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Comentarios sobre la Torá

 

SHEMOT 5770
Shemot – Éxodo 1:1-6:1
9 de enero, 2010 – 23 de Tevet, 5770

Por el Rabino Mario Gurevich,
Sinagoga Beth Israel, Aruba

 

En el inicio del libro del Éxodo (Shemot) se nos dice: “Y murió Yosef y todos sus hermanos y toda esa generación.”

Lo cual no tendría nada de particular, salvo por el hecho que el ultimo versículo del Génesis (Bereishit) que leímos la semana pasada nos cuenta: “Y murió Yosef de ciento diez años, y lo embalsamaron y lo pusieron en un ataúd en Egipto”.

En principio, podría pensarse que el versículo de hoy es una técnica literaria, para recordar al lector en dónde habíamos quedado. Pero esa lectura no resiste el análisis por varias razones: el libro del Génesis es el libro de los Patriarcas y las Matriarcas; luego, ¿por qué termina con la muerte de Yosef y no, más bien, con la de Yaacov? Y si no fuera así, ¿por qué no incorporar la muerte de los hermanos también en el final del Génesis?

La pista para entender este aparente sinsentido, la encontramos en el texto de la bendición que Yaacov le extiende a Yosef, después de haber adoptado a los hijos de este, Efraím y Menashé, como propios, lo cual de hecho le hace a Yosef el receptor de la “doble porción” del primogénito.

Dice Yaacov (entre muchas otras cosas): “Yosef es una viña fructífera…la piedra de Israel”. Even Israel es traducido habitualmente como la “piedra de Israel”. Sin embargo, Onkelos, el traductor de la Torá al arameo, entiende esta palabra como la amalgama de Av y Ben, padre e hijo.

Ser padre e hijo al mismo tiempo tampoco es raro; muchos lo fuimos o lo somos. Pero como esto coincide con la adopción de los hijos de Yosef por Yaacov, tal vez debamos darle una lectura diferente.

No cabe duda de que Yosef fue, en más de un sentido, un ser excepcional, como pudieron atestiguar primero su padre, luego Potifar, más tarde el Faraón, y finalmente su propia familia, que lo había desterrado.

Esas condiciones extraordinarias son las que llevan a Yaacov a reconocer a Yosef como su par, como un verdadero Patriarca a su lado, junto a su padre Isaac y a su abuelo Abraham.

De alguna manera, Yaacov “asciende” a Yosef al nivel de los Patriarcas, y por eso cierra el libro del Génesis.

Pero por otro lado, y generacionalmente hablando, Yosef está en el nivel de sus hermanos, y por ello abre junto con ellos el libro del Éxodo, cuyo tema central será el de los hijos de Israel.

Esto es el significado de unir Av con Ben, Padre e Hijo, la descripción última de un individuo que supo trascender los límites de su generación y redactar el curso de la historia posterior, manteniendo sin embargo su condición, lo que le permite estar también en el puesto que le corresponde por edad y nacimiento.

Tal vez debamos aprender de esto la inutilidad del discurso de aquellos que suelen decir con orgullo “mi abuelo era Rabino”, condonando de esta manera su propia ignorancia o desinterés por lo judío, y resaltar, en cambio, que son nuestras acciones y nuestra creatividad las que nos darán el sitio adecuado en la Historia, bien como padres, como hijos o como ambos.

Shabat Shalom,

Rabino Mario Gurevich



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Enviado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearith Israel, Panamá.

 

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Última actualización:    26 de enero, 2010