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Mucho se ha dicho y mucho se seguirá diciendo sobre las relaciones que se pueden establecer entre los relatos de la creación del mundo y los textos que describen la construcción del Tabernáculo y su funcionamiento.
Mientras que el final de Sefer Shmot nos ofrece todos los preparativos que posibilitaron que Betzalel erigiera el Mishkán móvil que iba a acompañar a los hijos de Israel en el desierto, y Sefer Vaikrá nos describe todo el sistema de ofrendas que por años iba a ser realizado en él, nuestra Parashá nos presenta lo que sucedió en la inauguración del Tabernáculo. Del primero al doce de Nisán, los doce líderes de las doce tribus de Israel acercaron su primera ofrenda al Mishkán, ritual con el cual quedó consagrado el espacio común.
En este contexto, quisiera compartir el versículo con el que comienza esta procesión inaugural:
Y ocurrió en el día que hubo concluido Moshé de erigir el Tabernáculo, y cuando lo hubo ungido y lo hubo consagrado, a él y a todos sus enseres y al altar y a todos sus enseres; cuando los hubo ungido y los consagró. (Bamidbar 7:1)
En primer lugar, vale la pena resaltar los paralelismos existentes entre la conclusión (kalot) del Tabernáculo a manos de Moshé y la conclusión (Vaiejulú) de la creación del mundo por parte de Ds. Es indudable que se establece un paralelismo profundo (incluso desde el mismo uso del lenguaje) entre la creación y el tabernáculo, aunque con diferencias evidentes: mientras que la creación marca la relación entre Ds y el mundo, el tabernáculo marca la relación entre el hombre y el mundo; mientras que la Torá destina tan solo dos capítulos a la creación del mundo, destina una importante cantidad de parashiot a todo lo relacionado con el tabernáculo, y es de aquí que aprendemos que el texto bíblico, aun cuando parte del principio de un Ds creador, está mucho más enfocado e interesado en aquello que el hombre crea y recrea durante el tiempo que habita en la tierra.
Ahora bien, es interesante resaltar que la inauguración del Mishkán puede ser tomada como punto de unión no sólo entre el hombre y el mundo, sino también entre el hombre y Ds. Primero y principal porque es a partir de la imitación del acto creativo que el hombre encarna y despliega en su obra la imagen y semejanza que lo remiten al Kadosh Baruj Hu. Pero así mismo, el Midrash juega en este contexto con la palabra chalet (que antes citamos en relación al vaiejulú de Bereshit), pero en este caso otorgándole un nuevo sentido y pertenencia: de acuerdo a lo que leemos en el Tanjuma, la palabra kalot remite a la palabra kalá, (novia), dándonos a entender que el espacio del Mishkán se transformó en la Jupá que fungió como el palio nupcial en donde se rubricó la unión entre Ds y el Pueblo de Israel.
El ejemplo recién mencionado, no será ni el primero ni el último en el que nuestros sabios hayan decidido utilizar una metáfora propia de lo humano para intentar describir la relación que nos une a Ds. Esta tendencia, que podría resultar para algunos como superficial o meramente estética, es de vital importancia a la hora de construir, fortalecer y preservar nuestro vínculo con la divinidad. Es decir, a partir del modelo metafórico que adoptemos para describir la relación, iremos componiendo aquellos matices característicos de la misma. A modo de ejemplo, podemos decir que mientras que una relación Padre-Hijo o Maestro-Alumno suele ser un vínculo básicamente vertical, el vínculo de pareja es primordialmente horizontal. En nuestra tradición, la relación entre el pueblo y Ds ha sido descrita utilizando cada uno de los modelos mencionados, dando lugar entonces a diferencias de acercamiento a partir de cada caso.
Personalmente, creo que el modelo adoptado por el Midrash que cité anteriormente es asimismo brillante y profundo. Es brillante porque construye el vínculo con Ds a partir de la construcción del Mishkán. O, en otras palabras, nos enseña que solo cuando nos comprometemos con aquello que ocurre en el mundo es que podemos aspirar a comprometernos con aquella fuerza trascendente a la que llamamos Ds; parafraseando a Levinas: el rostro del Otro (con mayúsculas) solo puede develarse cuando no nos escondemos ni nos escapamos de la responsabilidad que se irradia del rostro del otro (con minúsculas).
Pero el Midrash también es profundo, porque nos enseña a (re)pensar la relación con Ds a partir del vínculo afectivo y horizontal que se genera entre dos partes que se abren al diálogo, entre dos partes que se abrazan en un pacto que es fruto y consecuencia del reconocimiento mutuo, entre dos partes que no solo se necesitan y se buscan sino que trabajan cotidianamente para hacer pleno y significativo todo aquello que los une.
Muchos años después del Tabernáculo y de aquellos que escribieron el Midrash, sobre nuestros hombros recae la tarea de seguir construyendo espacios comunes que nos ayuden a devolver la presencia de Ds a nuestro mundo. De nosotros depende.
Shabat shalom,
Rabino Joshua Kullock
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