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Comentarios sobre la Torá

 

SHEMINÍ 5768 - SHABAT PARÁ
Vaikrá - Levítico 9:1-11:47
29 de marzo, 2008 – 22 de Adar II, 5768

Por el Rabino Rami Pavolotzky,
Congregación B´nei Israel, Costa Rica

 

Interpretando la voluntad divina

El capítulo 11 del libro de Levítico es una de las fuentes clásicas de la Torá para lo que más tarde se dará en llamar “las leyes de Kashrut”, es decir qué nos está permitido y prohibido ingerir. La lista es larga y muy detallada, incluyendo muchos nombres de animales y algunas pocas reglas generales.

Ahora bien, una cosa que llama la atención es que no se incluya ninguna razón o explicación específica sobre por qué deberíamos abstenernos de comer lo que se prohíbe. Algunos intentan ver en los versículos finales del capítulo 11 una referencia a la aparente relación que existe entre la dieta judía y la santidad o consagración del judío piadoso. De todas formas, si éste fuera el sentido, la explicación dista mucho de ser explícita, y todavía podemos sentirnos asombrados al ver que la Torá no da una razón clara para la observancia de un precepto tan importante como es el de la Kashrut.

Para ser francos, debemos admitir que esta no es una excepción a la regla, sino más bien que así es el estilo bíblico: la Torá no suele enunciar las razones que expliquen porqué el hombre debe seguir sus mandamientos. El pensamiento judío desarrolla este tema mediante el concepto de taamei ha-mitzvot, es decir “el sentido de los preceptos”, o “las razones de los preceptos”. Muchos libros se han escrito intentando explicar cuál es el sentido del cumplimiento de las leyes judías, qué buscan, cuál es su objetivo. En el caso específico de las leyes dietéticas, las razones que se han dado van desde lo sociológico hasta lo psicofísico/médico, pasando por los aspectos religioso, nacional, místico y ético/moral. El solo hecho de que existan tantas, tan apropiadas y diferentes opiniones al respecto, indica que la “razón última” parece todavía quedar oculta.

Teniendo en cuenta esto último podríamos preguntarnos: ¿acaso hay alguna causa por la cual la Torá evita explicitar las razones o sentidos de los preceptos? Pues bien, también a esta pregunta se han dado variadas respuestas. Permítanme presentarles dos de ellas: la primera aparece en el Talmud (Sanedrín 21b: vale la pena leer esta fuente en su totalidad) en boca de Rabí Itzjak. Este sabio dice que la causa por la cual los sentidos de las mitzvot no fueron revelados es que si el hombre conociera la razón por la cual tiene prohibido hacer algo, se vería tentado a creerse lo suficientemente sabio como para transgredir la norma sin caer en el mal que se procura evitar, mas eso es imposible.

Otra opinión sostiene que detrás de la aparente falta de definiciones en cuanto al porqué observar los preceptos, yace un principio de pluralismo religioso, relacionado con la imposibilidad humana de conocer cabalmente la divinidad. Cuenta el Talmud (Eruvin 13b) que los discípulos de Hilel y Shamai estuvieron discutiendo durante tres años sobre la aplicación de una ley. Finalmente una voz celestial se hizo oír y dictaminó que si bien la ley debía interpretarse de acuerdo a la escuela de Hilel, las dos opiniones eran “las palabras del D”s viviente”. Sobre esta famosa cita mucho se ha debatido y escrito. Yo creo que lo que se nos quiere recordar es que ninguno de nosotros es el dueño de la verdad absoluta. Más aún: ningún ser humano puede arrogarse el derecho de conocer perfectamente la voluntad divina.

El hecho de que la Torá no exprese en forma clara cuál es el sentido del cumplimiento de cada uno de los preceptos, debería ser razón suficiente para que nadie en este mundo crea que sabe exactamente qué desea D”s de nosotros. En estos tiempos posmodernos, en los cuales el fundamentalismo adquiere fuerza también en la tradición judía, nunca deberíamos olvidar que la Halajá, la Ley Judía, no es la voluntad divina hecha acción, sino en todo caso el esfuerzo constante del hombre por llevar a la acción su eterno anhelo de comprender la voluntad divina… aun cuando sepa que, por definición, es imposible comprenderla en su totalidad.

Shabat shalom,

Rabino Rami Pavolotzky



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Enviado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearith Israel, Panamá.

 

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Última actualización:    19 de abril, 2008