Tiempo de cambiarnos las ropas
Shlomo Artzi, seguramente uno de los mas importantes cantautores israelíes, compuso una canción que lleva por título “Po ve Sham”, “Aquí y allá”. Deseo compartir con ustedes algunas estrofas.
Mistakel al hashamaim shel Jenin ve Ramat Gan,
Mamash oto davar, gueshem po Basham
Po vasham iesh kravot, akubim mi dam
U jeeb hamiljamot lo tam
Po ve sham amatos shel hamashiaj mistobeb,
matai injat kbar etzlenu be ezor hajof
Ve rega aemet vo iabo ulai
Po ve sham ani shoel eij neda she ba?
Im ktzat mazal, po ve sham
Observo el cielo de Jenin y de Ramat Gan
Mamash la misma cosa, llueve aquí, llueve allá.
Aquí y allá hay combates, y sangre derramada,
Y el dolor por las guerras, no tiene fin.
Aquí y allá, el avión del mesías da vueltas,
cuándo aterrizará a nuestro lado, sobre la costa
Aquí y allá, a pesar de todo, se ve posible,
Aquí y allá la luna aún se ve saludable.
Y el momento de la verdad, algún día tendrá que llegar, aqui y allá,
yo pregunto, cómo sabremos que ha llegado.
Nos fortaleceremos, no tengo dudas,
nos sobrepondremos y solo con un poco de suerte,
aquí y allá encontraremos también, amor.
El avión del mesías está dando vueltas, solo necesitamos que aterrice. ¿Cuándo aterrizará en la costa? Esta es la pregunta que se hace Shlomo Artzi, y tal vez la pregunta que nos hacemos todos. ¿Cuando aterrizará el avión del mesías?
Estamos en Shabat hagadol, “el gran shabat”, el shabat que antecede a Pésaj. La fiesta de la Libertad. La fiesta del cambio, de la esclavitud a la libertad. Somos libres, podemos elegir, podemos decidir. La fiesta de Pésaj, en que abriremos nuestras puertas de par en par, llenaremos nuestras copas y aguardaremos la llegada del Profeta Eliau, como dice Artzi, rega haemet bo iabo ulai, el momento de la verdad habrá de llegar, seguramente habrá de llegar.
Pésaj es un buen momento; alrededor de la mesa del Séder, padres e hijos, abuelos y nietos, se encuentran una vez más para relatar la salida de Mitzraim. Cambiamos esclavitud por libertad; una tierra de opresión por la tierra prometida por Di’s, la tierra que fluye leche y miel. Nos quitamos las ropas de la esclavitud de Faraón, por las ropas de una nueva libertad.
Es así como hacía el sumo sacerdote en el momento de la ofrenda, ufashat et begadav ve labash begadim ajerim, “y habrá de quitarse sus vestiduras, el cohen y habrá de vestir otras ropas”. Pésaj es esta oportunidad del cambio, de sacarnos los ropajes que nos oprimen y empezar a vestir las ropas de la libertad. Ropas mas livianas, libres de impurezas y de todas las esclavitudes a las que estamos sometidos a diario, que por cierto son muchas. Pésaj es la esperanza de redención; de una redención en la que tan solo pedimos que nos dejen vivir y trabajar, desarrollarnos en paz, ver crecer a nuestros hijos, salir de nuestras casas temprano por la mañana, sabiendo que por la noche habremos de volver y podremos abrazar a nuestros hijos nuevamente.
Pero no todos piensan igual. Algunos solo piensan en oprimir. El mundo está lleno de faraones y plagado de “egiptos”, de corazones oprimidos por el odio y la venganza. Pero la mesa del séder ha sido siempre nuestra libertad. Desde ietziat mitzraim, hubo muchas veces en la historia judía en la que no fuimos especialmente libres. Hemos vivido bajo leyes crueles y soberanos opresores. No se nos permitió poseer tierras o hacer ciertos trabajos o vivir donde queríamos. Hemos sido perseguidos y asesinados. Pero aun en esos momentos terribles, el séder nos permitio sentirnos libres, para recordar que la degradación se puede convertir en gloria, para visualizarnos nosotros mismos abandonando Egipto. La mesa del séder ha sido siempre nuestra libertad, nuestra esperanza de que un cambio habría de llegar, nuestro refugio contra aquellos que solo quieren vernos como esclavos.
Un antiguo relato jasídico cuenta que el Baal Shem Tov acostumbraba ir al bosque, encender un fuego y recitar una plegaria. El hijo del Baal Shem Tov sabía el camino al bosque, sabía encender el fuego, pero no conocía la plegaria. El nieto del Baal Shem Tov recordaba el camino al bosque, pero no sabía encender el fuego y no conocía la plegaria. Debemos recuperar la memoria judía, la tradición; tenemos que enriquecerla. La familia judía reunida alrededor de la mesa del Séder de Pésaj es una oportunidad irrepetible, para hacer preguntas, reflexionar, mirarnos a los ojos. Debemos volver a recorrer el camino que nos lleve al bosque, y debemos encender el fuego y debemos recuperar nuestra plegaria. La mesa del Séder es un buen camino hacia el bosque, y el escuchar la voz de nuestros hijos y de nuestros nietos cantando manishtaná halaila hazé, es una buena manera de recuperar el fuego y reencenderlo.
Abramos nuestras puertas de par en par. El avión del mesías está aterrizando.
Shabat shalom umeboraj.
Rabino Pablo Berman
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