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“La historia de Rubén se lee pero no se traduce”, dice la Mishná al final del tratado de Meguilá (4:10). La indicación de los sabios se refiere a la lectura ritual de la Torá en la sinagoga, del suceso incestuoso del primogénito de Iakov que es mencionado en parashat Vaishlaj.
El pasaje en cuestión (Gén. 35:22) debía ser leído, pero no traducido (al arameo, para comprensión del pueblo), “para salvaguardar su honor” como afirma Rashi en su comentario al Talmud (Meguilá 25a). La tradición coloca los signos de cantilación en forma poco convencional. Pareciera ser que la intención es pasar rápido por el texto.
La Tosefta (Meguilá 4.35) prohíbe traducir las nueve palabras hebreas que la Torá utiliza para describir el acto del hijo y la posterior reacción del padre: “Y fue Rubén y se acostó con Bilhá concubina de su padre y se enteró Israel”. (35:22).
Sorprende el accionar de Rubén y sorprende la (falta de) reacción de Iakov.
En una discusión que cita el Talmud (Shabat 55b), los tanaitas (sabios de la época de la Mishná) discuten el significado literal de las palabras de la Torá. Para algunos, Rubén no cometió ninguna falta, simplemente “desordenó las sabanas” aparentando que se había acostado con la concubina de su padre, mientras que para otros, efectivamente durmió con ella, cometiendo una grave afrenta contra su progenitor.
Varios midrashim y la mayoría de los comentaristas asumen esta segunda versión. De todas formas, da la sensación de que la historia original contenía más detalles de los que el texto actual presenta.
Pareciera ser que el objetivo de la transgresión de Rubén no fue el hecho sexual per se, sino que este fue una manifestación de rebeldía contra su padre, con vistas a asumir el control del clan familiar.
A la luz de esta lectura, podemos asociar este relato con otro pasaje bíblico (II Samuel 16:20-22). Abshalom, primogénito del Rey David, pretende convertirse en Rey de Israel mientras su padre vive. Para manifestar al pueblo su insurrección sigue el consejo de Ajitofel, ingresa al harén real y yace con las concubinas de su padre. La historia finaliza trágicamente con la muerte de Abshalom sin poder alcanzar el trono.
Otro vínculo interesante lo encontramos en la mitología griega. En la Ilíada (libro 9) se nos relata que Fénix, hijo del rey Amintor, se acostó con la concubina de su padre. Este lo maldice pidiendo que nunca tenga hijos.
Y esto nos lleva nuevamente a Iakov. Lo único que dice nuestra parashá es que Iakov se enteró, o comprendió, lo sucedido. Su reacción no es inmediata. Vendrá más adelante, al final de su vida. En su lecho de muerte, rodeado por sus hijos que esperan la bendición de su padre, el patriarca maldice a su hijo mayor y le quita el derecho de primogenitura:
¡Tú, Rubén, mi primogénito, mi fuerza y el primer fruto de mi vigor, el primero en dignidad, y el primero en poder! Desbordado como las aguas, ya no tendrás la primacía, porque subiste al lecho de tu padre, y, al subir, lo profanaste. (Gén. 49:3-4)
Y así quedó registrado en la historia. Como aquel que manchó la honra de su padre y por eso se quedó sin la primogenitura. (I Crónicas 5:1). Como aquel que en su ímpetu juvenil se dejó llevar por sus pasiones y su ambición, y perdió aquello que más anhelaba.
Sus descendientes quedaron seriamente afectados. Datán y Aviram, príncipes de la tribu de Rubén, se sumaron a la fracasada rebelión de Kóraj (Núm. 16), y al finalizar la travesía por el desierto, el número de sus miembros se había reducido drásticamente. (Deut 33:6)
Triste final para Rubén. Un futuro promisorio, hipotecado por su impaciencia. ¿Habremos aprendido nosotros esa lección?
Shabat shalom,
Gustavo
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