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Los
cinco libros que conforman las escrituras más sagradas de los judíos
tienen diversos nombres en diversas lenguas. Solamente el nombre en hebreo
transmite exactamente el contenido y no solo la estructura de estos
libros. “Torá” significa
enseñanza. Uno de los
aspectos de la Torá que la ha hecho tan atractiva para tanta gente a lo
largo del tiempo es que no sóo es una enseñanza sino que también enseña a
enseñar. La Torá, en sus
propios términos, es tanto las enseñanzas de Dios para los seres humanos
como el libro de texto de los hombres para enseñarse
mutuamente.
El mejor ejemplo de la Torá como un documento que requiere de la
educación es una línea del Shemá: “Estas palabras que te ordeno
hoy... las inculcarás a tus hijos, y hablarás de ellas” (Dt. 6:6-7). Aunque no tenemos que esperar a
llegar al Deuteronomio para darnos cuenta de la importancia de la
educación. En la parashá de
esta semana, en el Libro del Génesis, Dios dice sobre Abraham: “Yo lo he conocido, a fin de que
mande a sus hijos y a su casa después de él, que guarden el camino del
Señor, haciendo rectitud y justicia” – la'asot tzrdaka u-mishpat (Gn
18:18-19).
La tarea de Abraham era proporcionar instrucción en la justicia y
en la rectitud, temas, presumiblemente, aprendidos directamente de Dios.
Abraham demuestra que ha aprendido la lección bien cuando hace responsable
al maestro de aplicar Sus propias enseñanzas. Cuando Abraham se entera de la
intención de Dios de destruir Sodoma y Gomorra, usa las mismas palabras
que Dios usó para enfrentarlo:
“¿Es así que Tú vas a destruir al justo
con el malvado?...
Lejos de Ti el obrar de esta manera, que hagas
morir al hombre justo(tzadik)
con el malvado, y que el justo sea tratado como el malvado... ¿El Juez de
toda la tierra no ha de hacer justicia (mishpat)?” (
Gn.18:23-25).
El comentarista bíblico conocido como Kli Yakar (Efraín ben Aaron
de Lunshits, 1550-1619) especula acerca del razonamiento subyacente en el
reproche de Abraham a Dios.
Kli Yakar, citando el verso en el que Dios expresa su intento de
“descender” a ver el clamor proveniente de Sodoma y Gomorra (Gn.18:21),
encuentra un significado más profundo en la respuesta de Abraham a
Dios. Abraham razona que si
Dios tuviera la intención de actuar contra las ciudades malvadas a través
de mensajeros de destrucción, el resultado sería que los malvados y los
rectos serían destruidos por igual.
Estos mensajeros (o ángeles), una vez sueltos en la tierra, no
podrían distinguir entre los justos y los malvados. Pero Dios tenía la intención de
destruir las ciudades él mismo, sin intermediarios, y es claro que Dios sí
puede hacer distinciones y no castigar a los justos junto con los
malvados.
La Torá no registra
ninguna respuesta airada por parte de Dios ante el reproche de
Abraham. Por el contrario, el
Maestro acepta Su propia enseñanza.
Más adelante en esta misma parashá, se afirma de forma explícita
que Dios puso a prueba a Abraham al ordenarle ofrecer en sacrificio a su
hijo Isaac. Aunque el
episodio de Sodoma y Gomorra no se presenta como una prueba, todo parece
indicar que lo era. Dios le
dijo, en efecto, a Abraham:
“Yo te doy la responsabilidad de enseñar justicia. Es suficientemente difícil enseñar
justicia a otras personas.
¿Puedes tú elevarte a un nivel de enseñanza aún más alto
instruyéndome – a Mí?” Dios
aceptó el reproche de Abraham porque este reproche no era una falta de fe
en Dios sino más bien una prueba de su fe. Abraham no presumió ante Dios; por
el contrario, se mostró obediente.
La mejor manera en que un estudiante puede mantener la fe con su
maestro es hacer que el maestro se apegue a sus propias enseñanzas.
Shabbat
shalom
La
publicación y distribución del comentario del Rabino Warshauer de la
Parashá Vaierá ha sido posible gracias a la donación generosa de Rita Dee
y Harold (z”l) Hassenfeld.
Este
comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de
Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido
supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la
Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo
Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión
original en ingles, en este mismo
website. |