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Comentarios sobre la Torá

 

TETZAVÉ 5769
Shemot - Éxodo 27:20-30:10
7 de marzo, 2009 – 11 de Adar, 5769

Por el Rabino Joshua Kullock,
Comunidad Hebrea de Guadalajara, México

 

La parashá de esta semana es la continuación lógica de aquello que comenzamos a leer la semana pasada con parashat Trumá, la parashá de la ofrenda voluntaria. Seguiremos leyendo sobre los distintos elementos que habrían de componer el Tabernáculo, y una tras otra, se irán sucediendo las directrices para poder elevar un santuario que a su vez permita la elevación espiritual de aquellos que formaban parte del campamento de Israel en esos días.

Esta invitación a la construcción de un espacio fijo y determinado para canalizar la devoción del pueblo hacia Ds surge como concesión divina hacia el hombre, entendiendo que si no se diseñan marcos inteligentes para el desarrollo de una espiritualidad madura y responsable, hay buenas posibilidades de que esas energías sean mal utilizadas. Sin ir más lejos, el relato del becerro de oro (que leeremos en tan solo una semana) es un buen termómetro de aquello que ocurre cuando no se invierte en orientar de alguna manera las prácticas y las buenas intenciones del pueblo.

En sentido figurado, esto que aquí decimos hace a la primera de las ordenanzas de nuestra parashá, la cual se conecta con el encendido de la Menorá: “Mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas machacadas, para el alumbrado, a fin de hacer arder continuamente las lámparas” (Éxodo 27:20). Se nos pide tener siempre a bien cuidar que nuestro camino se encuentre continuamente iluminado. Somos llamados a no olvidarnos de aquellas señales que, paso a paso, nos van marcando hacia dónde continuar avanzando en nuestra propia senda. Dicha luz es sinónimo de las estructuras que nos ayudan a canalizar nuestros deseos de conexión con Ds, a partir del establecimiento y sostenimiento del pacto que nos une a él por propia y libre voluntad.

Pero por si fuera poco, los estratos de la ofrenda voluntaria (trumá) y del mandato de vivir vidas iluminadas que se unen en el proyecto común que sabemos elegir y sostener (tetzavé), se suman en esta semana con la dimensión de la memoria (zajor). En este Shabat, la construcción del espacio que nos permite andar juntos se interrelaciona con el desafío de no olvidarnos de todos aquellos Amalek que, generación tras generación, harán lo posible por hacer perecer nuestras intenciones.

Amalek, en la tradición de Israel, se relaciona con los malvados de turno, desde Amán hasta los dictadores modernos. Pero también hace a todas aquellas fuerzas, tanto externas como internas, que constantemente intentan frenarnos, confundirnos, o convencernos de invertir nuestras energías en proyectos que no tienen ningún futuro ni provecho. Amalek es la apatía que muchas veces nos duerme; Amalek es la sensación de exclusividad que tanto abunda en nuestros días, que no nos permite trabajar en un proyecto de visión compartida en donde cada vez más y más gente pueda participar de la obra común; Amalek es el egoísmo que nos paraliza y nos aleja de la comunidad.

Frente a esas fuerzas, la Torá nos interpela diciendo: zajor…, recuerda que mucho de lo que a veces proyectamos hacia afuera anida en lo más profundo de nuestro ser. Pero ese recuerdo no puede disociarse (como ya nos lo enseñó el autor del “Lejá Dodi”) del estadio del shamor: no solo debemos recordar que Amalek muchas veces se encuentra más cerca de lo que creemos, sino que activamente tenemos que cuidarnos para reconocer que eso sucede, y para encontrar los caminos que nos permitan reencontrarnos tanto con el mandato como con la ofrenda. Porque son justamente el mandato y la ofrenda, las vías por donde nos reconectamos con lo mejor de nosotros mismos.

El recuerdo y la ofrenda, el mandato y la acción…; múltiples vectores que se unen a la hora de construir proyectos transformadores que le den sentido trascendente a nuestras vidas. Todos ellos implican un acto de conciencia, y las ganas de comprometernos en la inversión de energías para que eso suceda.

Quiera Ds iluminarnos con Su luz eterna para que podamos aceptar el desafío de ir más allá del propio yo, en la búsqueda de un espacio verdaderamente habitado por todos nosotros.

Shabat shalom,

Rabino Joshua Kullock



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Enviado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearith Israel, Panamá.

 

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Última actualización:    10 de marzo, 2009