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“Una de las lecciones que hemos aprendido de los acontecimientos de
nuestro tiempo es que no podemos vivir tranquilos bajo el sol de nuestra
civilización, que el hombre es, de todos los seres vivos, el más
peligroso. Podemos sentir
cómo cada minuto en nuestra civilización está cargado de tensión,
semejante al interludio que se da entre el rayo y el trueno. El hombre no se ha alejado
demasiado del caos. Solo fue
necesario una tormenta para hacerlo caer de nuevo en lo siniestro. Si la cultura ha de sobrevivir,
necesita urgentemente de defensas a lo largo de todo el camino. Un clamor frenético hacia el caos
se agita en nuestra sangre.
Muchos de nosotros somos demasiado sensibles a este clamor como
para ignorarlo para siempre.
¿Adónde está el poder que podría contrarrestar el efecto de ese
grito tan tentador? ¿Cómo
mantener las fuerzas demoníacas bajo
control?”
(No
Time for Neutrality,
“Sin Tiempo para la Neutralidad”, Abraham Joshua Heschel, en Moral Grandeur and Spiritual
Audacity, “Grandeza Moral y
Audacia Espiritual”, de Susannah
Heschel)
Escritas hace varias décadas, las palabras de Heschel reflejan una
profunda verdad que ha existido desde el principio de los tiempos, en la
época de Heschel y también en la nuestra. Estas palabras son particularmente
perspicaces frente al trasfondo de la lectura de la Torá de esta semana, la parashá Noah. Tan solo diez generaciones después
de la creación del mundo, el orden cuidadoso impuesto por Dios había sido
reemplazado por el caos. Los
versos que describen la situación antes del Diluvio son tan instructivos
como oscuros. “ Se corrompió
la tierra delante de Dios, y se llenó la tierra de violencia. Y miró Dios la tierra, y he aquí
que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre
la tierra. Y dijo Dios a
Noé: ‘El fin de toda carne ha
llegado delante de Mí, porque la tierra está llena de violencia a causa de
ellos, y he aquí que voy a destruirlos con la tierra’” (Génesis 6:11-13). Estos versos nos dejan pensando
sobre cuáles fueron en realidad los pecados del Dor ha-Mabul, la generación del
Diluvio. ¿Quiénes eran y qué
fue lo que hicieron para merecer un castigo tan drástico? Rabinos del Talmud y comentaristas
medievales trataron de dar una respuesta a estos
interrogantes.
Ibn Ezra ofrece dos interpretaciones a la expresión vatishakhet
haaretz lifnei haelohim, “se corrompió la tierra delante de Dios”
(Génesis 6:11), en el relato del Diluvio. En primer lugar, Ibn Ezra sugiere
que el pueblo pecó abiertamente, en público, delante de Dios. Según esta lectura, la generación
del Diluvio carecía de un sentido mínimo de la vergüenza, así como de
límites. Se mofaban de su
maldad y de su descarriamiento ante el Creador del Mundo. Por otro lado, según el mismo
Ibn Ezra, la frase podría significar
exactamente lo opuesto; esto
es, que la gente pecó solo ante
Dios, involucrándose en transgresiones que sólo a Dios le importaban. La segunda interpretación describe
su comportamiento como menos valiente pero más solapado. Parecían temer más a la gente que
a Dios, dispuestos a quebrantar las reglas cuando nadie estaba mirando,
pero sin tapujos de conciencia y sin reconocer la omnipresencia de
Dios.
La segunda mitad de Génesis 6:11 nos proporciona otra clave: vatimale haaretz hamas, “y se llenó la tierra de hamas”.
Ibn Ezra define hamas como
robo, opresión y violencia.
Humberto Cassuto sugiere que hamas significa “violación inescrupulosa y a sangre
fría de los derechos de los demás, motivada por la avaricia y el odio y a
menudo mediante el uso de la violencia física y la brutalidad.” Finalmente, el Talmud, en Rosh
Hashaná 12a, propone que el pecado principal del Dor ha-Mabul, la generación del Diluvio, tenía mucho que
ver con transgresiones sexuales.
En resumen, Ibn Ezra escribió que “ningún ser vivo actuaba de
acuerdo a su naturaleza; el orden natural, conocido y correcto de los
seres vivos se había distorsionado”.
El orden de la creación revirtió en el caos, borrando y destruyendo
todos los límites naturales y éticos. En verdad, toda la naturaleza
comenzó a reflejar este sentido invertido de la vida. Como comentario al verso “porque
toda carne había corrompido su camino sobre la tierra” (Génesis 6:12), el
Rabino Azaria dijo, en nombre del Rabino Judá ben Simón: “En la generación del diluvio
todos se habían convertido en seres disolutos: el perro se apareaba con el lobo,
el gallo con el pavo real”.
El Rabino Bar Tibrin, en nombre del Rabino Isaac, dijo: “Hasta la tierra actuaba como una
ramera: cuando se le plantaba
trigo, solo brotaban malas hierbas.
De hecho, lo que emanó de la generación del diluvio no fue más que
malas hierbas” (Génesis Rabá 28:8).
El acto de la creación de Dios, tan solo cinco capítulos atrás,
estaba efectiva e irreparablemente socavado por los actos de los seres
humanos y de la naturaleza trastocada.
A lo largo de este último mes, hemos sido testigos de un mundo
vuelto patas arriba. La violencia de unos
pocos ha infundido un sentimiento de caos y de miedo en la población en
general. Ahora, al igual que
lo hizo Heschel, nos preguntamos cómo podemos mantener las fuerzas
demoníacas bajo control. En
nuestra época, Dios no le pide a un Noé que construya un refugio con el
que nuestra civilización se pueda salvar de la tormenta para volver a
renacer otra vez. Más bien,
el desafío en la actualidad es el de que cada uno de nosotros escuche el
llamado de Dios. A diferencia
de la generación del Diluvio, debemos observar la belleza de nuestra
tierra y reconocer la Presencia de Dios en ella; debemos actuar siempre
como si estuviéramos ante la Presencia de Dios; debemos sentir empatía con
la fragilidad de la vida y el sufrimiento de nuestros semejantes; y
finalmente nosotros, como judíos religiosos comprometidos y vigilantes,
debemos dedicarnos a la labor continua de la creación, procurando traer
orden y bendición a un mundo quebrantado.
Shabat
Shalom,
Rabino Berkowitz
La
publicación y distribución del comentario del Rabino Matt Berkowitz de la
Parashá Noah ha sido posible gracias a la donación generosa de Rita Dee y
Harold (z”l) Hassenfeld.
Este
comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de
Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido
supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la
Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo
Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión
original en ingles, en este mismo
website. |