Educación para Adultos

 

Comentarios sobre la Torá del Canciller Schorsch
                (Seminario Teológico Judío de América)

 

NOAH 5762
Bereshit - Génesis 6:9 - 11:32
Octubre 20, 2001 - 3 Heshvan 5762

Por el Rabino Matt Berkowitz, JTS

Reemplazando al Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary

Traducción de Inés Baum



            “Una de las lecciones que hemos aprendido de los acontecimientos de nuestro tiempo es que no podemos vivir tranquilos bajo el sol de nuestra civilización, que el hombre es, de todos los seres vivos, el más peligroso.  Podemos sentir cómo cada minuto en nuestra civilización está cargado de tensión, semejante al interludio que se da entre el rayo y el trueno.  El hombre no se ha alejado demasiado del caos.  Solo fue necesario una tormenta para hacerlo caer de nuevo en lo siniestro.  Si la cultura ha de sobrevivir, necesita urgentemente de defensas a lo largo de todo el camino.   Un clamor frenético hacia el caos se agita en nuestra sangre.  Muchos de nosotros somos demasiado sensibles a este clamor como para ignorarlo para siempre.  ¿Adónde está el poder que podría contrarrestar el efecto de ese grito tan tentador?  ¿Cómo mantener las fuerzas demoníacas bajo control?”

(No Time for Neutrality, “Sin Tiempo para la Neutralidad”, Abraham Joshua Heschel, en Moral Grandeur and Spiritual Audacity, “Grandeza Moral y Audacia Espiritual”, de Susannah Heschel)

            Escritas hace varias décadas, las palabras de Heschel reflejan una profunda verdad que ha existido desde el principio de los tiempos, en la época de Heschel y también en la nuestra.  Estas palabras son particularmente perspicaces frente al trasfondo de la lectura de la Torá de esta semana, la parashá Noah.  Tan solo diez generaciones después de la creación del mundo, el orden cuidadoso impuesto por Dios había sido reemplazado por el caos.  Los versos que describen la situación antes del Diluvio son tan instructivos como oscuros.  “ Se corrompió la tierra delante de Dios, y se llenó la tierra de violencia.  Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra.  Y dijo Dios a Noé:  ‘El fin de toda carne ha llegado delante de Mí, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos, y he aquí que voy a destruirlos con la tierra’”  (Génesis 6:11-13).  Estos versos nos dejan pensando sobre cuáles fueron en realidad los pecados del Dor ha-Mabul, la generación del Diluvio.  ¿Quiénes eran y qué fue lo que hicieron para merecer un castigo tan drástico?  Rabinos del Talmud y comentaristas medievales trataron de dar una respuesta a estos interrogantes.

            Ibn Ezra ofrece dos interpretaciones a la expresión vatishakhet haaretz lifnei haelohim, “se corrompió la tierra delante de Dios” (Génesis 6:11), en el relato del Diluvio.  En primer lugar, Ibn Ezra sugiere que el pueblo pecó abiertamente, en público, delante de Dios.  Según esta lectura, la generación del Diluvio carecía de un sentido mínimo de la vergüenza, así como de límites.  Se mofaban de su maldad y de su descarriamiento ante el Creador del Mundo.  Por otro lado, según el mismo Ibn Ezra, la frase podría significar exactamente lo opuesto;  esto es, que la gente pecó solo ante Dios, involucrándose en transgresiones que sólo a Dios le importaban.  La segunda interpretación describe su comportamiento como menos valiente pero más solapado.  Parecían temer más a la gente que a Dios, dispuestos a quebrantar las reglas cuando nadie estaba mirando, pero sin tapujos de conciencia y sin reconocer la omnipresencia de Dios.

            La segunda mitad de Génesis 6:11 nos proporciona otra clave:  vatimale haaretz hamas, “y se llenó la tierra de hamas”.  Ibn Ezra define hamas como robo, opresión y violencia.  Humberto Cassuto sugiere que hamas significa “violación inescrupulosa y a sangre fría de los derechos de los demás, motivada por la avaricia y el odio y a menudo mediante el uso de la violencia física y la brutalidad.”  Finalmente, el Talmud, en Rosh Hashaná 12a, propone que el pecado principal del Dor ha-Mabul, la generación del Diluvio, tenía mucho que ver con transgresiones sexuales.

            En resumen, Ibn Ezra escribió que “ningún ser vivo actuaba de acuerdo a su naturaleza; el orden natural, conocido y correcto de los seres vivos se había distorsionado”.  El orden de la creación revirtió en el caos, borrando y destruyendo todos los límites naturales y éticos.  En verdad, toda la naturaleza comenzó a reflejar este sentido invertido de la vida.  Como comentario al verso “porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra” (Génesis 6:12), el Rabino Azaria dijo, en nombre del Rabino Judá ben Simón:  “En la generación del diluvio todos se habían convertido en seres disolutos:  el perro se apareaba con el lobo, el gallo con el pavo real”.  El Rabino Bar Tibrin, en nombre del Rabino Isaac, dijo:  “Hasta la tierra actuaba como una ramera:  cuando se le plantaba trigo, solo brotaban malas hierbas.  De hecho, lo que emanó de la generación del diluvio no fue más que malas hierbas” (Génesis Rabá 28:8).  El acto de la creación de Dios, tan solo cinco capítulos atrás, estaba efectiva e irreparablemente socavado por los actos de los seres humanos y de la naturaleza trastocada.

            A lo largo de este último mes, hemos sido testigos de un mundo vuelto patas arriba.  La violencia de unos pocos ha infundido un sentimiento de caos y de miedo en la población en general.  Ahora, al igual que lo hizo Heschel, nos preguntamos cómo podemos mantener las fuerzas demoníacas bajo control.  En nuestra época, Dios no le pide a un Noé que construya un refugio con el que nuestra civilización se pueda salvar de la tormenta para volver a renacer otra vez.  Más bien, el desafío en la actualidad es el de que cada uno de nosotros escuche el llamado de Dios.  A diferencia de la generación del Diluvio, debemos observar la belleza de nuestra tierra y reconocer la Presencia de Dios en ella; debemos actuar siempre como si estuviéramos ante la Presencia de Dios; debemos sentir empatía con la fragilidad de la vida y el sufrimiento de nuestros semejantes; y finalmente nosotros, como judíos religiosos comprometidos y vigilantes, debemos dedicarnos a la labor continua de la creación, procurando traer orden y bendición a un mundo quebrantado.

Shabat Shalom,

            Rabino Berkowitz

 

La publicación y distribución del comentario del Rabino Matt Berkowitz de la Parashá Noah ha sido posible gracias a la donación generosa de Rita Dee y Harold (z”l) Hassenfeld.

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website.

 

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Última actualización:    16 de junio, 2003