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Leemos en este Shabat dos Parashiot, Jukat y Balak, y en ambas nos encontramos con historias de animales que son difíciles de entender. En el primer caso es el estatuto de la vaca roja, y en el segundo, la burra parlante de Bil'am, el profeta pagano.
El estatuto de la vaca roja es tal vez el más extraño de la Torá. Este nos ordena sacrificar una vaca roja, de perfección absoluta (no podía siquiera tener un pelo de otro color), a la que nunca se le hubiera puesto yugo.
Lo curioso de este sacrificio es que se comportaba al revés de todos los demás: todos los que hubieran tenido contacto con el sacrificio quedaban impuros, pero aquellos que, estando impuros, entraban en contacto con sus cenizas, quedaban puros.
Desde el comienzo sabemos que este precepto es un Jok, un estatuto sobre el que no nos es dado intentar siquiera entenderlo.
Sin embargo y desde siempre, rabinos y maestros ensayaron las más diversas interpretaciones. Algunos lograron un éxito parcial desde el punto de vista dialéctico, pero en última instancia, nadie logró la explicación perfecta.
Tal vez quien más se acercó fue un comentarista que dijo que la vaca roja era un símbolo del pueblo de Israel. Porque el precepto de la vaca roja no lo entiende nadie, y al Pueblo de Israel tampoco.
Curiosamente, el segundo animal -la burra parlante- es bastante más fácil de entender. Y no, y lo diré yo antes que alguno de ustedes lo diga, porque burros que hablan nos encontramos todos los días, sino porque su simbología se demuestra bastante evidente.
Balak, el rey de Moab, atemorizado por el poderío de Israel, envía a Bil'am, un profeta pagano, a maldecir al pueblo.
Este monta su burra pero en el camino aparece un ángel con la espada desenvainada. La burra lo ve pero no así su jinete, quien la castiga cuando ella tuerce el camino. Esto se repite por tres veces hasta que la burra se queja, hablando, y finalmente Bil'am ve al ángel y entiende el episodio.
¿Por qué vio la burra al ángel y no lo vio el profeta? ¿Por qué habla la burra y el profeta le contesta, aceptando una discusión de tú a tú sin demostrar sorpresa, apenas enojo?
Lo cierto es que Bil'am, soberbio y orgulloso con el encargo del rey, no puede ver lo que hasta para la burra en su simpleza es evidente. Y cuando la soberbia ciega los ojos del grande, el burro es más sabio que él.
Podemos vivir sin entender del todo el significado de la vaca roja, pero no podemos permitir que el orgullo, la vanidad o la soberbia nos impidan percibir las verdades, pequeñas o grandes, que nos rodean, o permitir que nos cieguen ante los obstáculos que se presentan en los caminos que debemos transitar.
Shabat Shalom,
Rabino Mario Gurevich
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