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Comentarios sobre la Torá del Canciller Schorsch
                (Seminario Teológico Judío de América)

 

BERESHIT 5763
Bereshit - Génesis 1:1-6:8
5 de octubre, 2002 - 29 de Tishrei, 5763

Por el Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary

Traducción de Inés Baum



La conversión está de nuevo en el tapete. Durante el período de las Altas Fiestas que acaba de terminar, un Tribunal rabínico conservador en Europa Oriental completó el proceso de conversión al judaísmo de dieciocho checos y diecinueve polacos. Aproximadamente el 80% de ellos tenían raíces judías. Todos estudiaron formalmente al menos por un año (muchos estudiaron más tiempo), y estuvieron obligados a estar activos en sus respectivas comunidades judías. Antes de la conversión, los hombres fueron sometidos al ritual de la circuncisión, completa o simbólica (aquellos que ya estaban circuncidados), mientras que tanto hombres como mujeres pasaron por el ritual de la inmersión. Otra media docena de personas en Praga están en proceso de terminar su conversión.

El rabinato ortodoxo, como de costumbre, condenó las conversiones tachándolas de inválidas y procuró obstaculizar el proceso. Negó el acceso a las mikvaot (baños rituales) bajo su control y, en Praga, ordenó a la comunidad organizada no venderle carne kosher a los conversos. Hace unos años, cuando visité Praga, me sentí consternado al enterarme de que para unirse a la comunidad organizada había que pasar prácticamente por una inquisición, con el fin de obtener el certificado de judío según la halajá. Como resultado de esto, la comunidad cuenta con tan solo 1600 miembros, a pesar de que en la ciudad existe una población de entre 15 y 20,000 personas con algún vestigio de judaísmo, muchos de los cuales estarían felices ante la oportunidad de volver a sus raíces. En lugar de estar anuente a la apertura, el rabino ortodoxo de Praga, converso él mismo, quien fuera ordenado en Israel y encarna la estrechez de miras que es su patrimonio, ha cerrado todos los caminos. En toda Europa existe un rabinato entrenado en Israel que no hace más que levantar obstáculos para desanimar a los interesados en convertirse al judaísmo. La tragedia no reconocida de la ola de inmigrantes rusos no judíos a Israel, que carecen de recursos para pedir una conversión razonable, se desarrolla, en miniatura, en muchas ciudades de Europa, para detrimento del pueblo judío.

Lo que caracteriza a esta tragedia nacional es que los extremistas han ido mucho más allá de lo que dicta la normativa halájica sobre la conversión. El principio de equilibrio halájico que debiera prevalecer está enunciado en un midrash brillante y fortalecedor en nuestra parashá, y recoge una pequeña discrepancia en la narrativa que probablemente trataríamos de paliar. Cuando Dios puso a Adán por primera vez en el Jardín del Edén, “para que lo labrara y lo guardase”, Dios le ordenó no comer del “árbol del conocimiento del bien y del mal” (Gén. 2:17). Pero, al ser interrogada Eva por la serpiente acerca de esa prohibición, ella citó a Dios diciendo “No comáis de él, ni lo toquéis, no sea que muráis” (3:3). El añadido, según el midrash, le dio a la serpiente la oportunidad de tenderle una trampa. Un día que Eva pasaba al lado del árbol, la serpiente la empujó sin consecuencia alguna, y después procedió a argumentar que así como el haber tocado el árbol no le había provocado ningún mal, tampoco se lo haría el comer de sus frutos.

El midrash da a entender que la fuente de ese adorno habría sido Adán, a quien se le dio la orden antes de que Eva fuera creada. En consecuencia, cuando Adán le traspasó la orden a Eva, probablemente aumentó sus alcances para asegurarse de su obediencia. La orden de no tocar mantendría a Eva a una distancia segura del árbol, disminuyendo así la tentación de comer su fruto. No obstante, la defensa terminó provocando su caída, de donde el midrash sacó su lección de que “No debemos hacer la valla más grande que el principio ordenado, para que no vaya a ceder y a destruir los brotes” (Bereshit Rabá 19:3). El autor del midrash ofrece así una nota de alerta ante un sistema legal, propenso a promover la observancia de sus estatutos mediante la construcción de vallados protectores. La pérdida del balance entre lo que es periférico y lo que es central puede provocar involuntariamente un resultado absolutamente opuesto.

Este espíritu de moderación es el que está presente en la beraita (texto) del segundo siglo en el Talmud Babilónico (Ievamot 47a-b), que primero formula las cuatro etapas del proceso que culmina en la conversión al judaísmo (ver Shaye J.D. Cohen, The Beginnings of Jewishness, 1999, capítulo 7). En primer lugar, se debe desengañar a los candidatos haciéndoles ver que no obtendrán ninguna ventaja material al unirse al pueblo judío. “¿Ignoráis acaso que los israelitas en este día son heridos, oprimidos, perseguidos y quebrantados y que las aflicciones se ciernen sobre ellos? Si él dice: ‘Lo sé y soy indigno’, lo aceptan de inmediato” (según la traducción de Cohen).

La etapa dos consiste en darles alguna instrucción preliminar y parcial sobre el judaísmo: “Y le hacen saber a él unos pocos de los mandamientos más leves y unos pocos de los mandamientos más severos” (según trad. Cohen). Más específicamente, los miembros del Tribunal deben informar a los futuros conversos sobre sus obligaciones de proveer al pobre, los castigos por violar mandamientos tales como comer grasa prohibida o profanar el Shabat, y las recompensas por apegarse a los mandamientos, especialmente en el mundo venidero. Las etapas tres y cuatro incluyen la circuncisión para los hombres y la inmersión ritual para ambos, seguidas de nuevo por un poco más de instrucción: “unos pocos de los mandamientos más leves y unos pocos de los mandamientos más severos” (las mismas palabras que antes) (según trad. Cohen).

Mi intención al citar este texto es destacar el hecho de que el proceso de conversión en su concepción original, no era ni muy prolongado ni exhaustivo. Una vez que el Tribunal determinaba la sinceridad del candidato, la admisión se concedía de inmediato. De igual importancia en un sistema legal que privilegia las opiniones de autoridades posteriores más que la de autoridades anteriores, el texto talmúdico se repite al pie de la letra en el código de Maimónides del siglo XII, en el código de Asher ben Iaakov del siglo XIV, y en el código de Iosef Karo del siglo XVI. En resumen, no se debe someter al candidato a la conversión a la gama completa de la ley judía, sino tan solo a “unos pocos de los mandamientos más leves y unos pocos de los mandamientos más severos”. La conversión es el principio de un recorrido de toda la vida de aprendizaje del judaísmo, como lo es también el haber nacido judío.

Declara inequívocamente que “Un gentil que está preparado para aceptar todas las palabras de la Torá excepto una debe ser rechazado. R. Iosi, hijo de R. Iehuda, dice que aún una simple prohibición rabínica (es suficiente para que sea rechazado)” (Talmud, Bejorot 30b). El ánimo de este pronunciamiento es claramente todo o nada. Pero lo que lo hace menos normativo es su contexto. Aparece como parte de un pasaje que trata de la admisión a una hermandad de judíos dedicada a la observación estricta de las reglas del diezmo y al consumo de comida ordinaria en un estado de pureza ritual. En consecuencia, R. Meir afirmaba que “Un judío no observante admitido como miembro en una confraternidad, que se convierte en sospechoso con respecto a una sola ley de la Torá, se convierte en sospechoso de violar la Torá completa.” A pesar de que los rabinos no estuvieron de acuerdo con R. Meir (la sospecha no debía desatarse a ciegas), la exclusividad de la hermandad tendía a fijar los obstáculos para la admisión en un nivel muy alto. Por analogía, la admisión al judaísmo se hizo igualmente rigurosa.

Pero la analogía probó ser demasiado restrictiva (hermandades semejantes en la antigua Palestina eran poco comunes), y los códigos medievales hicieron poco uso del pasaje. La ceremonia para admitir a una persona formal y públicamente al judaísmo puede, de hecho, haber tenido sus raíces en este mundo de hermandades santas, pero ya para entonces el judaísmo hacía tiempo se había juzgado a sí mismo como una religión de valor universal, aún después de la destrucción del Templo y la debacle de Bar Kojba.

En pocas palabras, si alguna vez hubo una crisis contemporánea en la vida judía susceptible de ser resuelta por la halajá, ésta es el reto de la conversión. Las fuentes no requieren la adopción de una línea dura. Desviarse hacia la derecha es tan malo como desviarse hacia la izquierda. La piedad no es mejor a la hora de impedir el abuso del poder que cualesquiera otras virtudes. Lo que sufre al final cuando se pierde el equilibrio es el bienestar público.

Shabat shalom

Ismar Schorsch

La publicación y distribución del comentario del Rabino Schorsch de Parashat Bereshit ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.


La traducción del comentario de la Parashá del Rabino Schorsch es realizada por la Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe: http://www.ujcl.org/. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

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Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit Israel, Panamá. Versión original en inglés.

 

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Última actualización:    17 de mayo, 2003