Santuarios del tiempo y del espacio
La parashá de esta semana dedica los primeros tres versículos al tema del Shabat y el resto lo dedica a temas relacionados con el Mishkán (Tabernáculo), específicamente con la construcción del mismo. A muchos sabios les ha llamado la atención la aparición de ambos temas, que aparentemente no tienen nada que ver uno con el otro.
Algunos sabios han aprendido de esta cercanía en el texto que todas las labores que se hicieron para la construcción del Mishkán son los prototipos de labores prohibidas en Shabat, llamadas Avot Melajá y que suman treinta y nueve. Como primero se habla del Shabat y luego del Mishkán, los sabios entendieron que todas estas labores debían interrumpirse en Shabat.
El rabino y pensador moderno Abraham Ioshua Heschel desarrolla una idea muy interesante que, de alguna manera, está basada en este texto, en la que distingue entre la santificación del tiempo y la santificación del espacio. Nos dice que nuestra tradición ha privilegiado la santificación del tiempo por encima de la del espacio. En nuestra parashá vemos que primero está el Shabat y que este está por encima de la construcción del Mishkán.
Así escribe Heschel en su libro “El Shabat y el hombre moderno”:
El judaísmo nos enseña a mantenernos adictos a la santidad del tiempo, a sentirnos ligados a los acontecimientos sagrados y a aprender a consagrar los santuarios que emergen del grandioso fluir del año. Los shabatot son nuestras grandes catedrales y nuestro Sancta Sanctorum es un altar que ni los romanos ni los germanos pudieron destruir, un altar que ni la apostasía pudo mancillar: el día del Perdón. El ritual judío podría describirse como el arte de las formas simbólicas en el tiempo, como la arquitectura del tiempo (p. 132).
Heschel nos recuerda que, a diferencia de otras culturas que han santificado el espacio, santuarios y catedrales, en nuestro pueblo, si bien se ha considerado a ciertos lugares como importantes, lo que ha primado son los santuarios del tiempo.
En este mismo sentido escribe el rabino Shmuel Avidor Hacohen acerca de lo que nos ha ocurrido en la historia con nuestros lugares sagrados:
Nos han echado de nuestros lugares sagrados, nos transformaron en extranjeros en tierras extrañas. A las tierras a las que fuimos dispersados no pudimos llevar nuestros lugares sagrados, pero sí llevamos con nosotros los santuarios que construimos en las cavernas del tiempo y, a la cabeza de ellos, nuestro Sancta Sanctorum: el Shabat. Y de tal modo sentimos que nuestra existencia no depende del lugar en el que habitamos, sino del tiempo en el que vivimos. (Likrat Shabat, p. 97).
Avidor Hacohen de alguna manera nos está diciendo que lo que ha mantenido viva nuestra tradición es justamente esta particularidad nuestra de santificar el tiempo. Fuimos dispersos por todo el mundo pero, a pesar de las distancias, pudimos encontrarnos en los mismos santuarios.
Es muy bella esta forma que tenemos de acercarnos a lo sagrado, aunque presenta un problema. Los lugares sagrados adorados por otras culturas se construyen con ladrillos, materiales, piedras preciosas, etc. y quedan establecidos por muchos años. Uno solamente debe acercarse a ellos para santificarlos.
En cambio nuestros santuarios, al estar en el tiempo, necesitan que nosotros los construyamos cada vez que la fecha del calendario se acerca. ¿Qué significa construirlos? Significa poder prepararnos espiritual y físicamente para que estos se tornen realidad.
Tomemos como ejemplo Purim, que se nos está acercando. Aunque sea 15 de Adar, día que comienza Purim, si no nos preparamos, no enviamos Mishlóaj Manot (plato de comida a nuestro prójimo) y Matanot laevionim (regalos a los pobres), no nos disfrazamos, no nos congregamos para leer la Meguilá, no tendremos el santuario.
De nosotros depende que los santuarios del tiempo existan para nosotros y nuestras familias. Pensar en la idea de santificar el tiempo es una filosofía muy profunda que requiere de un mayor esfuerzo por nuestra parte. Si reemplazamos nuestros santuarios del tiempo por paseos, trabajo y otros quehaceres, estos no serán edificados y nuestros hijos no los conocerán.
Hace años destruyeron nuestro Templo de Jerusalem, pero nos repusimos porque tenemos nuestro calendario y nuestras tradiciones.
A veces solemos olvidar este valor tan importante de nuestra tradición y nos inclinamos a privilegiar nuestros grandes y majestuosos edificios en vez de esforzarnos por santificar el tiempo.
Quiera D”s ayudarnos a que nuestros Santuarios del tiempo no sean destruidos como lo fueron los del espacio.
¡Shabat shalom!
Rabina Daniela Szuster
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Enviado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit Israel, Panamá.
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