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Comentarios sobre la Torá del JTS
       (Seminario Teológico Judío de América)

 

MiKETZ 5768 
8 de diciembre, 2007 - 28 de Kislev, 5768

Por la Rabina Mychal Springer,
Decana Asociada y Directora de Educación del JTS

Traducción de Inés Baum



La parashá de esta semana tiene mucho que decirnos acerca del perdón. Casi al final de la parashá, nos encontramos con las palabras de Judá, dichas a su hermano José. Es un momento tardío en la historia, después de que los hermanos han vendido a José como esclavo, después de que José ha obtenido poder en Egipto, después de que ha habido hambruna en Canaán y después de que los hermanos de José han sido enviados, dos veces, por su padre a Egipto, en busca de comida. En este momento, José ha dicho que esclavizará a Benjamín, su hermano por parte de padre y madre, y que todos los demás hermanos son libres para irse. En este punto, Judá todavía no conoce la verdadera identidad de José. El cáliz ha sido encontrado en el costal de Benjamín y Judá hará todo lo que esté en sus manos para protegerle. “A lo cual respondió Judá: ‘¿Qué diremos a mi señor? ¿Qué hablaremos o con qué nos justificaremos? Dios ha puesto en descubierto la iniquidad de tus siervos’” (Gén. 44:16)

Judá reconoce que a él y a sus hermanos se les está devolviendo midá kenegued midá (medida por medida) por su pecado contra José, cuando le vendieron como esclavo. En lugar de ver la experiencia de la copa como algo casual y caprichoso, Judá reconoce la justicia en el guión. Sin importar la forma en que la copa acabó en el bolso de Benjamín, Judá ve la mano de Dios en el acontecimiento. En este momento, se hace responsable de todos sus actos, al reconocer que sus actos tienen un significado perdurable, dándole forma a los aparentemente desconectados eventos que se desarrollaron durante el viaje. Esa es una teología presente en el relato bíblico.

Pero José presenta una teología distinta. José ha construido cuidadosamente esta escena, con el fin de determinar si sus hermanos han hecho una verdadera teshuvá: si, enfrentados a la misma situación, actuarían de nuevo de la misma manera. Los hermanos aparentemente pasan la prueba y, (en la parashá de la semana entrante), José revela su identidad y se reconcilia con sus hermanos. En ese punto, José dice: “Yo soy José, vuestro hermano, a quien vendisteis a Egipto. Ahora, pues, no os aflijáis, ni os pese por haberme vendido acá; que para preservar vida me envió Dios delante de vosotros” (45:4-5). Continúa diciendo: “Así que ya no fuisteis vosotros quienes me enviasteis acá, sino Dios” (45:8).

Aviva Zornberg explora este pasaje en “El Principio del Deseo” y escribe que la teología expresada por José aquí, no se deriva de la teoría sino de las experiencias que ha vivido. Dice: “él habla desde su perspectiva personal sobre su propia vida, y lo hace con el fin de proporcionar a sus hermanos la única estrategia que les ayudará a reparar su propia vergüenza… José ha descubierto un vocabulario con el cual expresar su vida” (p.335).

Mientras que la teología de Judá lo lleva a abrazar la idea de que todo es producto de sus actos, la experiencia de vida de José le lleva a una teología que es, de alguna manera, la opuesta. Pensamos que actuamos impulsados por nuestros propios motivos, pero el plan de Dios es más grande que cualquier otro. Tras bambalinas, el plan de Dios guía todo lo que hacemos y todo lo que nos ocurre. Tanto Judá como José concuerdan en que los eventos de este mundo tienen significado, pero como el pecador que es, Judá se centra en hacerse responsable y, como “perjudicado”, José procura comprender el significado enclavado en lo que parece una tragedia creada por el hombre.

Me gustaría sugerir que esto es una guía muy útil para nosotros, cuando reflexionamos acerca del perdón. Cada uno de nosotros necesita meditar sobre el papel que juega Dios, y que jugamos nosotros, en relación con lo que hemos hecho y lo que se nos ha hecho. Aviva Zornberg subraya que la teología de José deviene de su experiencia; sería irresponsable, hasta cruel, que alguien le dijera a José que todo lo que le sucedió fue con vistas a una bendición. Pero si él genuinamente llega a esa interpretación de su vida, entonces aquellos de nosotros que somos testigos de su historia debemos apreciar el poder de su comprensión de su vida.

Cuando enfrentamos nuestros actos y reconocemos la extensión del daño que hemos causado, somos vulnerables a un colapso bajo el peso de la vergüenza. La vergüenza nos puede decir que somos despreciables, que no valemos nada. No sólo que nuestros actos fueron incorrectos, sino que nuestra propia esencia es incorrecta. Podría ser insoportable y abrumador para nosotros intentar levantarnos de esa vergüenza. Según la interpretación de Aviva Zornberg, si José no hubiera podido ayudar a sus hermanos a soportar la vergüenza por su conducta, estos no serían capaces de iniciar una nueva relación con él. No habrían podido experimentar ninguna esperanza para sí mismos. Esto no significa que José es responsable de aliviar la vergüenza de sus hermanos, pero la vergüenza puede llegar a ser un obstáculo tan insuperable que puede impedir la teshuvá.

Como demuestra el texto, esa vergüenza solo es parcialmente mitigada con el relato de José de su propia historia. A los hermanos se les hace difícil creer que José no les recrimine sus acciones. La vergüenza moldea la historia más adelante, cuando los hermanos mienten diciéndole a José que Jacob, antes de morir, les ordenó pedirle perdón (Ver Gén.50:16-17). Este aspecto de la historia capta una gran verdad con respecto a las relaciones. Aun cuando una persona ha sido perdonada por alguien a quien ha herido, esa persona quizás no sea capaz de creer que efectivamente fue perdonada. Su propio juicio contra sí mismo podría ser tan negativo que le haría suponer que el perdón no es real, que debajo de este, yace un resentimiento y una retención del perdón.

Nuestra habilidad para pedir perdón y nuestra capacidad para brindarlo a otros depende de que seamos capaces de superar nuestras narrativas familiares, en las que hemos estado anclados, con vistas a nuevos territorios en los que seamos vulnerables. Solo haciendo a un lado lo familiar, pueden surgir nuevas y curativas narraciones.

Shabat shalom,

Rabina Mychal Springer

La publicación y distribución del comentario del JTS de Parashat Miketz, por la Rabina Springer, ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.


La traducción del comentario de la Parashá del JTS es realizada por la Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe: http://www.ujcl.org/. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

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Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el JTS. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit Israel, Panamá. Versión original en inglés.

 

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Última actualización:    14 de diciembre, 2007