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Comentarios sobre la Torá

 

BERESHIT 5768
Bereshit – Génesis 1:1-6:8
6 de octubre, 2007 – 24 de Tishri, 5768

Por el Rabino Joshua Kullock,
Comunidad Hebrea de Guadalajara, México

 

Pensar Divrei Torá sobre las primeras parashiot del año no es una tarea sencilla. Podría parecer, al menos a primera vista, que es relativamente sencillo hablar sobre la creación del mundo, el diluvio universal o nuestros patriarcas, y sin embargo, al ser estos textos y relatos tan conocidos, uno tiene por momentos la sensación de que nada de lo que vaya a decir será novedoso o interesante para aquellos que están leyendo.

Me gustaría, en este contexto, comenzar invitándoles a que recordemos juntos a la Voz. ¿Saben a quién estoy haciendo referencia? Efectivamente, Francis Albert Sinatra nació allá por 1915, hijo de padres italianos. Muchos lo consideran como la voz más importante del siglo pasado, y me imagino que más de uno ha sabido conmoverse con sus interpretaciones.

Aun así, no es mi intención la de hablar de Sinatra en esta oportunidad, ya que para la tradición de Israel, él es en el mejor de los casos una voz más, pero definitivamente no es La Voz. Porque al hablar de La Voz en nuestro pueblo, nosotros hablamos de D’s.

Qué difícil es hablar sobre la voz divina, ¿no? ¿Será grave? ¿Será aguda? ¿No será nada de todo eso y hablar de La Voz es un antropomorfismo que nos intenta transmitir algún concepto o idea que supera nuestra capacidad de entendimiento? Todos los Shabatot, sin importar el lugar del mundo en el que nos encontremos, solemos cantar un salmo que dice: Kol Ad-nai shover arazim…, “la Voz de Ad-nai rompe los cedros” (Salmos 29:5), pero de la misma manera nos podemos encontrar en el mismo texto bíblico a D’s diciéndonos que la suya es Kol dmama daka…, “una tenue y pequeña voz” (I Reyes 19:12). A fin de cuentas, parecería ser que ni en el Tanáj podemos encontrar indicios claros sobre la voz de D’s.

Sea aguda o sea grave, rompiendo cedros o escuchándose como un tenue susurro, lo que la Torá nos invita a reconocer con absoluta certeza es el poder creativo que tiene Su palabra. D’s dice, y las cosas se hacen. D’s habla, y el mundo se crea. Su voz suena, y toda la existencia cobra vida.

La voz de D’s tiene la particularidad de que es, al mismo tiempo y de manera indivisible, palabra y acción. Es Dabar y es Dibur, es una cosa concreta y es el acto de hablar. Es la unión entre el decir y el hacer. Y es también lo que la tradición de Israel pretende de nosotros, llamados a imitar Su obra en nuestras propias manos.

En relación a este último punto, cuenta un cuento jasídico que un discípulo hizo la siguiente observación en presencia del Rebe Menajem Mendl de Kotzk: “¿Cómo puede ser que D’s, siendo tan perfecto, haya tardado seis días en crear un mundo que no lo es? ¿Cómo es eso posible?” El Rebe le regañó: “¿Acaso usted podría haberlo hecho mejor?” “Sí, eso creo,” balbuceó el discípulo, que ya no sabía muy bien lo que decía. “¡Usted podría haberlo hecho mejor! – gritó el maestro. Entonces, ¿qué está esperando? ¡No tiene un minuto que perder, adelante, empiece a trabajar!”

Creo que muchas veces nos termina pasando lo que le pasó al alumno del Rebe: somos buenos espectadores, sabemos marcar las fallas de los demás (a veces incluso las de D’s), pero nos cuesta ser pro-activos, dejando de mirar para pasar a la acción. Hablar para resaltar defectos ajenos es sumamente sencillo. Trabajar por mejorar nuestra tarea es mucho más complicado. Quizá por eso, de la misma raíz hebrea de donde salen las palabras Dabar y Dibur sale también la palabra Midbar, la palabra “Desierto”; porque siempre que nos dediquemos a hablar y nada más, nuestra palabra será árida como el desierto, y será imposible esperar que en soledad nos dé frutos. De acuerdo con nuestra tradición, la palabra encuentra su sentido al enlazarse con la acción. La palabra se potencia y se vuelve creíble solo al estar acompañada de acciones congruentes. Y si algo nos quiere enseñar el texto de la primera Parashá de la Torá es justamente esto.

Quiera D’s inspirarnos para que podamos juntos vincularnos y comprometernos a través de lazos creativos que nos permitan decir lo que hacemos, pero - principalmente - hacer lo que decimos.

Shabat shalom,

Rabino Joshua Kullock



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Enviado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearith Israel, Panamá.

 

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Última actualización:    14 de enero, 2009