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La Septuaginta, la traducción de la Torá al griego realizada en Alejandría entre los siglos III y II aEC, utiliza la expresión “lepra” para referirse a lo que en hebreo se denomina Tzaraat, aunque la “lepra bíblica”, una serie de afecciones en la piel, no tenga nada que ver en realidad con esa enfermedad que la medicina moderna llama “Mal de Hansen”.
Esta confusión es aún más evidente en los casos en donde la Torá extiende el uso del término Tzaraat para referirse también a manchas que aparecen en la ropa y en las paredes. Quisiera detenerme sobre este último caso, la “lepra de las casas”, que aparece en Parashat Metzorá:
“Dijo Dios a Moisés y a Aarón diciendo: ‘Cuando hayáis entrado en la tierra de Canaán que yo os doy en posesión, y daré (Venatati) mancha de lepra las casas de la tierra que poseyereis…’" (Lev. 14:33-35)
El texto presenta tres novedades en relación al resto de las leyes de Tzaraat (que aparecen en el capítulo 13). La primera es que solamente aplica en la tierra de Israel y la segunda es que, al utilizar el verbo “dar” (Venatati) en lugar del verbo “tener” (Ihé), expresa claramente el origen divino de las manchas. Finalmente, la formulación de la oración en condicional convierte la frase en un aviso más que en una realidad.
Según Rabi Iehuda (Midrash Sifra 65), esto significa que es un anuncio, una advertencia de que vienen las manchas leprosas.
Si bien los investigadores modernos sugieren que dichas manchas no serían otra cosa que hongos en las paredes, los comentaristas medievales, basados en las tres diferencias mencionadas, enfatizan la noción de que es una señal sobrenatural que proviene de Dios para indicar una conducta incorrecta:
“Mientras los israelitas estaban en armonía con Dios, el espíritu divino residía entre ellos preservando la lozanía de sus cuerpos, vestidos y casas. Pero cuando alguien cometía una falta, sufría una decoloración de su piel, su ropa o su casa, indicando que Adonai se había retirado de él. "(Rambán – Najmánides, comentario a Lev. 13:47)
Cuando los sabios talmúdicos enfrentaron este tema, en medio de la conocida discusión sobre Ben soré Umoré (el hijo rebelde y contumaz), afirman que: “Una casa leprosa nunca existió ni habrá de existir. ¿Y para qué se escribió? Para que lo estudies y obtengas recompensa.” (Sanedrín 71a).
Si en la práctica la ley nunca se aplicó, ¿qué podemos aprender de la ley de Tzaraat en las casas? Sin duda debe haber una lección moral.
La casa es símbolo de la familia y de la sociedad toda. La palabra Bait significa “casa”, pero también puede significar “familia” y “pueblo”, como por ejemplo Beit Israel.
Así como en la Torá, la aparición de manchas en las paredes debe ser vista como una advertencia, una oportunidad para modificar lo que se está haciendo mal, lo mismo ocurre en nuestros marcos familiares y sociales
Debemos tener la sensibilidad necesaria para percibir las manifestaciones iniciales de las “manchas”, señales que indican que nuestras relaciones están desarrollando una veta de quiebre y descomposición.
Debemos aprender a leer los indicios de Tzaraat que se van forjando dentro y fuera de nosotros, para procurar modificar y mejorar nuestras actitudes y conductas. Así, evitaremos que la mancha se extienda. La lepra habrá desaparecido y la casa será considerada pura.
Shabat shalom,
Gustavo
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Enviado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearith Israel, Panamá.
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