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Vaieshev,
la parashá de esta semana, a menudo cae en el Shabat de Janucá. De hecho,
Vaieshev y el Festival de las Luces comparten gran número de conexiones, a
pesar de que, superficialmente, pareciera haber muy poco de luz en la
parashá. En un estilo melodramático, cada giro positivo en la historia
tiene su correspondiente giro negativo. José es el hijo más amado por su
padre, y por lo tanto el más odiado por sus hermanos. Cuando Rubén lo
salva del intento asesino de sus hermanos, José es sacado del foso y
vendido como esclavo. Logra llegar a ser jefe de la casa de Putifar, sólo
para ser acusado falsamente de violación y echado en las mazmorras. Se
gana el favor del copista del Faraón, pero le dura poco, y José debe pasar
la semana entre Vaieshev y Miketz languideciendo en la prisión. Al final
de la lectura de esta semana, es difícil pensar que la copa esté a medio
llenar.
Del mismo
modo, Rabí Tanjum, uno de los lectores más pesimistas de esta historia,
imagina para uno de los versículos una posibilidad aún peor que la de la
copa medio vacía. El texto bíblico utiliza una duplicación peculiar del
lenguaje para describir el foso en el que los hermanos de José lo echan:
que “HaBor Reik” (el foso estaba vacío) y “ein bo mayim” (no tenía agua)
(Génesis 37:24). Rabí Tanjum, en una interpretación ampliamente citada por
comentaristas posteriores, entiende esta duplicación como implicación de
que por no tener agua la cisterna, estaba llena de culebras y escorpiones.
Con un solo toque narrativo, convierte el tono del relato de una
telenovela a un Reality Show; de “All My Children” a “Fear Factor”. Los
hermanos son o más crueles o menos cuidadosos de lo que podríamos haber
pensado.
La
afirmación de Rabí Tanjum no es particularmente inusual en su contenido;
el proceso del midrash a menudo ofrece este tipo de adornos. La afirmación
se destaca más por su contexto. Aparece en el Talmud (Shabat 22a) en medio
de una discusión sobre el encendido de las velas de Janucá, y a qué altura
deben estar colocadas. Para ser justos, el desarrollo del Talmud no es
siempre linear; ofrece más bien una gran variedad de explicaciones y
digresiones. De hecho, la discusión más extensa en el Talmud sobre Janucá
aparece solamente en el tratado Shabat, como una digresión extendida del tema de las velas de Shabat. En este caso, la razón para incluir una
afirmación de Rabí Tanjum es más bien prosaica. Aparece a continuación de
otro enunciado atribuido a él, relacionado con el tema en cuestión: hace
notar que una luz de Janucá que esté a más de 20 codos del suelo
(aproximadamente 30 pies) no cumple con la mitzvá. Una vela que esté
demasiado alta no será vista por los transeúntes y, por lo tanto, no
contribuirá a “pirsuma d’nisa”, a publicitar el milagro.
Prosaico
Podríamos
considerar la coincidencia de las dos enseñanzas de Rabí Tanjum como un
truco editorial: la altura de las candelas de Janucá y la profundidad del
trance de José. Sin embargo, podemos encontrar cada uno de estos
enunciados por separado en muchos otros lugares de la literatura rabínica,
y sólo aquí se encuentran juntos. Esta yuxtaposición hace una declaración
poderosa sobre la necesidad de mantener un sentido de perspectiva, y de
conservar los milagros a la vista.
El
espíritu religioso de Janucá es uno de ascensión y optimismo. Por ejemplo,
hubo una vez dos escuelas de pensamiento que se ocuparon del encendido
apropiado de las candelas de Janucá. La escuela de Shamai enseñaba que se
comienza encendiendo ocho velas la primera noche, bajando la cantidad
hasta una, como reflejo de los días que han pasado y de la cantidad que
queda. La práctica de la escuela de Hillel, y la que practicamos hoy, es
encender una vela adicional cada noche, para mostrar la grandeza del
milagro que va en aumento. Celebramos la victoria macabea a pesar de haber
durado tan poco, y enfocamos nuestra atención en lo que es,
comparativamente hablando, un milagro menor: que las luces permanecieran
encendidas ocho días cuando parecía que sólo iba a alcanzar el aceite para
un día. La afirmación de Rabí Tanjum nos recuerda que debemos mantener
siempre a la vista y en nuestras mentes aquello que nos recuerde la
bondad.
La
historia de Vaieshev, por el contrario, es una de descenso; descenso hacia
el foso, descenso hacia Egipto, descenso al calabozo. La lectura de Rabí
Tanjum, a primera vista, pareciera empeorar aún más ese descenso. Sin
embargo, creo que la intención de su enunciado es, a pesar de todo, la opuesta. Quiere que sus escuchas se den cuenta y se impresionen de la
supervivencia milagrosa de José, y reconozcan la verdadera extensión de la
divina providencia que acompañó a José en cada etapa de su viaje. Rabí
Tanjum nos impulsa a desarrollar una nueva apreciación de los eventos de
Vaieshev: la desesperación de toda una semana existe solamente para
abrirnos el apetito para la posterior ascensión triunfal de José. Cada
paso negativo en el relato, desde la envidia de los hermanos hasta la
caída de José en Egipto, y la esclavitud de Israel en Egipto, es parte de
un plan divino dirigido a la redención de sus descendientes ante el Mar
Rojo y a la revelación en el Sinaí.
Las dos
afirmaciones de Rabí Tanjum, tomadas en conjunto, nos recuerdan que, en
medio del panorama de eventos, debemos mirar con atención para apreciar
los milagros pequeños, las bondades pequeñas, y estar agradecidos por
ellas. Este sentimiento es particularmente apropiado este año, cuando
Janucá y Thanksgiving coinciden en el tiempo. Ya sea que veamos la copa a
medio llenar o medio vacía, podemos apreciar que, al menos, hay agua
adentro.
Shabat Shalom v'Jag Saméaj
Joshua Heller
La publicación y distribución del comentario del Rabino Heller
de Parashat Vaieshev ha sido posible gracias a la generosa donación
de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.
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