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Comentarios sobre la Torá del J.T.S.
       (Seminario Teológico Judío de América)

 

NOAJ 5767 
Bereshit - Génesis 6:9-11-32
28 de octubre, 2006 - 6 de Jeshvan, 5767

Por la Dr. Sharon Keller,
Profesora Asistente de Biblia del JTS

Traducción de Inés Baum



Cuando pensamos en la Parashá Nóaj, nos imaginamos una historia que todos conocemos bien desde que éramos niños.  En nuestra mente, podemos ver el arca con sus cubiertas escalonadas y a Noé envuelto en una túnica blanca, mirando por la ventana mientras una paloma vuela hacia un arco iris en el fondo.  Si esa imagen no le es familiar, un viaje a cualquier librería local (especialmente una con una sección para niños) le proporcionará gran variedad de opciones.  Noé figura en forma prominente en nuestra versión mental de la historia, como lo hace en el Génesis, pero ¿se enfoca el texto en él y sus actos o subraya la Biblia algo diferente?

Al final de la Parashá Bereshit, se nos dice que la humanidad en general había sido absorbida por la maldad y que la gente tenía continuamente pensamientos malvados (Gén. 6:5).  Es en este contexto que comenzamos a saber de Noé, y se nos dice que él "halló gracia en los ojos del Señor".  (Se le menciona en las genealogías del capítulo 5, pero allí solo se nos da información estadística.)   En nuestra parashá leemos que Noé era "varón justo y perfecto entre sus contemporáneos; Noé andaba con Dios" (Gén. 6:9).  Nuestros sabios no se pusieron de acuerdo en su comprensión de este versículo.  ¿Debemos considerar esto como un cumplido para Noé y su fibra moral – era verdaderamente justo a pesar de quienes lo rodeaban, y fue por lo tanto salvado por su propio mérito – o debemos entender este versículo de manera comparativa, en relación con la sociedad en general:  Noé era "intachable" pero en cualquier otra época no hubiera sido un individuo excepcional?

No es de extrañar que nuestros sabios no pudieran ponerse de acuerdo sobre cómo interpretar el carácter de Noé, pues el asunto es complicado; la Biblia no nos ofrece mucha información.  Noé nunca habla (ninguna frase semejante a "y Noé dijo" aparece en el texto) y rara vez inicia la acción.  Hay dos ocasiones en las que Noé actúa completamente por su propia iniciativa, y ambas muestran un lado positivo y un lado negativo de él.  Los dos episodios en cuestión se dan después del diluvio (Gén. 8:20-21 y 9:20-22).  Primero, lo positivo: tras abandonar Noé y su familia el arca, sanos y salvos, Noé, sin que nadie se lo ordene, construye un altar y ofrece "holocaustos al Señor".  Pero entonces, después de que Dios hace un pacto con la humanidad, Noé planta un viñedo, bebe el vino, se emborracha y se ve envuelto en un incidente sexual cuyos detalles no están claros, pero que definitivamente violan alguna poderosa prohibición.   Una lectura sencilla del texto bíblico no nos enseña mucho sobre Noé.  Pero a pesar de la rectitud de Noé, una cosa permanece inequívoca; se nos da a entender que la generación que precedió al diluvio estuvo marcada por una inmoralidad flagrante.

Es bien sabido y no sorprende el hecho de que existen antiguos antecedentes en el Cercano Oriente sobre el relato bíblico del diluvio.  En la literatura antigua, el diluvio cósmico puede ser visto como un punto de demarcación que marcó el final del tiempo virgen.  En la literatura antigua, incluyendo la Biblia, crónicas postdiluvianas son mucho menos fantásticas que los relatos antediluvianos.  La historia del diluvio que se encuentra en la undécima tabla de la Épica Babilónica de Gilgamesh es el informe sobre la antigua inundación mejor conocido y, probablemente, el texto antiguo del Cercano Oriente más conocido.   La épica llegó por primera vez a los titulares a principios de 1870, cuando fue publicada y reconocida inicialmente como un paralelo temprano del diluvio encontrado en el Génesis.  Una lectura de ambas historias demuestra que comparten una estructura y un argumento básicos.  Ambos cuentan cómo se decidió en el cielo provocar el fin de la humanidad y cómo fue elegido un hombre para construir un bote con el fin de salvarse a sí mismo, a su familia y a todos los animales de la tierra.  Una vez construido y cargado, la puerta del bote se cierra y un diluvio feroz consume al mundo.  Cuando el diluvio amaina y las aguas comienzan a retroceder, el "héroe" sobreviviente envía a tres aves, una después de la otra, para asegurarse de si la tierra es apta para que los sobrevivientes se establezcan.  Una vez que todos han desembarcado sanos y salvos, el "héroe" ofrece sacrificios, y Dios (/un dios) comenta.

Las semejanzas entre las historias llaman la atención, y el consenso entre los eruditos sostiene que estos paralelismos no son casualidad.  Pero son las diferencias, a veces diferencias muy pequeñas, las que iluminan nuestro entendimiento sobre el relato bíblico y las polémicas declaraciones que hace.  El sobreviviente del diluvio en la Épica de Gilgamesh, Utnapishtin, es instruido por el dios Ea: "¡Entra en el barco, clausura la puerta!"  Unas pocas líneas más adelante, Utnapishtin cuenta que "cuando llegó el momento señalado… yo entré en el barco y clausuré la puerta" (Gilgamesh XI, líneas 88-92).  Génesis 7:16 termina en forma similar, en que después de que la familia de Noé y todos los animales entraron al arca, "el Señor cerró tras él la puerta". La diferencia aquí es muy sutil y no altera el desenlace de la historia.  ¿Importa realmente quién cierra la puerta del barco?  Por supuesto que sí.  La Biblia nos está enseñando algo sobre Dios.  Dios decide cuándo están completas las preparaciones para el arca, y Dios participa activamente en la salvación de los habitantes del arca, pues únicamente Dios tiene el control total.

El concepto del control y poder aplastantes de Dios es destacado por las diferencias entre ambos textos – en su descripción de la confusión del diluvio.  Dios ordena a lo que después sería llamado "naturaleza", así que cuando llega el momento para que amaine el diluvio, "hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y comenzaron a disminuir las aguas.  Y fueron cerradas las fuentes del abismo y las ventanas de los cielos" (Gén. 8:1b-2a).  Dios solo provoca el diluvio y mantiene el control sobre él.  Este no es el caso en el equivalente mesopotámico.   Como es de esperar en un texto politeísta, todos los dioses juntos provocan el diluvio, cada uno haciendo su labor para derramar las aguas sobre la tierra.  Pero en la versión cuneiforme, los dioses no tiene el control total; su poder es limitado.  "Los dioses se atemorizaron del diluvio, se retiraron y subieron al cielo más alto de Anu.  Los dioses se acobardaron como perros, refugiándose adentro" (líneas 110-120).  El poder de Dios queda demostrado en relación con Noé y los habitantes del arca, y ese control se extiende a todos los elementos, inclusive al diluvio que se llevó consigo toda la creación.

Hay otro aspecto del Dios bíblico que queda claro tras observar las dos narraciones del diluvio juntas.  Cuando Utnapishtin comienza su historia, él dice que los "grandes dioses decidieron traer el diluvio" (línea 10f); no aparece ninguna otra motivación.  Y cuando Utnapishtin carga su barco trae a su familia inmediata, la "semilla de todos los seres vivos", y además trae a su familia extendida, los hábiles artesanos, y hasta plata y oro.  La carga de Noé es mucho más limitada.  Él lleva a su familia inmediata, los animales y las provisiones. La disparidad entre los habitantes de los dos botes se relaciona con la diferencia en la razón del diluvio.   No se da ninguna razón para el diluvio en la Épica de Gilgamesh; los dioses provocan el diluvio por un antojo caprichoso.  Como tal, no hay nada malo con la sociedad antediluviana, por lo que Utnapishtin puede traer consigo todo lo que pudiera necesitar para recrear la sociedad que fue destruida, incluyendo la plata y el oro necesarios para reconstruir la economía.  La Biblia es muy clara; Dios no es caprichoso, ¡el diluvio no fue provocado por un antojo caprichoso!  Desde el principio se nos dice que el mundo antes del diluvio era corrupto; Noé debía comenzar otra vez de cero, ningún elemento del viejo mundo humano fuera de Noé y su familia inmediata podía existir.  Es la moralidad de Dios la que dirige la historia.

Es al leer estos relatos juntos que podemos comenzar a comprender que la historia bíblica del diluvio no trata sobre la inundación, ni sobre Noé; trata más bien sobre Dios, esto es, el poder integral y envolvente de Dios y la moralidad única de Dios.

Shabat shalom,

Dr. Sharon Keller

La publicación y distribución del comentario del JTS de Parashat Nóaj, por la Dra. Keller, ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.


La traducción del comentario de la Parashá del J.T.S. es realizada por la Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe: http://www.ujcl.org/. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

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Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit Israel, Panamá. Versión original en inglés.

 

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Última actualización:    1 de noviembre, 2006