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Comentarios sobre la Torá

 

TOLDOT 5768
Bereshit – Génesis 25:19-28:9
10 de noviembre, 2007 – 29 de Jeshván, 5768

Por el Rabino Joshua Kullock,
Comunidad Hebrea de Guadalajara, México

 

La parashá de esta semana comienza de la siguiente manera: “Estas son las generaciones de Isaac hijo de Abraham; Abraham engendró a Isaac” (Génesis 25:19).

No es de extrañar que, frente al misterioso fraseo del versículo, los Sabios del Midrash no hayan tardado en preguntarse cuál era el motivo que llevó a la Torá a repetir enfáticamente que Isaac era hijo de Abraham. Rashi, el famoso comentarista francés del siglo XI, se basa en el Midrash Tanjuma para decir:

Debido a que en las Escrituras está dicho: “Isaac hijo de Abraham”, se tuvo que agregar: “Abraham engendró a Isaac”, ya que los malvados de aquella generación decían que Sara había sido embarazada por Abimelej, debido a que ella ya había vivido tantos años con Abraham y no había concebido. ¿Qué hizo entonces el Santo Bendito Sea? Moldeó las facciones de la cara de Isaac para que se parezcan a las de Abraham, y de esta manera todo aquel que los veía decía que Abraham lo había engendrado.

Más allá de este Midrash apologético, me gustaría aprovechar la apertura de nuestra parashá para comentar la importancia que la Tradición de Israel siempre le ha dado a la institución de la familia. El hecho de que en esta parashá nos encontremos no solo con el fundador de nuestra historia particular (Abraham) y con su hijo (Isaac), sino también con su continuador (Iaacov), habla del fuerte hincapié que se ha hecho a lo largo de la historia en el Judaísmo por preservar la continuidad del pueblo en una dialéctica que continuamente conecta pasado y futuro. Es por eso que nuestros nombres hebreos siempre nos remiten a nuestros antepasados, recordándonos que no nacemos en el vacío, y que es gracias a lo construido por aquellos que vivieron antes que nosotros, que nosotros tenemos la oportunidad de seguir creciendo y aspirando a un futuro mejor. Es por eso, también, que en nuestra Tradición siempre se ha destacado el valor de que los abuelos puedan ver a sus nietos crecer como judíos comprometidos y responsables, abrazando y asumiendo ellos mismos su doble rol, como herederos tanto como pioneros.

Sin embargo, y como ocurre muchas veces con muchas cosas, el marcar a la familia como núcleo básico y primordial de la vida judía puede devenir en desafíos que merecen nuestra atención. El principal de estos desafíos se fue gestando a partir de la dispersión de nuestro pueblo por las distintas diásporas de la tierra y la construcción de familias de familias con una identidad particular. Así nos podemos ir encontrando, hasta el día de hoy, con judíos ashkenazim, judíos sefaradim y judíos árabes. Entre los ashkenazim nos encontramos – por citar ejemplos – con rusos o polacos; entre los sefaradim, con turcos o griegos, y entre los árabes, con aquellos que proceden de Damasco y aquellos que vivían en Alepo. Conformándose como grupos étnicos muy fortalecidos, existieron épocas en nuestra historia en las que no se veía con buenos ojos el matrimonio entre un judío de origen askenazí y una judía de origen sefardí. Lo principal era salvaguardar no solo la familia sino el grupo de origen. Créanlo o no, en algunas geografías esta problemática se sigue dando.

Ni que hablar entonces de aquellos que no nacieron judíos de acuerdo con la Halajá. Si todavía nos encontramos con personas que no aceptan de buena gana los casamientos “inter-grupales,” menos aún están dispuestos a convivir con la idea de aceptar el ingreso al pueblo de aquellos que no registran en su haber ninguna conexión familiar o genealógica con el Judaísmo. En este tipo de contextos, la idea de la familia y la tribu (que de por sí son interesantes y muy importantes) puede volverse contraproducente y cegarnos frente a valores centrales que nuestra Tradición siempre ha intentado enseñar y sostener. En este sentido, me gustaría compartir con ustedes las palabras del Rabino Lawrence Hoffman, quien en su libro ReThinking Synagogues (“Repensando Sinagogas”), escribe:

La “etnicidad” tiene una connotación menos positiva: [la etnicidad hoy denota] una búsqueda nostálgica por el folklore judío que alguna vez nos sostuvo como pueblo, pero que ya no lo puede hacer más. Le etnicidad, en este sentido, es hacer lo que creemos que los judíos siempre han hecho, sin importar si verdaderamente es así, y si verdaderamente eso es auténticamente judío. Es comportarse en base a “hábitos sociales”, “haciendo lo que viene naturalmente”, pero sin sentido trascendente […] El Judaísmo étnico es un judaísmo psicológico, la inclinación psicológica por estar con otros judíos que tienen las mismas memorias étnicas, pero no, por decir, con judíos por elección, quienes (de acuerdo al pensamiento de los judíos étnicos) “nunca podrán ser totalmente judíos” – cosa que, en realidad, no podrían ser, si el judaísmo se transforma en la consecuencia residual de haber crecido como judío con poca o ninguna preocupación por la religión y cultura judías. (p. 5)

Uno de los desafíos más importantes que enfrentamos en el comienzo de este nuevo milenio es llegar a trascender, en el espacio en el que vivimos, aquellos resabios de etnicidad que son parte de la arquitectura de nuestras instituciones. Somos llamados a reconocer la importancia de la familia y de la pertenencia al pueblo, sin por eso negarnos a la posibilidad que se nos da de apostar a un judaísmo vibrante y trascendente, que se asiente sobre valores y no sobre genes, sobre prácticas congruentes y no sobre nostalgias de folklore.

De aquellas decisiones que sepamos tomar, dependerá el judaísmo de nuestros hijos y continuadores. De aquellos principios que elijamos resaltar, se irá construyendo (o no) la comunidad que anhelamos. Quiera Ds que no tengamos miedo de imitar a nuestros patriarcas, vislumbrando nuevos y renovados caminos de acciones instituyentes que generen realidades prometedoras, afirmando cotidianamente que también nosotros seguimos siendo los hijos de Abraham.

Shabat Shalom!

Rabino Joshua Kullock



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Enviado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearith Israel, Panamá.

 

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Última actualización:    10 de marzo, 2009