Educación para Adultos

 

Comentarios sobre la Torá del Canciller Schorsch
                (Seminario Teológico Judío de América)

 

VAIERA 5763
Bereshit - Génesis 18:1-22:24
26 de octubre, 2002 - 20 Marjeshvan 5763

Por el Rabino Ioshua Heller
Director de Educación a Distancia y Tecnología Educativa en el JTS

Reemplazando al Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary

Traducción de Inés Baum



Desde que era niño, he luchado con una pregunta fundamental acerca de la personalidad de Abraham, pregunta planteada en Vaiera, la parashá de esta semana. Cuando Dios llega donde Abraham y le dice que la ciudad de Sodoma será destruida por su maldad, Abraham responde con agresividad al punto de avergonzar a Dios haciéndole prometer que la ciudad se salvará si se pueden encontrar 50 personas justas dentro de sus muros: "Lejos sea esto de Ti. ¿El Juez de toda la tierra no ha de hacer justicia?" (Gén.18:25). Después, con un estilo de regateo que le envidiaría cualquier vendedor de autos usados, adolescente o abogado defensor, logra reducir el número a cuarenta y cinco, a treinta, a veinte, a diez.

En contraste, cuando Dios le ordena a Abraham "Toma a tu hijo, a tu único hijo, al que amas, a Isaac, y ofrécelo en holocausto" (Gén. 22:2), Abraham no dice nada y se va a cumplir la voluntad de Dios. ¿Cómo es posible que Abraham se preocupara tanto por gente extraña, no luchara por la vida de su propio hijo?

Me sorprende mucho más el fervor y la concentración que Abraham pone en su tarea. En lugar de demorarse en las despedidas, no se retrasa; se levanta al amanecer y se pone en camino inmediatamente, cuidando muchos detalles por sí mismo. Cuando Dios llama a Abraham para que ofrezca a su hijo (Gén. 22:1), Dios dice su nombre una vez, y Abraham responde Hineni, "Heme aquí". En contraste, cuando el mensajero de Dios llama a Abraham para que se detenga, en el último momento (22:11), lo llama dos veces, "Abraham, Abraham"; a Abraham solo hay que pedirle una vez que esgrima el cuchillo, pero dos veces para que lo baje.

Creo que los sabios trataron de suavizar esa percepción cuando re-imaginaron cada frase de la orden de Dios a Abraham como un lado de una conversación, con Abraham contestando al otro lado (Sanhedrín 89b):

"Toma a tu hijo."
"¡Pero yo tengo dos hijos!"
"Tu hijo único..."
"Este es el hijo único de su madre, y éste es el hijo único de su madre."
"Al que amas..."
"Yo amo a mis dos hijos."
"Isaac."

Y Abraham es incapaz de decir nada más.

El tono de esta conversación enfoca la pregunta en una forma diferente, porque pone estos acontecimientos en el contexto del trato de Abraham hacia su hijo mayor. Cuando Sara, tras el nacimiento de Isaac, exige que Ismael sea enviado lejos, Abraham se siente muy apesadumbrado. Solamente después de que Dios le asegura que todo irá bien con su hijo mayor, Abraham lo envía a enfrentarse a la muerte en el peligroso desierto.

Hay muchos enfoques para resolver esta paradoja. Por ejemplo, muchas fuentes judías (por ejemplo, Pirke Avot 5:3) interpretan que el destierro de Ismael y el sacrificio de Isaac fueron la culminación de las diez "pruebas" que le hizo Dios a la fe de Abraham. Algunos podrían argumentar que visto en este contexto, el cambio en las respuestas demuestra un progreso en la profundidad de su fe. Al principio, Abraham se atrevió a retar la sabiduría de Dios en voz alta (en el caso de Sodoma) o necesitó de más confianza, aunque sus dudas no fueron externadas (en el caso de Ismael). La complacencia de Abraham ante la idea de sacrificar a su propio hijo podría verse, entonces, como un ejemplo de que había logrado el grado más profundo de fe, una profunda apreciación de que en efecto todo pertenece a Dios. Algunos encuentran reconfortante esta explicación, pero a mí me suena un poco falsa cuando la observo a la luz de las acciones de Moisés y los profetas posteriores; hombres y mujeres de fe. En las palabras de mi maestro, el erudito bíblico Yochanan Muffs, ellos "se arriesgaron" a pedirle a Dios que rectificara el decreto divino y defendiera al inocente.

El comportamiento de Abraham tiene sentido a la luz de su medio ambiente cultural. Los arqueólogos pueden debatir sobre la frecuencia real de la costumbre de sacrificar niños en el antiguo Medio Oriente, pero el texto bíblico lo retrata como una norma de expresión religiosa aún tentadora para los israelitas, mucho después de la época de Abraham. El relativamente avanzado sentido moral de Abraham podría haberlo capacitado para percibir que el castigo colectivo de inocentes era malo. Sin embargo, si los ídolos falsos, carentes de poder, recibían sacrificios humanos, ¿por qué Abraham le daría menos al único Dios verdadero, un Dios que ya había dado, y demandado, tanto? Algunos eruditos modernos han sugerido que la verdadera prueba no era si Abraham de verdad ofrendaría a su hijo, sino más bien si no lo haría.

También podríamos ver el comportamiento de Abraham como reflejo de una cierta pureza de propósito. Abraham era un hombre tan humilde que podía retar al creador del universo en beneficio de otros, pero no lo podía hacer cuando el asunto afectaba sus intereses personales. Por supuesto que la preocupación de Abraham por la gente de Sodoma no debiera verse como totalmente desinteresada; su sobrino Lot vivía entre ellos, y ya había actuado una vez (en la batalla de los cinco reyes contra los cuatro reyes) para rescatar a su pueblo del desastre.

Últimamente, he llegado a apreciar la paradoja a la luz de lo que significa equilibrar las responsabilidades como padre con las responsabilidades para con la comunidad en general. Tengo un respeto renovado por mis propios padres, quienes de alguna manera lograron que la familia fuera su primera prioridad, a pesar de su compromiso y devoción con la vida de nuestra comunidad local y del mundo judío en general. Aún cuando muchos luchan con la cuestión de cómo balancear el tiempo entre la familia, el trabajo y la vida profesional, los retos son particularmente irritantes cuando uno está involucrado en el trabajo de líder comunitario, o en una de las profesiones "de cuidar", responsable del bienestar físico y/o espiritual de otras personas. Estoy seguro de que mi propia experiencia, y la de mis colegas en el rabinato, resuena al unísono con la de los educadores, líderes laicos, líderes políticos, médicos y otros. Las demandas urgentes de la familia comunitaria amenazan con atrapar las propias, y muchos fallan al tratar de encontrar un punto intermedio. Abraham fue quizás el primer líder judío, pero definitivamente no el único, en casi sacrificar a sus hijos en aras de promover la tradición judía.

Dada la concisión del texto bíblico, es difícil demostrar algo a partir de lo que no se dice, pero me impresiona el hecho de que el texto bíblico hace el recuento de muchas conversaciones de Abraham con Dios y con líderes extranjeros, pero solamente una con Isaac. Esa única conversación se da cuando van subiendo la montaña, con el cuchillo y la leña en la mano. Tal vez Isaac estaba dispuesto a caminar hacia el olvido, con el carnero misteriosamente ausente, siempre y cuando le proporcionara una oportunidad para que padre e hijo "caminaran juntos".

Podríamos interpretar el texto como prueba que Abraham no amaba a su hijo. Antes de la Akedá, Dios se refiere a Isaac como "tu hijo, tu hijo único, al que amas" (Gén. 22:2). Posteriormente, Dios se refiere dos veces a Isaac como "tu hijo, tu hijo único" (Gén. 22:12,16), omitiendo la frase "al que amas". Pienso que lo cierto es lo opuesto; siempre he percibido una gran ternura y amor en la manera en que Abraham cargó los peligrosos objetos él mismo, y en la forma en que le respondió a su hijo con el mismo "HINENI" ("Heme aquí"), la misma "presencia" que le ofreció a Dios.

Más bien, fue necesaria la amenaza del cuchillo para que Abraham se diera cuenta de la importancia relativa del alma única y singular que él y Sara habían hecho juntos, frente a las muchas almas/seguidores que habían "hecho" en Harán y traído con ellos a Canaán (Génesis 12:5). Fue necesario un insondable decreto divino para que Abraham estuviera realmente presente para su hijo. Todos nosotros nos enfrentamos a la misma prueba de Abraham. ¿Necesitaremos un momento de crisis para caminar junto a aquellos que amamos?

Shabat shalom

Ioshua Heller

La publicación y distribución del comentario del Rabino Heller de Parashat Vaiera ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.


La traducción del comentario de la Parashá del Rabino Schorsch es realizada por la Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe: http://www.ujcl.org/. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

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Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit Israel, Panamá. Versión original en inglés.

 

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Última actualización:    17 de mayo, 2003