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Todos saben que en la Hagadá de Pésaj se mencionan 4 niños, y que uno de ellos es el niño malvado. Pero probablemente muy pocos estamos conscientes de que la pregunta atribuida a este niño es un versículo bíblico que se encuentra en la porción de la Torá de esta semana. “¿Qué es para vosotros este servicio (avodá)?” (Éxodo 12:26). El versículo, en su contexto, dice lo siguiente:
“Y será que cuando hubiereis llegado a la tierra que os dará el Señor, como Él ha prometido, observaréis este culto. Y será que cuando os preguntaren vuestros hijos: ‘¿Qué es para vosotros este servicio?’, diréis: ‘Sacrificio de Pesaj es al Señor, el cual pasó por alto las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando iba hiriendo a los egipcios, y libró nuestras casas’” (Éxodo 12:25-27).
A menudo se ha hecho notar que no hay nada inherentemente malvado en la pregunta en cuestión. ¿Por qué, entonces, se le atribuye esta pregunta al niño malvado? Por supuesto, los autores de la Hagadá se refieren a esta misma pregunta. “Tú, y no él,” dicen los autores de la Hagadá; “él se ha alejado de la comunidad”. Comentarios tradicionales posteriores proporcionan evidencia aun más ingeniosa (y menos convincente) de que esta pregunta es la de un chico malvado. Algunos eruditos modernos opinan, por el contrario, que el creador del midrash de los cuatro niños necesitaba clavijas bíblicas de donde colgar su creación, y que eligió sus versículos arbitrariamente.
Lo que me interesa es un corolario de los esfuerzos exegéticos de la Hagadá. Prescindiendo de la forma en que intenta enlazar el versículo del Éxodo con el chico malvado, al hacerlo le da a la pregunta visos de legitimidad; a lo menos, el hecho de identificar la pregunta del niño malvado con una interrogante registrada en la Torá, implica que la pregunta debe tomarse con gran seriedad.
Para esto, no obstante, debemos entender la intención de la pregunta. Aquí nos ayuda, en mi opinión, el Talmud de Jerusalén. En un pasaje paralelo al que nos ocupa en nuestra Hagadá, aunque significativamente diferente, encontramos la pregunta del niño malvado formulada y extendida de la siguiente manera:
"¿Qué dice el niño malvado? ¿Qué quieren decir con este servicio (avodá)? (Es decir) ¿qué es esta carga que ponen sobre nosotros cada año?”
¿Cuál es la conexión entre el versículo y la pregunta-queja del niño malvado? El Talmud de Jerusalén pareciera jugar con la ambigüedad de la palabra avodá, que puede significar tanto “rito” (plegaria, por ejemplo, es llamada avodat ha-lev, “servicio del corazón”) como “servidumbre”. En boca del chico malvado, según el Talmud de Jerusalén, el versículo se convierte en una aguda crítica de la experiencia total del Éxodo: “Tú alegas,” dice el niño, “que Dios, a través de su instrumento Moisés, nos sacó de la esclavitud. ¡Pero esto es una mentira! Solo hemos cambiado una esclavitud por otra. Antes, nuestro amo era el Faraón, obligándonos a hacer ladrillos y construir pirámides. Ahora nuestro amo es Dios, quien domina sobre todos los aspectos de nuestra existencia, desde la mañana hasta la noche. Esta misma celebración de Pésaj es parte de la servidumbre impuesta sobre nosotros. ¿Qué hay para celebrar?”
Realmente una buena pregunta, especialmente para nosotros y para nuestros hijos, que vivimos en una sociedad donde la autonomía y la libertad son lema. Una buena pregunta, especialmente para nosotros como miembros de un movimiento halájico, un movimiento que afirma la autoridad de la Torá y nuestra obligación religiosa de estudiar y vivir según sus enseñanzas. ¿No nos suscribimos acaso a una forma de servidumbre, en conflicto con las normas y valores de la cultura americana y, más fundamentalmente, que contradice nuestra celebración de liberación?
Hasta cierto punto, la Torá misma está consciente de esta dificultad y consigna este desafío. La Torá se extiende mucho a lo largo de la descripción de las diez plagas, para describir la conducta de Faraón. Uno de los contrastes para los que sirve esta descripción es para comparar a Faraón con Dios. Faraón es un destructor de la familia israelita. Primero, deja exhaustos a los hombres al forzarlos a involucrarse en una tarea abrumadora. Más tarde, tras el primer ruego infructuoso de Moisés ante él, Faraón le gasta una cruel broma a los israelitas; a los informes de que su labor es difícil, responde negándose a darles más paja, convirtiendo su difícil tarea en una tarea imposible. Finalmente, ni siquiera esto es suficiente para Faraón; todos los niños varones de Israel deben ser destruidos. La familia israelita, y por lo tanto la nación israelita, dejará de existir.
Dios comprende el plan de Faraón, y por ello, su primer precepto a los israelitas involucra el sacar a Israel de la esclavitud, al restaurar la dignidad e integridad de la familia israelita. Dios les da a los israelitas un calendario, diciéndoles a partir de cuándo contar el primer mes. Es decir, les devuelve el significado e importancia del tiempo. Un esclavo no tiene ningún control sobre su tiempo; su tiempo no es suyo. El mandamiento de “Este mes os será el principio de los meses” (Éxodo 12:2) restituye a los israelitas el regalo del tiempo. La ceremonia misma de Pesaj restituye la familia al menos en dos sentidos. Primero, el cordero pascual debe ser comido por la familia. Segundo, el lazo entre padres e hijos se fortalece cuando una generación le cuenta la historia del Éxodo a la siguiente.
Se podría decir, entonces, que la Torá se toma muy en serio la pregunta del chico malvado, y responde en un estilo reflexivo. Las estructuras y autoridad no son malas inherentemente, dice la Torá. La pregunta es: ¿quién está al mando, y por qué? Faraón es el arquetipo de la autoridad egocéntrica y destructiva. Nosotros, que vivimos en el siglo XXI, no necesitamos que nadie nos diga adónde puede llevar semejante tiranía. Sin embargo, si confundimos toda autoridad con la autoridad de la tiranía, con ello nos empobrecemos inmensamente. La voz de Dios, como se formula en la Torá, también nos habla con la voz de la autoridad; pero la meta propuesta es diametralmente opuesta a la de la tiranía. Esta autoridad espera despertar en nosotros las fuerzas del bien, de la consciencia. Nos llama a servir a Dios, para que podamos encontrar todo lo bueno que tenemos dentro. En efecto, solo haciendo esto podemos, enfrentados a la tiranía, encontrar la fuerza para resistirla.
Shabat shalom,
Rabino Eliezer Diamond
La publicación y distribución del comentario del J.T.S. de Parashat Bo ,
por el Rabino Diamond, ha sido posible gracias a la generosa donación
de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.
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