egipto (la “canasta de pan del mediterráneo”), con el fin de evitar morir de hambre. Pero Dios se le apareció, ordenándole permanecer en la tierra, prometiéndole bendecir a él y a su progenie en esa misma tierra. Pero, ¿cómo sobrevivió Isaac esa carestía? La respuesta se encuentra en el versículo 12: “Y sembró Isaac en aquella tierra, y recogió aquel año cien veces más (mea shearim), pues lo bendijo el Señor”. La bendición se expresa mediante la abundancia del producto, producto que, sobre la mesa, ayuda a asegurar la longitud de los días.

¿Por qué, entonces, es tan importante la comida en estos relatos? La respuesta, creo yo, es que la comida es religiosamente significativa, mucho más de lo que a veces nos gustaría admitir. Por supuesto, por un lado sabemos esto: la nuestra es una religión que ha creado un sistema de alimentación elaborado, definiendo reglas y restricciones en abundancia. Aun más, este sistema alimenticio siempre ha sido central en la identidad judía; algo que casi todos los antiguos escritores sabían acerca de los judíos era que ellos (nosotros) no comemos cerdo. Pero cuando digo que la comida es religiosamente significativa, me refiero a mucho más que a esto.

Permítanme explicarme. Yo soy el cocinero principal en mi hogar. En consecuencia, mi Shabat comienza no el viernes al atardecer sino el viernes por la mañana. Es a esa hora que voy de compras, siempre a mi mercado favorito, e imagino los platos de Shabat que prepararé. Después, como lo exige la brevedad del tiempo, comienzo mis preparativos, que a menudo me llevan horas. Pero esto no es una carga, es una bendición. Cuando no compro y cocino, siento como si algo me faltara, como si se me hubiera birlado una parte del Shabat. Entonces, por la noche, cuando veo a mis amigos y a mi familia comer lo que yo he preparado, siento un gran placer. Es en ese momento que mi Shabat está completo.

El judaísmo no es solo una religión de rituales formales y Torá. Es, y siempre ha sido, una religión de la cocina, una forma de vida en la que los maestros de cocina – generalmente las mujeres – eran verdaderos virtuosos de la religión, encargados del sustento tanto del cuerpo como del alma (y el judaísmo siempre ha creído en la importancia de la unión entre cuerpo y alma). La comida importa, y siempre ha importado en el judaísmo. No crea que la mesa puesta es menos importante que el Shulján Aruj (“La Mesa Puesta”).

Shabat shalom

David C. Kraemer

La publicación y distribución del comentario del J.T.S. de Parashat Toldot, por el Dr. Kraemer, ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.


La traducción del comentario de la Parashá del J.T.S. es realizada por la Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe: http://www.ujcl.org/. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

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Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit Israel, Panamá. Versión original en inglés.

 

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Última actualización:    3 de diciembre, 2005