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El Tanáj
es la cantera de donde se extrajo el sidur. Se eligieron largos pasajes y
frases individuales para crear la plegaria verbal que se convirtió en la
marca de la sinagoga. Lo más conocido son los tres párrafos del Shemá,
tomados de los libros Deuteronomio y Números, y los muchos salmos del
Salterio. La parashá de esta semana solamente contribuyó con una palabra,
pero una palabra de carácter y resonancia únicos.
Tras la
aplastante victoria de Abraham sobre los cuatro reyes extranjeros, que
habían capturado a su sobrino Lot, Dios le asegura que continúa gozando
del favor divino: "No temas, Abraham: Yo soy para ti un escudo, tu premio
será muy grande" (15:1). Los Rabinos funden esa palabra, "escudo", con una
frase, "Escudo de Abraham", para referirse a Dios, con el fin de
convertir la frase en la conclusión de la primera bendición de cada amidá:
"Bendito eres Tú, Eterno, Escudo de Abraham" (Maguen Abraham). Por
extensión, la promesa de Dios de proteger a Abraham cuenta también para
sus descendientes. ¿Qué mejor escudo que la preocupación constante de
Dios?
Pero es
una promesa a menudo atropellada por el desarrollo de los acontecimientos.
¿Cómo hacemos para dirimir la diferencia recurrente entre nuestra historia
y nuestra teología? La realidad pareciera burlarse de nuestros píos
constructores. La misma bendición de la amidá tiene otra frase bíblica, en
la que el Talmud ofrece una de las más notables homilías que conozco sobre
el tema de la teodicea. Cuando nos referimos a Dios antes de nuestras
peticiones, Le alabamos con las palabras de Moisés: "Dios grande,
poderoso, y terrible" (Deut. 10:17). Los adjetivos magnifican la imagen
del escudo. El portador no es nada menos que invencible y omnipotente,
haciendo aún más difícil nuestra cuadratura del círculo.
El siglo
XX no ha sido el primero en el que la calamidad ha hecho estragos en la
vida judía. Los Rabinos imaginaron al profeta Jeremías, quien predijo y
soportó la destrucción del Primer Templo, enmendando el texto de la amidá:
"Los gentiles bailan en el Santo de los Santos; ¿adónde está el temor
reverencial que infunde Dios? Por esto Jeremías se rehusó a pronunciar la
palabra ‘terrible’". Del mismo modo, el profeta Daniel más tarde fue
testigo de la humillación de Israel en el exilio, y exclamó: "¿Adónde está
el poder de Dios? Y se rehusó a pronunciar la palabra
‘poderoso’".
Sin
embargo, la bendición arreglada no permaneció por mucho tiempo en su forma
truncada. Los Hombres de la Gran Asamblea "restauraron la corona a su
lustre original". A diferencia de Daniel, argumentaron que el poder de
Dios se ponía de manifiesto en la extraordinaria paciencia que demostraba
con los malvados. En lugar de castigarlos, Dios vence Su propia ira y se
contiene. Asimismo, lo reverencial de Dios se nota en la supervivencia del
pueblo judío en el exilio. El temor a Dios es lo que detiene la mano de
las naciones del mundo que quieren aniquilarnos. En resumen, con un poco
de esfuerzo, los atributos de Dios se pueden reconciliar con la
experiencia histórica del antiguo Israel.
Lo que
hace especial a este razonamiento es el viraje inesperado que toma en este
punto: el Talmud vuelve a Jeremías y Daniel. ¿Qué los movió a dejar de
lado las palabras de Moisés? Esto no fue un paso pequeño en una cultura
que consideraba a la Torá inmutable. La respuesta que ofrece es: "que
ellos sabían que Dios valoraba la verdad y por lo tanto no halagarían a
Dios falsamente" (Talmud Iomá 69b). El final eleva la resolución anterior.
La simpatía del Talmud (i.e., el editor de este pasaje) yace con Jeremías
y Daniel. La prioridad que tiene la verdad los exime de la necesidad de
negar lo que ellos mismos vivieron. Se respeta su integridad. No se nos
pide que teoricemos con frivolidades teológicas sobre la realidad brutal
de nuestra experiencia histórica. Como dice el Talmud en otra parte, "El
sello de Dios es la verdad" (Talmud, Shabat 55a).
¿Cómo,
entonces, se nos puede dejar con dos respuestas diferentes para el mismo
acertijo? De hecho, están en menos conflicto del que aparentan en la
superficie. Los Hombres de la Gran Asamblea también estaban listos para
aceptar a un Dios que se auto-limita y que no interviene en todas las
crisis para rescatar al pueblo elegido de Dios. ¿No es ese el punto de la
lentitud de Dios al enfurecerse con aquellos que ofenden a Israel?
Solamente a largo plazo comenzamos a detectar la mano oculta de Dios en
nuestra supervivencia. De cerca, el horror del momento opaca la presencia
de Dios. Pero a distancia, la permanencia judía frente a todas las
amenazas desafía la acumulación de razones históricas inmediatas. Las
herramientas del historiador son mejores a la hora de dar cuenta de la
naturaleza y dirección de los acontecimientos. Confrontados a la enormidad
de la historia judía, sentimos un misterio que pone de manifiesto la
presencia de Dios. Aunque no se menciona, esa es también seguramente la
creencia a largo plazo de Jeremías y Daniel.
Finalmente,
la diferencia entre las dos posiciones, la de Jeremías y Daniel por un
lado, la de los Hombres de la Gran Asamblea por el otro, se reduce a la
diferencia entre el literal y el no literal. Los profetas, con una visión
constreñida del lenguaje, eliminaban las palabras que se oponían a lo que
ellos habían visto. Los Hombres de la Gran Asamblea, al no ser literales,
retenían las palabras pero las reinterpretaban. Me atrevería a decir que
ninguno de ellos violaba lo que para ellos era cierto. La ventaja del
enfoque no literal es que el texto de nuestras oraciones no tiene que ser
revisado en cada generación. La flexibilidad inherente del lenguaje
permite una continuidad en la forma. Lo que cambia es el contenido o
significado que le adjudicamos a las palabras. En ambos casos, el
principio operativo es el de orar con integridad. O como nos recordamos
cada mañana antes de comenzar a rezar, "Siempre debemos honrar a Dios en
privado como en público, reconociendo la verdad y hablando la verdad en
nuestros corazones."
Shabat shalom
Ismar Schorsch
La publicación y distribución del comentario del Rabino Schorsch
de Parashat Lej Leja ha sido posible gracias a la generosa donación
de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.
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La traducción del comentario de la Parashá del Rabino Schorsch es realizada por la Unión Judía
de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe:
http://www.ujcl.org/. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.
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Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe,
con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en
español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación
B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit
Israel, Panamá.
Versión original en inglés.
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