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Comentarios sobre la Torá del J.T.S.
       (Seminario Teológico Judío de América)

 

LEJ - LEJÁ 5766
Bereshit - Génesis 12:1 - 17:27
12 de noviembre, 2005 - 10 de Jeshvan, 5766

Por el Rabino Matthew Berkowitz,
Senior Rabbinic Fellow del JTS

Traducción de Inés Baum



La película de Woody Allen “Crímenes y pecados”, de 1989, constituye un fascinante ensayo cinematográfico en el que se enfrentan las bases morales y éticas del mundo moderno. El Dr. Judá Rosenthal, exitoso oftalmólogo, ocupa el lugar central en el drama. Involucrado en un affair extramarital por muchos años, sus mentiras comienzan a derrumbarse. Cuando Delores, su amante, amenaza con descubrirlo todo, el Dr. Rosenthal busca consejo espiritual en uno de sus pacientes, el Rabino Ben (quien está al borde de la ceguera). Desgraciadamente, Judá hace caso omiso del consejo del Rabino y recurre a su hermano maleante, para que haga desaparecer a Delores. La excelencia de la película de Allen reside en el retrato de la corrupción ética en cada uno de sus personajes, y el alcance que le da al sentido de la vista. Irónicamente, el oftalmólogo, especializado en la vista física, está corrompido por una ceguera ética, mientras el Rabino, quien representa la moral, está físicamente ciego. En efecto, la yuxtaposición entre visión y percepción ocupa un lugar prominente tanto en la película de Allen como en la parashá de esta semana, Lej Lejá. Al enfocar nuestros lentes exegéticos en el distanciamiento entre Avram y Lot (Génesis 13), descubrimos no solo una separación física entre los dos personajes, sino también una división espiritual y ética que afecta hasta la esencia misma de sus visiones de mundo.

Génesis 13 comienza con el regreso de Avram a Canaán, tras su corto y perturbador viaje a Egipto. Génesis 13:2 comenta: “Y Avram era muy rico en ganado, en plata y en oro.” La narración continúa creando la atmósfera para el conflicto entre Avram y su sobrino, Lot: “Y Lot también, que iba con Avram, tenía ganado menor y ganado mayor y tiendas. Y la tierra no podía sostenerlos para que habitasen juntos, porque era mucha la hacienda de ellos, de modo que no podían habitar juntos. Y hubo riña entre los pastores del ganado de Avram y los pastores del ganado de Lot... Y dijo Avram a Lot: ‘No haya, te ruego, riña entre mí y ti, ni entre mis pastores y tus pastores, porque somos parientes. ¿No está toda la tierra delante de ti? Sepárate, por favor, de mí, si tú te diriges a la izquierda, yo iré a la derecha; y si tú tomares por la derecha, yo tomaré por la izquierda’” (Génesis 13:5-9). Avram se muestra magnánimo en su oferta. Aunque sería de esperar que Avram invocara su mayoría de edad para ser el primero en escoger la mejor tierra, afablemente le cede a Lot el privilegio de elegir primero. La decisión de Lot revela mucho sobre su naturaleza, en absoluto contraste con la de su tío Avram. Leemos: “Lot entonces alzó sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de regadío, hasta llegar a Zoar (antes que destruyese el Señor a Sodoma y a Gomorra), como el jardín del Señor, como la tierra de Egipto. Y Lot eligió para sí toda la llanura del Jordán, y partió Lot hacia el oriente [mi'kedem]" (Génesis 13:10?11).

La acción de Lot nos abre una ventana a su carácter. Para Lot, solamente un factor cuenta en su decisión: las apariencias. Lot levanta los ojos sólo para cegarse con la belleza y riqueza que está ante él. No muestra ningún deseo de conocer nada sobre la comunidad en la cual residirá, ni sobre sus habitantes. Es seducido por sus ojos y, como tal, demuestra que no es nada más que un tonto. En consecuencia, Rashi y otras fuentes midráshicas tempranas se muestran perceptivas en su interpretación del versículo “partió Lot hacia el oriente [mi'kedem]" (Génesis 13:11). Rashi escribe: "Se separó de Avram y se dirigió al oeste - viajando de Este a Oeste.” El Midrash explica esto en forma despreciativa para Lot; él se distanció del Creador del Universo (Kadmono shel Olam), diciendo “Yo no quiero ni a Avram ni a su Dios” (Génesis Rabá 41). Entonces, el viaje de Lot no solo representa una separación física de la persona de Avram, sino también simboliza un abandono de la senda de Avram y, más crucialmente, su distanciamiento de Dios.

También es importante para nuestra comprensión la descripción que hace la Torá de la llanura del Jordán, comparándola con la de Egipto. En un profundo y cuidadoso dvar Torá durante el séder de Pésaj pasado, en un retiro de la United Synagogue a nivel mundial, el Rabino Dr. Steve Brown, Decano de la William Davidson Graduate School of Jewish Education, pidió a sus alumnos reflexionar sobre la naturaleza de los frutos y vegetales cosechados en Egipto versus aquellos cosechados en la Tierra de Israel. Los israelitas se ponen sentimentales recordando los “pepinos, melones, puerros, cebollas y ajos” de Egipto (Números 11:5). Cosechar estos productos exige que uno se incline, enfocando su vista en la tierra. A la inversa, los frutos de la Tierra de Israel requieren que uno se levante hacia los cielos. Granadas, dátiles, aceitunas y uvas, frutos principales de Israel, exigen al granjero erguirse hacia el cielo para cosecharlos. La postura física requerida para la recolección del producto refleja las realidades espirituales en cada una de las localidades. Egipto abraza una cultura de materialismo ligado a la tierra. Cuando los israelitas abandonaron Egipto, necesitaron aprender a elevar sus ojos hacia el cielo – física y espiritualmente – para igualar el espíritu y los anhelos de sus vidas en la Tierra de Israel.

Así pues no es sorprendente que, tras la partida de Lot, Dios le ordene a Avram: “Alza tus ojos y mira desde el lugar donde estás, hacia el norte, y hacia el sur, y hacia el oriente, y hacia el occidente, porque toda la tierra que tú ves, te la daré a ti y a tu simiente, para siempre” (Génesis 13:14-15). Mientras Lot mira hacia arriba y solo ve la fértil llanura del Jordán, Avram levanta su vista, a una orden de Dios, y ve la Tierra de Israel en su totalidad. Avram es uno cuya visión va mucho más allá que lo simplemente físico. Es su percepción, más que su visión física, lo que le hace merecedor de ser elegido por Dios. Sin duda, el Génesis Rabá 39:1 enseña: “Rabí Isaac contó la parábola de un hombre que viajaba de un lugar a otro cuando vio una mansión en llamas. Se preguntó: ‘¿Será posible que la mansión no tenga a alguien que la proteja?’ En ese momento, el dueño de la mansión se asomó, lo miró y dijo: ‘¡Yo soy el dueño de la mansión!’ Así, también, cuando Abraham se preguntaba, ‘¿Será posible que el mundo no tenga a alguien que lo guarde?’, el Santo lo atisbó y dijo: ‘Yo soy el Dueño del mundo’.”

Es precisamente por esta razón por la que el tercer párrafo del Shemá (Números 15:37-41) nos da el tzitzit como recordatorio de las mitzvot, para que no sigamos ciegamente los dictados de nuestro corazón (pasiones) y nuestros ojos (apetitos) que, típicamente, nos llevan por el mal camino. Las primeras apariencias son demasiado engañosas. Solamente después descubriría Lot la depravación moral existente en Sodoma y Gomorra, que al final le haría arrepentirse de su decisión. En las últimas líneas de “Crímenes y pecados”, el sabio profesor de Allen dice: “Somos la suma total de todas nuestras decisiones.” Avram es, efectivamente, un modelo ejemplar de lo que significa examinar cada decisión cuidadosa y profundamente. Laicos y clero debemos elevar nuestros ojos hacia Dios, tanto al pesar las decisiones en nuestra vida personal como al contemplar las visiones para nuestras respectivas comunidades. Sin esta perspectiva, estamos condenados; si no a la misma destrucción física de Sodoma y Gomorra, entonces a una muerte espiritual y ética. Cuando permitimos que la ética eterna de la Torá guíe nuestras decisiones, cuando apreciamos los intangibles de la vida tanto como sus dones materiales, afirmamos la presencia de Dios en este mundo.

Shabat shalom

Matthew Berkowitz

La publicación y distribución del comentario del J.T.S. de Parashat Lej-Lejá, por el Rabino Berkowitz, ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.


La traducción del comentario de la Parashá del J.T.S. es realizada por la Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe: http://www.ujcl.org/. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

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Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit Israel, Panamá. Versión original en inglés.

 

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Última actualización:    13 de enero, 2006