Educación para Adultos

 

Comentarios sobre la Torá del Canciller Schorsch
                (Seminario Teológico Judío de América)

 

LEJ-LEJA 5763
Bereshit - Génesis 12:1-17:27
19 de octubre, 2002

Por el Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary

Traducción de Inés Baum



El Tanáj es la cantera de donde se extrajo el sidur. Se eligieron largos pasajes y frases individuales para crear la plegaria verbal que se convirtió en la marca de la sinagoga. Lo más conocido son los tres párrafos del Shemá, tomados de los libros Deuteronomio y Números, y los muchos salmos del Salterio. La parashá de esta semana solamente contribuyó con una palabra, pero una palabra de carácter y resonancia únicos.

Tras la aplastante victoria de Abraham sobre los cuatro reyes extranjeros, que habían capturado a su sobrino Lot, Dios le asegura que continúa gozando del favor divino: "No temas, Abraham: Yo soy para ti un escudo, tu premio será muy grande" (15:1). Los Rabinos funden esa palabra, "escudo", con una frase, "Escudo de Abraham", para referirse a Dios, con el fin de convertir la frase en la conclusión de la primera bendición de cada amidá: "Bendito eres Tú, Eterno, Escudo de Abraham" (Maguen Abraham). Por extensión, la promesa de Dios de proteger a Abraham cuenta también para sus descendientes. ¿Qué mejor escudo que la preocupación constante de Dios?

Pero es una promesa a menudo atropellada por el desarrollo de los acontecimientos. ¿Cómo hacemos para dirimir la diferencia recurrente entre nuestra historia y nuestra teología? La realidad pareciera burlarse de nuestros píos constructores. La misma bendición de la amidá tiene otra frase bíblica, en la que el Talmud ofrece una de las más notables homilías que conozco sobre el tema de la teodicea. Cuando nos referimos a Dios antes de nuestras peticiones, Le alabamos con las palabras de Moisés: "Dios grande, poderoso, y terrible" (Deut. 10:17). Los adjetivos magnifican la imagen del escudo. El portador no es nada menos que invencible y omnipotente, haciendo aún más difícil nuestra cuadratura del círculo.

El siglo XX no ha sido el primero en el que la calamidad ha hecho estragos en la vida judía. Los Rabinos imaginaron al profeta Jeremías, quien predijo y soportó la destrucción del Primer Templo, enmendando el texto de la amidá: "Los gentiles bailan en el Santo de los Santos; ¿adónde está el temor reverencial que infunde Dios? Por esto Jeremías se rehusó a pronunciar la palabra ‘terrible’". Del mismo modo, el profeta Daniel más tarde fue testigo de la humillación de Israel en el exilio, y exclamó: "¿Adónde está el poder de Dios? Y se rehusó a pronunciar la palabra ‘poderoso’".

Sin embargo, la bendición arreglada no permaneció por mucho tiempo en su forma truncada. Los Hombres de la Gran Asamblea "restauraron la corona a su lustre original". A diferencia de Daniel, argumentaron que el poder de Dios se ponía de manifiesto en la extraordinaria paciencia que demostraba con los malvados. En lugar de castigarlos, Dios vence Su propia ira y se contiene. Asimismo, lo reverencial de Dios se nota en la supervivencia del pueblo judío en el exilio. El temor a Dios es lo que detiene la mano de las naciones del mundo que quieren aniquilarnos. En resumen, con un poco de esfuerzo, los atributos de Dios se pueden reconciliar con la experiencia histórica del antiguo Israel.

Lo que hace especial a este razonamiento es el viraje inesperado que toma en este punto: el Talmud vuelve a Jeremías y Daniel. ¿Qué los movió a dejar de lado las palabras de Moisés? Esto no fue un paso pequeño en una cultura que consideraba a la Torá inmutable. La respuesta que ofrece es: "que ellos sabían que Dios valoraba la verdad y por lo tanto no halagarían a Dios falsamente" (Talmud Iomá 69b). El final eleva la resolución anterior. La simpatía del Talmud (i.e., el editor de este pasaje) yace con Jeremías y Daniel. La prioridad que tiene la verdad los exime de la necesidad de negar lo que ellos mismos vivieron. Se respeta su integridad. No se nos pide que teoricemos con frivolidades teológicas sobre la realidad brutal de nuestra experiencia histórica. Como dice el Talmud en otra parte, "El sello de Dios es la verdad" (Talmud, Shabat 55a).

¿Cómo, entonces, se nos puede dejar con dos respuestas diferentes para el mismo acertijo? De hecho, están en menos conflicto del que aparentan en la superficie. Los Hombres de la Gran Asamblea también estaban listos para aceptar a un Dios que se auto-limita y que no interviene en todas las crisis para rescatar al pueblo elegido de Dios. ¿No es ese el punto de la lentitud de Dios al enfurecerse con aquellos que ofenden a Israel? Solamente a largo plazo comenzamos a detectar la mano oculta de Dios en nuestra supervivencia. De cerca, el horror del momento opaca la presencia de Dios. Pero a distancia, la permanencia judía frente a todas las amenazas desafía la acumulación de razones históricas inmediatas. Las herramientas del historiador son mejores a la hora de dar cuenta de la naturaleza y dirección de los acontecimientos. Confrontados a la enormidad de la historia judía, sentimos un misterio que pone de manifiesto la presencia de Dios. Aunque no se menciona, esa es también seguramente la creencia a largo plazo de Jeremías y Daniel.

Finalmente, la diferencia entre las dos posiciones, la de Jeremías y Daniel por un lado, la de los Hombres de la Gran Asamblea por el otro, se reduce a la diferencia entre el literal y el no literal. Los profetas, con una visión constreñida del lenguaje, eliminaban las palabras que se oponían a lo que ellos habían visto. Los Hombres de la Gran Asamblea, al no ser literales, retenían las palabras pero las reinterpretaban. Me atrevería a decir que ninguno de ellos violaba lo que para ellos era cierto. La ventaja del enfoque no literal es que el texto de nuestras oraciones no tiene que ser revisado en cada generación. La flexibilidad inherente del lenguaje permite una continuidad en la forma. Lo que cambia es el contenido o significado que le adjudicamos a las palabras. En ambos casos, el principio operativo es el de orar con integridad. O como nos recordamos cada mañana antes de comenzar a rezar, "Siempre debemos honrar a Dios en privado como en público, reconociendo la verdad y hablando la verdad en nuestros corazones."

Shabat shalom

Ismar Schorsch

La publicación y distribución del comentario del Rabino Schorsch de Parashat Lej Leja ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.


La traducción del comentario de la Parashá del Rabino Schorsch es realizada por la Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe: http://www.ujcl.org/. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

Para suscribirse o dejar de recibir el comentario de la parashá del Rabino Dr. Schorsch, envíenos un e-mail a: UJCL_parasha@yahoo.com . Si quiere dedicar la traducción en memoria de un ser querido o en honor de algún acontecimiento familiar, escríbanos a: UJCL_parasha@yahoo.com

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit Israel, Panamá. Versión original en inglés.

 

© 2001, 2002 UJCL - Derechos Reservados


Diseño & Hosting por:    CaribMedia
Operadores de:    VisitAruba.com
Actualizaciones por:    Inés Baum      baumgut@racsa.co.cr
Asesor:    Daphne Cesareo Lejuez

Última actualización:    17 de mayo, 2003