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Comentarios sobre la Torá del JTS
       (Seminario Teológico Judío de América)

 

VA-YERÁ 5768
27 de octubre, 2007 - 15 de Jeshvan. 5768

Por el Rabino David Hoffman,
Departamento de Desarrollo Institucional del JTS 

Traducción de Inés Baum



En un mundo en el que tanta violencia y dolor son provocados en nombre de la religión, ¿cómo podemos leer la historia de la "atadura de Isaac" como algo distinto a lo que Phyllis Trible llamaría un "texto de terror"?

La crueldad del texto evoca dolorosas preguntas:

¿Qué tipo de Dios probaría a un padre pidiéndole perpetrar violencia contra su hijo?

¿Qué tipo de gente no desafiaría de inmediato semejante petición, aun cuando creyeran que Dios nunca los dejaría llevarlo a término?

Aún más, ¿qué tipo de comunidades religiosas continuarían leyendo este relato, aceptando esta historia como modelo fundamental de fe religiosa - como verdadera sumisión a la voluntad de Dios?

Y sin embargo, donde algunos de nosotros quisiéramos condenar el comportamiento de Abraham, otros reconocen su grandeza.  Maimónides eleva el amor de Abraham a Dios descrito en nuestro relato como modelo a emular.  Debate la importancia teológica del viaje de tres días de Abraham; Abraham tuvo que caminar tres días desde el momento en que le fue ordenado por Dios hasta el momento cuando se le pidió levantar el cuchillo.  Si hubiera elegido actuar inmediatamente, podríamos explicar la conducta de Abraham como un acto cometido en un momento de pasión religiosa.  Antes de actuar, Abraham tuvo tres días para considerar racionalmente la verdad de la orden de Dios y de su propio amor por él.  Maimónides sugiere que solo en este contexto se puede apreciar realmente la grandeza del acto de Abraham (Guía para los Perplejos III: 24).

Me gustaría ofrecer una lectura más complicada del capítulo veintidós del Libro de Génesis.  Por un lado, Abraham "aprueba" el examen, aunque el texto apaga sutilmente la grandeza del comportamiento de Abraham.  Hay un aspecto de la historia que trastorna nuestra aceptación absoluta de Abraham como "caballero de fe".

En el segundo versículo de nuestro capítulo, Dios le dice a Abraham: "Toma, por favor, a tu hijo único, al que amas, a Isaac, y vete a la tierra de Moriá, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que Yo te diré."  Una vez que Abraham toma el cuchillo y lo levanta encima de la cabeza de su hijo, la locución exacta de esta oración se repite, ¡no una, sino dos veces!  El ángel clama desde el cielo:  "No extiendas tu mano contra el muchacho, ni le hagas nada; pues ahora conozco que tú eres temeroso de Dios, ya que no Me has negado ni a tu hijo único" (Génesis 22:2,12).

El ángel llama a Abraham una segunda vez:  "por cuanto has hecho esto, y no Me has negado a tu hijo único, te colmaré de bendiciones y abundosamente multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como la arena que está a la orilla del mar" (Génesis 22:16-17).  En ambos ejemplos, las palabras son las mismas, pero las palabras  "al que amas, a Isaac", están provocadoramente ausentes.  A través de la repetición de esta oración, y de la ausencia de la última cláusula de la frase, Dios comunica a Abraham lo siguiente:  "Yo ahora sé que tú Me amas y también ahora sé que tú no amas a Isaac.  Ningún padre que ame a su hijo levantaría jamás su mano con violencia contra su hijo."

Los rabinos del Talmud reflexionan todavía más sobre los conflictos religiosos que pueden surgir, cuando incitan al enfrentamiento entre el amor a Dios y el amor a los seres humanos.  Una de las discusiones más mordaces de este dilema es un texto que aparece en el Tratado de Yoma (23a).  Allí los rabinos cuentan una historia de dos sacerdotes, impacientes por servir a Dios, que eliminan las cenizas del altar en el templo.  Eran tan ardientes en su deseo de servir a Dios, aun en este acto aparentemente tan pequeño, que hacían una carrera entre ellos para ver cuál de los dos alcanzaba el altar primero, haciéndose acreedor a este honor.  Un día uno de los sacerdotes, en su pasión por ganar el honor de servir a Dios, sacó su cuchillo de sacrificio ritual y lo enterró en el pecho de su compañero sacerdote.

El amor a Dios se convirtió en una fuerza de horrible violencia en el mundo.

Y sin embargo, la tragedia de esta historia no termina aquí.

El padre del sacerdote acuchillado llega donde su hijo está muriendo y lo acuna.  ¿Podemos acaso comenzar a imaginar el dolor de este padre?  ¡Su hijo yace sangrante ante él, muriendo, apuñalado por un hombre que actuó con el fin de servir a Dios!

Pero la tragedia de la historia se intensifica.

El padre le dice a aquéllos que le rodean que debieran sacar el cuchillo de sacrificio ritual del pecho de su hijo antes de que él muera, para que el cuchillo no se vuelva impuro por su contacto con un cadáver.

¡El padre se preocupa de la pureza del cuchillo mientras su hijo muere!

El Talmud concluye:  "¡Esta historia nos enseña que la pureza de sus instrumentos era más importante para ellos que el derramamiento de sangre humana!" 

Los rabinos declaran que este relato ofrece un cuadro del amor transformado en patología.  Los rabinos ofrecen una denuncia severísima de una sociedad religiosa donde el amor por Dios está por encima del amor por los seres humanos.

Siempre que leo la historia de la atadura de Isaac, recuerdo este pasaje talmúdico.  Ahora leo el capítulo veintidós del Génesis a través del lente de los rabinos.

Cuando se lee a través de este lente, nuestro mundo requiere de la historia de Abraham e Isaac como nunca antes.  Esta narración debe servir como un correctivo para cierta lectura de la religión.  Esta historia clama a los que la escuchan con el siguiente mensaje:  "Si tu entendimiento del amor a Dios está por encima de tu amor por los otros seres humanos, detente.  Estás desoyendo trágicamente la voluntad de Dios."

Shabat shalom,

Rabino David Hoffman

La publicación y distribución del comentario del JTS de Parashat Vayerá, por el Rabino Hoffman, ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.


La traducción del comentario de la Parashá del JTS es realizada por la Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe: http://www.ujcl.org/. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

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Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el JTS. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit Israel, Panamá. Versión original en inglés.

 

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Última actualización:    20 de noviembre, 2007