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Comentarios sobre la Torá del JTS
       (Seminario Teológico Judío de América)

 

VA-YETZÉ 5768
17 de noviembre, 2007 - 7 de Kislev, 5768

Por el Rabino Edward Feld,
Rabino Visitante de la Escuela Rabínica del JTS

Traducción de Inés Baum



No nos llaman Pueblo de Abraham, ni Pueblo de Isaac, sino Pueblo de Israel, en honor del tercero de la familia patriarcal, Jacob. ¿Por qué llevamos el nombre que él adquirió?

Abraham es una figura mítica; casi no tenemos pistas sobre su vida privada. Tanto al principio de su historia como al final, le vemos siguiendo las órdenes de Dios con fe absoluta. Como todos los héroes épicos, va a la guerra y sale victorioso. Como quiera que nos sintamos nosotros con respecto a sus negocios con el Faraón y el rey filisteo, su vida pareciera estar encantada y Dios lo protege.

Aunque conocemos relatos míticos de este padre, existe una insuficiencia de información con relación a Isaac, su hijo, segundo de los patriarcas. En esencia, le vemos en dos escenas, y en ambas aparece como un actor pasivo: la Akedá y la bendición de Jacob. La primera es una narración en la que toda la atención se fija en Abraham; la segunda, una escena esencialmente orquestada por Rebeca, la esposa de Isaac.

La narración de Jacob es diferente de estas dos; tiene algo menos y mucho más. La vida emocional de Jacob es evidente. Se nos dice cuando siente miedo; se nos dice cuando está enamorado. Su vida doméstica es cuidadosamente examinada, y sus problemas y sentimientos están bien a la vista; en casi todo este relato está presente su mediación, a menudo sin éxito, en las rivalidades y competencias que se dan en el seno de su familia, con su hermano, entre sus esposas, entre sus hijos. Se envuelve en una batalla de ingenio con su tío, al principio perdiendo ante él, y después aprendiendo cómo jugar y ganando la partida. Cuando nos lo encontramos al principio de la parashá de esta semana, al parecer es un vagabundo sin dinero, descansando a la vera del camino con una piedra bajo su cabeza. A diferencia de Eleazar, el siervo de Abraham que, previamente en la narración del Génesis, fue a Harán a buscar una esposa para Isaac, Jacob es un pretendiente que no porta ningún regalo; cuando conoce a Labán, carece del dinero para comprar una esposa, por lo que debe trabajar siete años por la mano de Raquel. él llega a Harán, la patria que Abraham abandonó, en soledad, y cuando se va, parte con una familia grande. Aún más, aunque al principio no tiene ningún bien a su haber, al final de la lectura, cuando deja la casa de Labán, es claramente un hombre de riqueza formidable, arreando un masivo rebaño de animales. Pero la trayectoria de su vida no es siempre cuesta arriba. Su relación con su familia es constantemente turbulenta. Sospechamos que la relación de amor con Raquel ha encallado; su diálogo ciertamente pareciera menos amoroso. Su hijo mayor, Rubén, le falta al respeto. Sus discusiones con Labán casi le cuestan la vida. El miedo y la desilusión nunca le abandonan. En la ancianidad, reflexionando sobre ello, se quejará al Faraón: “Pocos y malos han sido los días de los años de mi vida” (Génesis 47:9).

De todos los patriarcas, entonces, Jacob es el más humano; pasa por altibajos, atraviesa logros exitosos y sufre tragedias. él es el más humano, el que más se asemeja a nosotros. Y se nos llama Pueblo de Israel porque las suyas son precisamente las labores más humanas en que nos tenemos que involucrar: cómo vivir con nuestros semejantes, cómo amar, como criar a la familia, cómo crear comunidad. De ese material está hecha la ley judía, la halajá, el sendero que debemos crear con el fin de construir una vida dirigida hacia Dios.

El Rabino Schneur Zalman de Liadi, fundador del Jasidismo Jabad, comienza su obra clásica, la Tania, con una discusión del Beinoni, la persona común y corriente, no aquélla que es totalmente justa ni aquélla que es malvada. Aunque muchos maestros jasídicos pusieron gran énfasis en el desarrollo del tzadik, el sabio religioso, Schneur Zalman pareciera defender que, al final, aun aquéllos que procuran llevar una vida de extrema piedad, son simplemente personas comunes y corrientes, hechas de carne y sangre, sacudidas por las circunstancias, sujetas a motivaciones ambivalentes, tratando de sacar adelante sus relaciones y de ser maridos, esposas, hermanos, hermanas, padres y madres decentes. Tenemos que enfrentar nuestros propios miedos, nuestros amores, nuestros asuntos, nuestro deseo de marcar una diferencia. Y siempre nos encontramos con el Otro que no es lo que esperamos, que está lleno de sus propias ambiciones, temores, tendencias, deseos; una sucesión de Otros con quienes batallamos.

Por lo que Jacob nos señala el camino. Se va a dormir a un campo, sueña y se despierta sólo para descubrir lo que él no comprendía o imaginaba: “En verdad hay un Dios en este lugar, y yo no lo sabía.” Nosotros, también, podemos entrar a nuestro mundo, el mundo de la cotidianidad, el lugar de la ambición y preocupación, del amor que lucha por verse realizado y del motivo que es malinterpretado, pero conforme nos esforzamos para crear una medida de santidad a partir de lo ordinario, a partir de lo cotidiano, realmente nos convertimos en participantes vivientes de la historia del Pueblo de Israel. Nosotros, también, podríamos ser capaces de imitar a nuestro epónimo ancestro y, en medio del esfuerzo, de la lucha, descubrir que es allí donde encontramos a Dios: en la revelación de que en lo cotidiano puede residir la santidad.

Shabat shalom,

Rabino Ed Feld

La publicación y distribución del comentario del JTS de Parashat Va-yetzé, por el Rabino Feld, ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.


La traducción del comentario de la Parashá del JTS es realizada por la Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe: http://www.ujcl.org/. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

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Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el JTS. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit Israel, Panamá. Versión original en inglés.

 

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Última actualización:    20 de noviembre, 2007