Comentarios anteriores

 

Comentarios sobre la Torá

 

ITRÓ 5769
Shemot - Éxodo 18:1-20:23
14 de febrero, 2009 – 20 de Shevat, 5769

Por el Rabino Mario Gurevich,
Comunidad Judía de Aruba

 

Durante la época de la Guerra Fría se contaba una historia -¿chiste?, ¿incidente?- que rezaba así:

Una delegación soviética y una americana se encontraban enfrascadas en la discusión de un tratado con decenas de cláusulas. Cada una requería horas y horas de debate y el final no parecía verse más cerca.

En algún momento, después de muchos días de reuniones infructuosas, el jefe de la delegación soviética, exasperado, se dirigió al jefe de la delegación americana y le dijo: “¿Será que no es posible ponernos de acuerdo en un simple tratado? Finalmente Dios resumió toda la ley en sólo Diez Mandamientos”.

A lo que el delegado americano habría respondido: “Si su nación y la mía observaran esos Diez Mandamientos, no sería del todo necesario un tratado entre nosotros”.

Ese es el tema central de la Parashá de esta semana, Itró; no la Guerra Fría, por supuesto, sino los Diez Mandamientos, la Revelación en Sinaí.

Traje la anécdota anterior a colación porque ciertamente el mundo sería sensiblemente diferente si todos los seres humanos nos pusiéramos tan solo de acuerdo en observar los Diez Mandamientos.

Ellos resumen en forma admirable lo que algunos autores han dado en llamar la Ley Natural, esto es, las pautas a las que la civilización debería normalmente llegar como un proceso de evolución intrínseco, aun si no hubiesen sido legisladas.

Pero la realidad es que su cumplimiento, en letra y espíritu, se ve hoy tan lejano o aún más que como se percibía cincuenta días después de la salida de Egipto, y no hace falta ir a buscar a la humanidad entera sino solo los judíos, nosotros mismos.

Durante mis años como rabino, creo que he tenido que oír centenares de veces a personas que justifican su falta de observancia religiosa con la frase: “Yo observo los Diez Mandamientos”. ¿Será que los han leído?

El primero es simplemente una presentación de Dios, pero él permanece ausente en nuestras vidas cotidianas.

El segundo nos previene contra la idolatría, pero vemos todos los días la veneración que nos producen todos los becerros de oro de la modernidad.

¿No tomar el nombre de Dios en vano? ¿Será lícito el uso indiscriminado del Barúj Hashem y el “Si Dios quiere”, que en boca de la nueva Ortodoxia ha reemplazado el coloquial “bien, gracias”?

¿Shabat? Por supuesto que no seré yo quien acepte el monopolio del término Shomer Shabat solo para quienes no contesten el teléfono. Hay múltiples formas de recordar y observar el Shabat. Pero es mandatario optar por una o algunas de ellas: Kidush, sinagoga, y por sobre todas las cosas, la mesa familiar, el encuentro, la charla, la sensación de pertenencia.

Honrar al padre y a la madre. En esto estamos mayormente de acuerdo cuando somos niños y nuestros padres jóvenes y proveedores. Pero, ¿y cuando están mayores?

No matar; todos de acuerdo y la verdad es que la mayoría no matamos. Pero permanecemos indolentes frente al crimen, la guerra y las masacres. Ni que decir tiene que no hacemos nada cuando el hambre mata diariamente a millares de personas, incluso muy cerca nuestro.

No robamos, al menos no a mano armada. Pero no somos demasiado quisquillosos en cuanto a robar al fisco, o a las compañías de seguros. O mentir, que es robar la verdad, o excluir, que es robar la oportunidad o la dignidad.

¿Adulterio? No entremos en terrenos escabrosos.

¿Falso testimonio? Tal vez no en un juicio, pero, ¿y el chisme, la maledicencia y la calumnia no son una forma igualmente perversa de falso testimonio?

Y finalmente, no codiciar. Casi un mandamiento para ángeles. Cómo evitar la mirada de soslayo al prójimo y sus bienes y no sentir envidia ni codicia. Difícil.

Así, cumplir los Diez Mandamientos no es fácil ni sencillo, pero su vigencia está fuera de discusión.

Nuestro esfuerzo debe centrarse en elevar nuestros espíritus hacia su observancia plena y no a su banalización.

Tal vez un día podamos decir con orgullo: “Yo sí observo los Diez Mandamientos.”

Shabat shalom,

Rabino Mario Gurevich



Este comentario de la Parashá es realizado por la Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe y puede ser reproducido citando su origen.
Para suscribirse o dejar de recibir el comentario de Torá, envíenos un e-mail a: ujcl.communications.department@gmail.com.
Si quiere dedicar el comentario a la memoria de un ser querido o en honor de algún acontecimiento familiar, escríbanos a: ujcl.communications.department@gmail.com

Enviado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearith Israel, Panamá.

 

© 2001, 2002 UJCL - Derechos Reservados


Diseño & Hosting por:    CaribMedia
Operadores de:    VisitAruba.com
Actualizaciones por:    Inés Baum      baumgut@racsa.co.cr
Asesor:    Daphne Cesareo Lejuez

Última actualización:    10 de marzo, 2009