Comentarios anteriores

 

Comentarios sobre la Torá

 

MIKETZ 5768
Bereshit - Génesis 41:1-44:17
8 de diciembre, 2007 – 28 de Kislev, 5768

Por el Rabino Rami Pavolotzky,
Congregación B´nei Israel, Costa Rica

 

Saber esperar

Sobre el final de la parashá de la semana pasada, leemos que Iosef se encontraba preso en la misma cárcel en la que descontaban sus castigos los jefes de los escanciadores y de los panaderos del Faraón de Egipto. Ambos dignatarios caídos en desgracia tienen sueños inquietantes, y es Iosef el encargado de interpretárselos. Iosef les dice que, luego de tres días, el jefe de los escanciadores será restituido en sus labores, mientras que el jefe de los panaderos será colgado en la horca real. Antes de despedirse, Iosef, evidentemente convencido de su interpretación de los sueños, implora al jefe de los escanciadores que una vez liberado interceda ante el Faraón por su libertad: “Mas ojalá me tengas presente en tu memoria cuando te fuere bien, y te ruego que uses tu misericordia conmigo, y que hagas mención de mí al Faraón, y me saques de esta casa” (Génesis 40:14). La Torá relata que si bien efectivamente lo que había interpretado Iosef se hizo realidad, “… el jefe de los escanciadores no se acordó de Iosef, sino que se olvidó de él” (Génesis 40:23).

Nuestra parashá comienza exactamente dos años después de que el jefe de los escanciadores salió de prisión (ver el comentario de Ibn Ezra a Génesis 41:1). En palabras de la Torá: “Ocurrió al término de los días de dos años, que el Faraón soñaba y he aquí que estaba de pie junto al río” (Génesis 41:1). Solo Iosef podrá interpretar correctamente los sueños que intrigaban al Faraón, lo que finalmente le valdrá la libertad y llegar a ser el segundo hombre más importante de Egipto.

Dos años tuvo que esperar Iosef entre el momento en que reveló el significado del sueño del jefe de los escanciadores y el instante en que fue recordado para bien. Durante esos dos años Iosef siguió preso, posiblemente preguntándose si alguna vez volvería a ver la luz del sol. Un midrash (Ialkut Reubeni) explica que esos dos años fueron un castigo a Iosef por haberle confiado su liberación al jefe de los escanciadores y no a D”s: una persona tan notable como Iosef no debiera haber depositado toda su confianza en un ser de carne y hueso. Hay otro midrash (citado por Menajem Beker en “Parperaot la-Torá”) diametralmente opuesto, que sostiene que en realidad estos dos años adicionales que Iosef pasó en la cárcel tuvieron como objetivo incrementar su honor y grandeza: al ser llamado por el Faraón estando preso, y pasar de la mazmorra directamente al poder de Egipto, es que su fama y gloria aumentaron sin fin.

No puedo dejar de asombrarme ante el hecho de que un mismo suceso pueda ser considerado por algunos como un castigo y por otros como un medio para alcanzar más honores. Es decir que esperar dos años en prisión puede ser considerado como una maldición o como una bendición. Creo que esta aparente contradicción amerita una pequeña reflexión.

Efectivamente, las postergaciones en la vida suelen ser consideradas de maneras opuestas: mientras que para algunos significan una pérdida de tiempo, para otros significan un lapso de maduración y crecimiento. Mientras algunos desesperan por alcanzar logros rápidamente, otros prefieren no saltarse etapas.

Iosef vivió varias veces en su vida cambios bruscos de posición: de ser el preferido de su padre, pasa a ser vendido como esclavo por sus hermanos. Se gana la confianza de su amo, mas cae otra vez en el pozo de la prisión. Finalmente, de allí pasa a ser la segunda persona más poderosa de uno de los imperios más grandiosos. El padre de Iosef, Iaakov, supo en carne propia el significado de tener que esperar para alcanzar una meta, cuando se comprometió a trabajar siete años para desposar a su amada Rajel. Luego tuvo que laborar siete años más, ante el engaño de su tío Labán.

Es difícil establecer a ciencia cierta si tener que esperar mucho tiempo para llegar a un objetivo es beneficioso o perjudicial. No sería difícil encontrar ejemplos que justificaran ambas opiniones. Ni siquiera en el caso de Iosef y los dos años adicionales que debió pasar en prisión, podríamos concluir categóricamente a favor de alguno de los dos midrashim antes citados. En todo caso, lo que sí podemos aprender es que en la vida, en general no tenemos la opción de decidir si queremos esperar o no: a veces las oportunidades nos llegan de repente y a veces las tenemos que esperar pacientemente.

En ambos casos, debemos estar preparados con fe y esperanza para actuar cuando el destino nos llame a hacerlo, sea en el futuro a corto, mediano o largo plazo. Y aun cuando esperar sea arduo y genere ansiedad, ojalá podamos dejar a un lado la idea de que la demora es un castigo, una maldición por haber fallado, y podamos considerar la espera como una bendición, como un regalo divino para poder prepararnos con seriedad para el desafío que nos espera. Quizás ese haya sido el secreto que le permitió a Iosef soportar dos años más en prisión, para emerger finalmente en todo su esplendor.

Shabat Shalom,

Rabino Rami Pavolotzky



Este comentario de la Parashá es realizado por la Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe y puede ser reproducido citando su origen.
Para suscribirse o dejar de recibir el comentario de Torá, envíenos un e-mail a: ujcl.communications.department@gmail.com.
Si quiere dedicar el comentario a la memoria de un ser querido o en honor de algún acontecimiento familiar, escríbanos a: ujcl.communications.department@gmail.com

Enviado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearith Israel, Panamá.

 

© 2001, 2002 UJCL - Derechos Reservados


Diseño & Hosting por:    CaribMedia
Operadores de:    VisitAruba.com
Actualizaciones por:    Inés Baum      baumgut@racsa.co.cr
Asesor:    Daphne Cesareo Lejuez

Última actualización:    15 de octubre, 2009