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Depende de cómo lo veamos. Algunos vemos el problema; otros ven la solución. Algunos observan la vida y ven solamente los hechos. Otros son capaces de observar la vida y ver el significado. Algunos leeremos la porción de Torá de esta semana como la historia de la muerte de Jacob y José. Otros leerán la narración en la Parashá Vaiejí como la historia de sus vidas.
Encontramos el ejemplo más dramático de estas distintas percepciones en José, hijo de Jacob, quien gobierna Egipto según la voluntad del Faraón. La escena nos es familiar. José de pie frente a sus hermanos, rodeado de las riquezas y adornos de la antigua realeza egipcia. Se conduele con ellos por la muerte de su padre, Jacob. Durante todo el rato, los hermanos de José están nerviosos. Temen que sin la autoridad paterna de Jacob, José los castigará por su tortuoso acto de juventud al venderlo como esclavo.
“José, pues, subió para enterrar a su padre; y subieron con él todos los siervos del Faraón” (Génesis 50:7). Escoltado por familiares y dignatarios, José abandona Egipto y vuelve a su hogar, por primera vez desde que sus hermanos lo tiraron a aquel foso. Sin embargo, José ya no vive en Canaán, por lo que “después de haber sepultado a su padre, volvió José a Egipto, él y sus hermanos, y todos los que habían subido con él al entierro de su padre” (50:14).
Parte de nosotros clamamos: “¡Quédate allí en Canaán, José! ¡No regreses a Egipto!” Por supuesto, sabemos lo que está por venir. Conocemos el majestuoso recorrido de la narración bíblica y de la historia de nuestro pueblo. Pero lo que entiende José es que ya se ha adaptado a su nuevo hogar y localidad. Puede ser su antiguo yo en un nuevo mundo.
“Mas viendo los hermanos de José que era muerto su padre, decían: ‘Quizás nos aborrecerá José y nos devolverá todo el mal que nosotros le hicimos’” (Génesis 50:15). Pero en este punto de su vida, José no distingue el mal en lo que hicieron. En su mala acción, José ve ahora el bien.
Los hermanos de José no sabían esto, así que, naturalmente, estaban nerviosos. Un midrash se pregunta sobre esta escena: “¿Qué fue lo que vieron los hermanos que les hizo temer? Mientras regresaban de enterrar a su padre,” se sugiere, “vieron que José se salió del camino y fue a ver el foso donde sus hermanos lo habían lanzado.”
¿Cuáles eran los pensamientos de José al asomarse a este cráter? ¿Cómo recordaba ese momento de su vida? ¿Qué futuro podía imaginar con sus hermanos, aquellos que lo habían amenazado de muerte?
Una respuesta midráshica: “José se levantó y oró, ‘¡Bendito sea Dios que ejecutó un milagro para mí en este lugar!’” Allí, asomado a un árido foso, el lugar donde corrió más peligro y sintió más temor, José rememora y ve la maravilla, misterio y gracia presentes en su vida. En términos personales, semejante fe y comprensión son lo que podríamos describir como la conciencia de Dios.
José evaluó las experiencias y la realidad que se convirtieron en la historia de su vida, y como resultado de todo lo que ocurrió, mirando retrospectivamente no ve el daño. Más bien, José encuentra las intenciones de Dios en los eventos de sus días. “Vosotros os propusisteis contra mí el mal, pero Dios lo propuso para bien, a fin de hacer lo que hoy se ve; a saber: conservar la vida de mucha gente” (Génesis 50:20). En un nivel todavía más profundo, José ha descubierto una verdad sobre sí mismo, así como sobre el resto de nosotros. En el medio de nuestra abundancia, nuestra inteligencia y nuestras habilidades, la perspectiva de José nos enseña que vivimos mejor con una percepción de Dios, perspectiva que nos hace humildes, nos ayuda a enmarcar nuestras relaciones con otros, y puede ayudar a cada uno de nosotros a definir su propio lugar en el mundo.
¿Qué significa tener conciencia de Dios? Semejante conciencia o fe es nuestra manera de organizar, y de imponer significado, a las muchas circunstancias y situaciones que conforman nuestras vidas; esos momentos apremiantes sobre los que también construimos recuerdos idealizados, reminiscencias a veces distintas de los hechos que realmente sucedieron. En otras palabras, la manera en que entendemos los eventos que experimentamos define lo bien que respondemos a ellos, y el significado que derivamos de ellos.
Esta era la percepción de José frente a sus hermanos. Era capaz de describirles los resultados de lo que habían hecho. Pudo descubrir un propósito y atribuirle un significado a todas sus experiencias. “¿Pues soy yo acaso en lugar de Dios?”, pregunta (Génesis 50:19). Por supuesto que no, podemos responder todos junto con José. Cada uno de nosotros está en el lugar que le corresponde, responsable de comprender el flujo y consecuencia de cada una de las elecciones, y relaciones, que hace en su vida.
El regalo que nos da la Torá es el del discernimiento; una conciencia de Dios que nos señala los ideales y creencias que debieran ser prioridad en nuestras vidas. Tal discernimiento se enfoca en aquello que trasciende lo específico de los eventos en particular, resaltando más bien su legado esencial. Pero, depende definitivamente de la forma cómo los veamos.
Algunos de nosotros, como los hermanos de José, podemos ver solamente los hechos que se han dado, manteniéndonos nerviosamente en espera para ver lo que podría venir después. Otros, como el mismo José, podemos aprender a poner esos hechos dentro de un contexto más grande, para apreciarlos con sensibilidad sagrada y, aunque no olvidemos lo que ha sucedido, hacernos responsables de encontrar en ellos un significado consecuente para nuestras vidas.
Shabat shalom
Rabino Ron Shulman
La publicación y distribución del comentario del J.T.S. de Parashat Vaieji ,
por el Rabino Shulman, ha sido posible gracias a la generosa donación
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La traducción del comentario de la Parashá del J.T.S. es realizada por la Unión Judía
de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe:
http://www.ujcl.org/. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.
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Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe,
con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en
español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación
B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit
Israel, Panamá.
Versión original en inglés.
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