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Comentarios sobre la Torá del J.T.S.
       (Seminario Teológico Judío de América)

 

BERESHIT 5767
Bereshit - Génesis 1:1-6:8
21 de octubre, 2006 - 29 de Tishrei, 5767

Por el Profesor Arnold M. Eisen,
Rector Electo del JTS

Traducción de Inés Baum



¿Por qué la Torá comienza donde lo hace, al puro Principio, en lugar de hacerlo con el primer mandamiento dado al pueblo de Israel, que aparece ya bien avanzado el Libro del Éxodo?  La maravillosa pregunta de Rashi al principio de su comentario sobre la Torá parece diseñada para provocar muchas respuestas, aparte de la que él mismo propone.  Su respuesta a la pregunta es suficientemente interesante y todavía pertinente en nuestros días: si las naciones del mundo acusaran a los judíos de haberle robado la Tierra de Israel a las siete naciones de Canaán, podríamos responder, basados en el Génesis, que Dios creó el mundo, toda la tierra es de Dios, "y Él la repartió como le pareció bien a sus ojos".  Últimamente encuentro otra respuesta a la pregunta de Rashi mucho más atractiva y no menos importante.  Nos lleva directamente de vuelta al asunto que provocó la pregunta en primer lugar.

Según esta interpretación, la Torá comienza donde lo hace porque solamente estudiando estos relatos de nuestros ancestros una y otra vez podemos, sus lectores fieles en cada generación, prepararnos a nosotros mismos para el pacto en el Sinaí.

Para poder entender la estrategia de la Torá a este respecto, considere esta pregunta:  ¿Qué se necesita para adquirir lo que el filósofo Friedrich Nietzsche sabiamente llamó "el derecho a hacer promesas"?  Me parece que fue Mary Poppins la que mejor explicó lo que Nietzsche quiso decir con esta frase, cuando previno contra las "promesas de morondanga, fácilmente hechas y fácilmente rotas".  Demasiadas promesas carecen completamente de valor, sin importar la sinceridad de la persona que las hace, pues su cumplimiento no depende de esta persona.  Pueden faltar la voluntad o la habilidad; las circunstancias pueden muy bien estar fuera de su control.  No tenemos derecho a hacer promesas tan fortuitas.  La amistad y el matrimonio, los negocios y la política, todo sería mucho más fácil si no tuviéramos que preocuparnos por esto.

El Sinaí es un evento tan importante en la vida del pueblo judío y el mundo entero que no podemos permitir que sea trastornado por compromisos hechos a la ligera e incapaces de ser cumplidos.  Podemos conformar una buena defensa para la aparente suposición de Rashi de que toda la Torá se puede considerar provechosamente como una subida y un descenso del "Sinaí"; el momento de encontrarse con Dios y de asumir las obligaciones del pacto.  Necesitamos asegurarnos, antes de hallarnos en esa montaña, de que estamos listos para lo que nos espera allí.  ¿Cómo nos preparamos apropiadamente para las promesas hechas a otros, a Dios y a nosotros mismos, que nos definirán para el resto de nuestras vidas como individuos y como comunidad, en todas y cada una de las generaciones?  ¿Qué se necesita para alcanzar semejante pacto, para mantenerlo y para reafirmarlo?

Lo primero que se necesita es un sentimiento firme de quiénes somos.  Así pues, Bereshit comienza la historia humana dejando claro, como señalaron los rabinos en diversos midrashim muy conocidos, que nosotros, quienes algún día nos uniremos al pacto, no somos simplemente israelitas/judíos sino seres humanos, creados con la misma imagen de todos los demás.  Nuestra sangre es la misma que la de todos los demás.  En efecto, Dios comenzó el contacto y el pacto con Abraham, según relata la Torá, con el fin de remediar ciertos aspectos de la situación humana.  Las generaciones desde Adán hasta Noé marcaron degeneraciones a las que Dios reaccionó con un plan diseñado para beneficiar al mundo entero.  Entonces, quiénes somos como judíos, qué hacemos en conformidad con el pacto, no tiene ningún sentido a menos que seamos vistos, y nos veamos a nosotros mismos, como parte de la familia humana más grande que, como nosotros, desciende primero de Adán y Eva y, posteriormente, a través de Noé.

Las lecciones que necesitamos aprender sobre cómo ser seres humanos judíos, ya sea por primera vez o por la número cincuenta, ya sea (como israelitas) en tiempos de Moisés o (como judíos) en nuestra propia época, no son del tipo de enseñanzas que se pueden captar en un aforismo por memorizar, o deducir de uno u otro cuento, o plasmar en la conducta por cualquier experiencia determinada.  Estas enseñanzas requieren de reflexión que lleve a la práctica, de disciplina que estimule el pensamiento, de encuentros directos e indirectos con multitud de situaciones que nos hagan ver dónde residen los fundamentos y el bien en la vida, cómo alcanzarlos y qué traer de vuelta con nosotros a la "superficie" del día a día.  Bereshit y la Torá como un todo pretenden proporcionar esto, precisamente esto.

Yo cuento entre mis mayores suertes el hecho de tener la oportunidad de profundizar en la vida con la ayuda de estos relatos que nosotros los judíos releemos al menos una vez al año, y profundizar aún más en las historias con la ayuda de la vida.  Agradezco, a menudo, el poder enfrentar las pruebas que no necesito en mi vida desde la distancia segura de un lector; en otros momentos, me pregunto qué debo hacer con este texto al cual estoy obligado y comprometido a preservar con mi propia manera de vivir.  Un versículo que me parece un regalo puede muy bien ir seguido de otro que parece una carga.  Esto también es parte de lo que el texto pareciera querer enseñarnos.  Los compromisos son así.  Las promesas traen consigo consecuencias inesperadas.  Nos arriesgamos al cumplir compromisos y promesas.

La Torá pareciera diseñada para arrastrar a sus lectores, generación tras generación.  Comentaristas antiguos y modernos han iluminado las herramientas de su arte literario.  Permítanme mencionar tres aspectos de su enfoque que, en mi opinión, parecieran especialmente bien calculados para llevarnos al nivel existencial requerido.

Primero, la Torá nos presenta seres humanos que reconocemos inmediatamente como personas iguales a nosotros.  No está escrita para ángeles, apuntaron los rabinos hace mucho tiempo.  No actúan santurrones ni teje cuentos de hadas que siempre terminan bien.  En lugar de esto vemos hermanos que pelean (y algo peor) desde el principio, maridos que culpan y usan a sus esposas, padres que no se distinguen por ser buenos ejemplos en la crianza y, en todos los casos, agudeza y profundidad psicológicas.  Sabemos que esto trata sobre nosotros.

Segundo, la Torá nos presenta un mundo histórico que podemos reconocer.  Mucho antes de llegar a la historia del genocidio actual, al principio del Éxodo, nos encontramos con minorías y extraños que temen que su propiedad y sus vidas les serán arrebatadas por los locales que detentan el poder.  La Torá está diseñada para el mundo que reconocemos como nuestro.

Finalmente, el Dios que conocemos en Génesis –o, mas bien, que vislumbramos o escuchamos por casualidad, a quien agradecemos y ante quien nos maravillamos, a quien tememos y alabamos– es un Dios consonante con lo que nosotros hemos aprendido de las experiencias de la vida:  misterioso, más allá de toda comprensión, presente, exigente, bendito más allá de las palabras.  La Torá también parece buscar, desde los gloriosos versículos introductorios del Génesis en adelante, el lenguaje adecuado para las promesas a Dios a las que pretende dirigirnos.

El Sinaí aguarda.  Llegamos allí, una y otra vez, al comenzar nuestros preparativos en el Principio.

Shabat shalom,

Arnold M. Eisen  

La publicación y distribución del comentario del J.T.S. de Parashat Bereshit, por el Rabino Eisen, ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.


La traducción del comentario de la Parashá del J.T.S. es realizada por la Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe: http://www.ujcl.org/. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

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Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit Israel, Panamá. Versión original en inglés.

 

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Última actualización:    24 de octubre, 2006