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Comentarios sobre la Torá del JTS
       (Seminario Teológico Judío de América)

 

NÓAJ 5768
13 de octubre, 2007 - 1 de Jeshvan, 5768

Por el Profesor Arnold Eisen,
Rector del JTS 

Traducción de Inés Baum



La porción de esta semana, llamada así en honor al segundo progenitor masculino de la especie humana, viene a responder una pregunta de importancia fundamental para la Torá, y no menos crucial para nosotros.  Podríamos formularla, algo anacrónicamente, así: ¿Por qué los judíos?  ¿Por qué fue que el Creador de toda la humanidad decidió dar el sorprendente paso de establecer una relación especial con un pequeño segmento de la humanidad?  Parashat Bereshit concluye cuando Dios se da cuenta de que la creación, como un todo, no está cumpliendo con las expectativas para las que fue creada.  Parashat Lej Lejá comienza con la orden a Abraham para que guíe a su familia en una nueva dirección, lo que resulta en un nuevo camino para el mundo como un todo.  En el medio, tenemos Parashat Nóaj.  Busca explicar ese paso fatídico de Adán a Abraham, de la humanidad a los judíos, aparte de muchas otras cosas. 

Una forma apropiada para entender los propósitos de la Torá aquí es observar cuidadosamente un pasaje clave en el texto, que consiste en la repetición exacta de un versículo anterior, pero con algunas diferencias.  En el capítulo 1 del Génesis, versículos 28-29, Dios bendice a la humanidad con las palabras: "Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, y en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra."  Dios después anuncia que las plantas y frutas "os serán para comer."  Los animales, también, serán comedores de plantas.  El cuadro es uno de perfecta armonía.  Dios reconoce que la creación "era buena".  Pero no la segunda vez (9:1).  "Y bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: `Fructificad, y multiplicaos, y llenad la tierra'."  Hasta este punto, la repetición es completa.  Pero veamos lo que sigue.  "Vuestro temor y vuestro pavor será sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se moverá en la tierra, y en todos los peces del mar; en vuestra mano son entregados."  Matar aparece ahora en el orden mismo de la existencia.  Dios, habiendo ordenado comer carne, ahora prohíbe comer su sangre vital.  Y matar trae consigo más matanza.  "El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada."

El nuevo orden se caracteriza, no por la unidad y la armonía, sino por una discordia esencial y opuestos intrínsecos (8:22): "siembra y siega, frío y calor, verano e invierno, día y noche", y la más importante de todas, quizás, no mencionada aquí pero implícita en la bendición y prohibiciones citadas: bien y mal.  Las generaciones entre Adán y Nóaj han sido marcadas por degeneraciones.  La humanidad ha probado que posee potencial para hacer el bien, así como para imaginar el mal.  Y sin embargo, las intenciones de Dios continúan en su sitio tras el Diluvio.  El deseo de Dios por la vida, incluida la vida humana, todavía es fuerte.  "Fructificad, y multiplicaos, y llenad la tierra."  Dios desea que la bondad prospere dentro de Su creación.

Entonces, ¿qué puede hacer Dios para que esto suceda?  La Torá, al parecer, nos coloca dentro del dilema divino.  Dios puede alterar la naturaleza del material humano, privando a la humanidad de la libertad, iniciativa y poderes de la mente esenciales para nuestra creación a imagen de Dios.  Este paso privaría a Dios de nuestra sociedad para proseguir con la creación.  O Dios puede dejar a los hombres como son; pero entonces llegaríamos, tarde o temprano, a los mismos resultados decepcionantes que llevaron al Diluvio;  Dios tendría que borrar la corrupción y volver a comenzar otra vez con un tercer grupo de progenitores, y así hasta el infinito.  Ninguno de estos dos planes es aceptable.

Con la señal del arco iris, Dios prometió no hacer lo segundo:  no habrá más destrucción.  Los pecados cometidos por los descendientes de Nóaj, dejan claro que Dios tampoco hizo lo primero.  La naturaleza humana sigue siendo igual.  Dios elige una tercera alternativa: la educación.  Dios elegirá una familia humana en particular, le regalará una exposición liberal a la presencia de Dios, le proveerá de las mejores leyes posibles para construir un orden social ideal, y de una tierra en la cual instituir esas leyes y disfrutar de la presencia de Dios;  Dios hasta liberará a este pueblo en esta tierra de dos desventajas, a menudo utilizadas por la humanidad como excusa para lograr menos bondad de la que es capaz de lograr:  escasez (la Tierra de Israel fluirá con leche y miel) y enemigos (Dios ayudará a proteger a Israel).  Este pueblo servirá como ejemplo a la humanidad, proveedor del tipo de educación que no se aprende en libros, exhortaciones ni revelaciones divinas, sino más bien a través del método más poderoso: la experiencia.

El Deuteronomio capta la intención de Dios en forma precisa (Deut. 4:5-8).  Es, de hecho, la fuente de mi lectura de la Parasha Nóaj.  Las naciones observarán la justicia imperante en la sociedad israelita, así como la buena fortuna de que en general goza.  Estas bendiciones serán "vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: ‘Ciertamente esta nación grande es un pueblo sabio y entendido'."  Ellos anhelarán las sabias enseñanzas y la presencia de Dios.  Y así será transformada la humanidad, una vez que el fundador del nuevo orden deje atrás todo lo que le es familiar y siga a Dios "a la tierra que Yo te mostraré". 

La creación continúa, en una palabra, por medio del pacto.  Por supuesto, tanto para Dios como para nosotros, el desafío es que el material israelita/judío elegido por Dios para trabajar está hecho de los mismos ingredientes que el material humano que provocó, inicialmente, el que Dios eligiera a Israel.  La vida de Moisés y el Libro del Deuteronomio terminan, ambos, con graves advertencias con respecto a la deserción israelita de la intención divina.  Mucho del tercio siguiente de la Biblia, que viene inmediatamente después, consiste en luchas incesantes entre profetas y reyes, en las que vemos representada la lucha más grande, parte integral del pacto entre Dios y la humanidad, entre aquello que es y aquello que debiera ser, entre los negocios y la política normales y los negocios y la política como Dios quiere que sean.  "Mientras la tierra perdure, siembra y siega, frío y calor, verano e invierno, día y noche, no cesarán" – pero el acto moral, según trata de convencernos la Torá, puede erigirse en lo más importante. 

Este mundo, nuestro mundo, está lejos de ser idílico.  Pero hay abundante espacio en él para los ideales, espacio más que suficiente para representar el pacto, usando todos los dones que la humanidad tiene a su disposición, especialmente la mente y el corazón, capaces de grandes bondades, que pueden ser aplicadas a la enseñanza y experiencia de Torá.  Los judíos tienen muchos socios en este esfuerzo.  No somos los únicos en beneficiarnos del pacto entre Dios y Nóaj, y de la garantía de que Dios no provocará una segunda destrucción.  La responsabilidad para que tampoco nosotros provoquemos una, es inmensa y nuevamente urgente. Parashat Nóaj nos señala el camino. 

Shabat shalom,

Arnold M. Eisen

La publicación y distribución del comentario del JTS de Parashat Nóaj, por el Profesor Eisen, ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.


La traducción del comentario de la Parashá del JTS es realizada por la Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe: http://www.ujcl.org/. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

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Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el JTS. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit Israel, Panamá. Versión original en inglés.

 

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Última actualización:    20 de noviembre, 2007