La imposibilidad de desconectarnos
Siempre me resulta muy significativo leer que el texto de la Torá, cuando nos habla acerca del Shabat y de las festividades, cuando nos da fecha exacta de cada uno de estos momentos sublimes de ese encuentro con Di’s, debe aclararnos: Kol melejet avodá lo taasu, “no realizareis ninguna labor de trabajo”.
¿Por qué el texto, por qué Di’s mismo debe aclarar al ser humano que deje de trabajar en un momento tan especial de encuentro entre Di’s y la persona? ¿Hace falta que me diga que no trabaje? Si es un momento de espíritu, de encuentro, sea la época que sea, en el Templo de Ierushalaim o en nuestras Sinagogas, si me voy a encontrar con lo más sublime, ¿debe aclararme que pare de hacer cosas?
Sí, debe aclarármelo, porque el hombre no se detiene, o para cuando nuestro cuerpo no da más, o cuando quiere y por las cosas que quiere. Pero si el asunto es una responsabilidad espiritual, si el motivo para dejar de producir es llevar adelante rituales antiquísimos que no producen ninguna ganancia, entonces la cosa es muy diferente.
La Torá se cansa de repetir una y otra vez, kol melejet avodá lo taasu. No hagas cosas, no produzcas, reúnete con los tuyos, con tu familia, y has una vez a la semana, y 22 días más en el año si sumamos todas las festividades, un encuentro con el espíritu, con la esencia de cada uno de nosotros. Shabat y festividades; no son para hacer lo que uno quiera. Porque claro, me dirán, yo lo hago en la playa, en la montaña, en mi casa. No es lo mismo, no es hacer lo que yo quiera. La búsqueda de esa esencia es con la tefilá, junto a la comunidad, junto a la lectura del texto de la Torá. No digo que esté mal, digo que esa no es la búsqueda de la tradición judía, no es la intención del texto de la Torá cuando nos dice: “no realizareis ninguna labor de trabajo”.
Tanto Shabat como las festividades judías deben ser para nosotros un desafío constante, cada vez que tenemos la posibilidad única de vivirlas. Siempre digo lo mismo, pero no está mal repetir imágenes que nos hagan ser más conscientes de la riqueza que tenemos en la tradición judía. Veo siempre con asombro el amor y el profundo respeto que tienen tantos grupos evangélicos por nuestras fuentes y nuestras festividades; hablan con tanto afecto del Shabat, preguntan si a pesar de no ser judíos pueden llevarlo a cabo. Y nosotros, que tenemos ese tesoro, dejamos que se nos escurra de las manos.
Se pregunta el Rabino Kushner, ¿cómo nos definimos? ¿Nos definimos principalmente por el trabajo? ¿O nos definimos principalmente por nuestra humanidad, por nuestra capacidad de celebrar, santificar el tiempo, compartir momentos especiales con nuestras familias? Pensemos acerca de esto, reflexionemos.
Al proclamar la Torá las festividades, nos dice el texto: Ele moadei Ad-onai mikraei kodesh. “Estas son las festividades designadas por Di’s, convocaciones santas”. Mikraei kodesh. Mikra, viene de la palabra en hebreo que tiene que ver con “llamado”, pero también con “declaración”, como si la Torá nos estuviese diciendo: debemos convocar y declarar que la festividad, que ese tiempo, es santo para Di’s y para nosotros como Pueblo Judío.
Cuando juntos compartimos una mesa de Shabat o de Pésaj, o de Shavuot, cuando compartimos la comida y vestimos ropas festivas en honor a ese día, estamos declarando que ese día es santificado y, por sobre todas las cosas, diferente al resto de los días.
Hagamos un Stop en Shabat y en las Festividades Judías, y aprovechemos el infinito valor que nos transmite la Torá en cada generación.
Shabat Shalom,
Rabino Pablo Berman
|