PARASHAT BEJUKOTAI o el secreto de escuchar
Si uno puede aprender a escuchar correctamente, ha aprendido el secreto más profundo. Alguna vez “escuché” esta frase y siempre la recuerdo. Lo más difícil es saber escuchar, mirar a los ojos del otro y entender realmente qué es lo que esa persona me quiere transmitir. No todos triunfamos en este cometido y muchas veces, lamentablemente, nos entra por una oreja y nos sale por la otra. En lugar de transformar nuestro sentido auditivo en un conducto de entendimiento, solo lo utilizamos como un conducto de entrada y salida de ondas sonoras. No escuchamos, solo nos gusta que nos escuchen. Para usar la lengua sí, estamos bien preparados.
En la base misma del judaísmo, el escuchar es el concepto central, desde los primeros capítulos del libro del Génesis, cuando Adon-ai le pide a Abraham que “escuche” la voz de su esposa Sara, hasta Di’s mismo escuchando el sufrimiento de Ishmael en el desierto junto a su madre Hagar. Desde el pedido de Rivka a su hijo Iaakov para que la escuche en cada cosa que habrá de decirle, hasta Lea agradeciendo a Di’s por haber escuchado su ruego, por lo cual pondrá a su hijo el nombre Shimón, “Adon-ai ha escuchado”. Desde Itró, el suegro de Moshé, recomendando a su yerno que lo escuche en cada consejo que habrá de darle para poder guiar a un pueblo complejo a través del desierto, hasta el llamado del “Shemá Israel”, el texto de la Torá nos convoca siempre a escuchar.
En palabras del historiador judío Henrich Graetz (1817-1891):
el momento en que el judaísmo entró en la historia, apareció como una protesta, una rebelión contra el paganismo. El paganismo es una religión inmanente de la Naturaleza, mientras que el judaísmo es la religión espiritual de lo trascendente. El arte pagano está consecuentemente basado en la Naturaleza y se expresa principalmente a través del arte figurativo, en tanto que el arte judío es poético y verbal. El pagano ve a la deidad con forma natural y física y la amolda en consecuencia, mientras que en el judaísmo se escucha a Di’s que aparece como mediando entre la conciencia y el espíritu.
Parashat Bejukotai, capítulos con los cuales terminamos de leer el tercer libro de la Torá, Vaikrá, plantea el hecho de “escuchar” y de “no escuchar” la voz de Di’s. Cada una de ellas tiene sus consecuencias, como todas las cosas en la vida.
En el judaísmo nos convocan a escuchar, a entender, “hacer y escuchar”, tal la convicción de un pueblo que expresa naasé venishma, “haremos y escucharemos”, al pie del monte Sinaí. Sin embargo, el relato en el Midrash de Rabi Shimon Bar Iojai nos cuenta que Moshé, al escuchar esto, un poco preocupado pregunta al pueblo de Israel:
żAcaso es posible la acción sin haber escuchado cuál es la acción, sin saber bien qué debemos hacer? El escuchar nos lleva a la acción; entender con precisión qué es lo que nos dicen, he ahí el secreto más profundo. Ante lo que el pueblo respondió: “haremos aquello que escucharemos”, y entonces Moshé se quedó más tranquilo, sabiendo que el pueblo de Israel había entendido el mensaje.
“Tú no quieres ni sacrificios ni ofrendas, has abierto mis oídos”, nos enseña el salmista, porque esto es al fin y al cabo lo que Di’s pide de nosotros: abrir los oídos, escuchar y entender; abrir nuestros oídos a la voz de aquel que nos habla y abrir nuestras manos a aquel que nos necesita.
Shabat Shalom Umeboraj,
Rabino Pablo Berman
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