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Comentarios sobre la Torá

 

VAERÁ 5769
Shemot – Éxodo 6:2-9-35
24 de enero, 2009 – 28 de Tevet, 5769

Por el Rabino Joshua Kullock,
Comunidad Hebrea de Guadalajara, México

 

“Hay algo que yo debo decir a mi gente, los cuales están parados en el umbral gastado que conduce al palacio de la justicia. En el proceso de ganar el lugar que nos corresponde, no debemos ser culpables de hechos censurables. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad con tomar de la taza de la amargura y del odio. Siempre tendremos que conducir nuestra lucha en el plano alto de la dignidad y disciplina. No podemos permitir que nuestras protestas creativas se degeneren en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas del encuentro de la fuerza física con la fuerza del alma […] No podemos caminar solos. Y al caminar, debemos hacer la promesa de que siempre marcharemos adelante. No podemos volver atrás.”

Estas palabras fueron pronunciadas el 28 de agosto de 1963. Fueron pronunciadas por Martin Luther King Jr., quien dedicó su vida (y fue asesinado por ello) a trabajar por cambiar la realidad y el status quo que imperaban en los Estados Unidos de su época. El pasado 15 de enero, Martin Luther King Jr. hubiese cumplido ochenta años de edad. Y desde hace 23 años, cada tercer lunes de enero se observa en los Estados Unidos un día de recuerdo a su obra y su memoria.

Recordar a King en estas fechas es significativo, no solo porque durante esta semana finalmente veremos realizado su gran sueño a partir de la toma de poder de Barack Obama como Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, sino también porque, al leer detenidamente sus discursos, uno puede ver cómo el texto bíblico le era cercano a su corazón, y cómo la época del éxodo de Egipto, sobre la cual leemos en la Torá justamente en estos días, le brindaba una cantidad de poderosas imágenes sobre las que constantemente regresaba. En su último discurso, poco tiempo antes de ser asesinado, King dice:

“Debemos permanecer juntos y mantener la unidad. Como ustedes saben, todo el tiempo que el Faraón quería prolongar el período de esclavitud en Egipto, él tenía una fórmula favorita para lograr su cometido. ¿Cuál era dicha fórmula? él mantenía a los esclavos peleándose entre ellos. Pero todo el tiempo que los esclavos se unían, algo ocurría en la corte del Faraón, y él ya no podía mantener a los esclavos en su esclavitud. Cuando los esclavos se unían, ese era el comienzo del éxodo de la esclavitud. Ahora nosotros debemos mantener dicha unidad.”

King logró revolucionar a un país entero porque supo regresar al texto bíblico y encontrar en él aquel mensaje eterno que nos exige acción y compromiso. En este sentido, no es casual que este hombre haya trabado profunda amistad con Abraham Joshua Heschel, aquel memorable rabino de orígenes jasídicos que se escapó del infierno de la Shoa en Europa para tomar su lugar en el devenir de la historia americana. Tanto Heschel como King compartían un profundo amor por la Torá, y veían en los profetas paradigmas a ser emulados, animándose a alzar la voz de denuncia y a tomar posiciones comprometidas, por más descontento que generasen en aquellos que detentaban el poder. La famosa foto de la marcha en Selma, en marzo de 1965, se eleva como emblema de este espíritu compartido.

Y es por ello que creo adecuado volver a todos estos movimientos, discursos y palabras contemporáneos durante estas semanas, cuando leeremos las peticiones de Moshé frente al faraón en Egipto. Moshé, el más grande de todos los profetas, tuvo que aprender a pararse frente al regente egipcio, y a reclamar con justicia: Shlaj et ami…, “Deja salir a mi pueblo” (Éxodo 9:1). Moshé tuvo que generar el consenso entre los integrantes de los hijos de Israel para lograr la unidad que les hizo fuertes, construyendo una identidad nacional que les permitió abandonar la esclavitud para aventurarse en el difícil desafío de abrazar la libertad. Una libertad que no podía sostenerse a base de la opresión del diferente. Una libertad que no debía traducirse en el silencio de las posiciones disidentes. Y esto no fue nada fácil, ya que como nos cuenta el texto de nuestra parashá: “De esta manera habló Moshé a los hijos de Israel; pero ellos no escuchaban a Moshé debido a la estrechez de espíritu y a la dura servidumbre” (Éxodo 6:9).

Tanto entonces como ahora, muchos son los momentos en los que la estrechez de espíritu nos impide obrar con sabiduría. Muchas son las excusas que nos inventamos o los pretextos a los que acudimos para no hacer lo que sabemos que nos es requerido. Muchas veces, los tiempos parecen augurar oscuros futuros con inciertos resultados. Y aun así, cuando la noche que representa Egipto se vuelve nuevamente una verdadera amenaza, vale la pena recordar las palabras de King, quien respondiendo a la pregunta de en qué época le habría gustado vivir de tener la oportunidad de elegir, supo decir:

“Extrañamente, me tornaría hacia el Todopoderoso y le diría: ‘Si me permites vivir algunos años durante la segunda mitad del siglo veinte, seré feliz.’ Ahora, este parecería un pedido extraño, ya que el mundo se encuentra todo convulsionado. La nación está enferma. Problemas azotan la tierra. La confusión está por todos lados. Es, por tanto, un pedido extraño. Pero yo sé, de alguna manera, que solo cuando está muy oscuro es cuando se pueden ver las estrellas. Y veo a Ds obrando en este período del siglo veinte de una manera en la que el hombre, extrañamente, está respondiendo… algo está pasando en nuestro mundo. Las masas de los pueblos se están levantando. Y en todo lugar en el que se reúnen […] el grito es el mismo: ‘Queremos ser libres.’”

En noches oscuras, es nuestra la opción de esconder la cabeza o salir a buscar la luz de las estrellas. Que podamos leer nuestros textos a la luz de su eterno mensaje. Y que podamos entonces actuar en consecuencia.

Shabat Shalom uMeboraj!

Rabino Joshua Kullock



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Enviado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearith Israel, Panamá.

 

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Última actualización:    10 de marzo, 2009