Educación para Adultos

 

Comentarios sobre la Torá del Canciller Schorsch
                (Seminario Teológico Judío de América)

 

VAIEJI 5763
Bereshit - Génesis 47:28-50:26
21 de diciembre, 2002 - 16 tevet 5763

Por el Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary

Traducción de Martha Lichtenstein



El libro de Génesis finaliza al igual que se inicia, con sus personajes principales en estado de exilio. La condición existencial humana consiste en estar fuera de lugar, lejos del hogar. El clan de Jacob ya no reside en la tierra que fuera prometida a su padre y a su abuelo. Sin embargo, el narrador clarifica inconfundiblemente que el destino final no era Egipto, sino Canaán, la tierra que eventualmente llevaría el otro nombre de Jacob, Israel, el que "luchó con seres divinos y humanos, y ha prevalecido" ( Génesis 32:29).

Antes de volver a asentarse en Egipto, para reunirse con José, el hijo por tanto tiempo perdido, Jacob es confortado por Dios: " Y bajaré contigo a Egipto y yo mismo te subiré también." (Génesis 46:4). Cuando el fin de su vida se aproxima Jacob le suplica a José que lo entierre en el lugar de la sepultura familiar en Hebrón (Gen. 47:29-30), y en una conversación posterior hace clara referencia a Canaán como la "posesión eterna" de su nación (Gén. 48:4). José, en verdad, acordó a su padre un prolongado funeral oficial en camino a enterrarlo en "el campo de Majpela" (50:13). En cuanto a José, él no pidió lo mismo de sus hermanos, sólo que, cuando Dios los regresara a Canaán, llevaran consigo sus huesos embalsamados para su entierro.

En resumen, la Torá se esfuerza sobremanera en este punto para reafirmar a Canaán como el destino sagrado de los descendientes de Jacob. A pesar del desvío a Egipto, la narrativa nunca pierde de vista su objetivo. Tal como José afirma a sus hermanos, ellos están en Egipto por diseño, no por accidente. Lo que de cerca parece suceder al azar, desde la distancia adquiere mayor propósito y significado. Dios empleó a José para rescatar a su familia, si no al mismo Egipto, de una terrible hambruna. A partir de ese momento, el destino de ambos estará entrelazado, aunque la residencia de Israel nunca esté destinada a hacerse permanente.

La pregunta que quisiera formular es: ¿Qué necesidad había, en primer lugar, para la estadía temporal en Egipto? Si la narración no deja nada librado al azar, ¿Qué intentó lograr al someter a la nación que emergió de las entrañas de Abraham a siglos de penurias? Dios guía a Abraham hacia Canaán sólo para decirle, cuando llega allí, que la tierra aún no es suya, que sus descendientes deberán soportar la aflicción y la esclavitud en tierra ajena por casi cuatrocientos años. (Génesis 15:13). Esta idea sugiere un cambio de opinión. La historia nos es tan familiar que hemos dejado de sentir la falta de elegancia de la trama. O quizá la voluntad de Dios no debe cuestionarse.

Confieso que los comentarios tradicionales no se conciernen demasiado por mi pregunta. La primer respuesta que puedo encontrar la da la misma Torá. La tierra no esta vacía, y sus habitantes no son aún completamente indignos de ella. "Porque la iniquidad de los amorreos no se ha completado aún" (Génesis 15:16). La explicación implica un concepto incipiente de una guerra justa. La depravación constituye una razón válida para expulsar a un pueblo de su hogar ancestral. En este caso, las prácticas rituales y las normas morales de los amorreos están en camino de contaminar la tierra completamente. Cuando se llegue a ese punto, pero no antes, es permisible la conquista. Aunque aquí la Torá despliega una sensibilidad reconfortante para el prójimo, el destino de los amorreos parece irreversible. El propósito del desvío en Egipto es aguardar lo inevitable.

Pero esta dilucidación no explica la brutalidad de la esclavitud. La estadía temporal también pudo haber sido menos dolorosa. Un midrash nos transmite la necesidad de actos de redención.

"Por qué los Diez Mandamientos no fueron expresados al comienzo de la Torá? La respuesta vino por medio de una analogía. Un hombre llegó a un país y dijo: ‘Estoy listo para gobernarles.’ Sus ciudadanos dijeron: ‘¿Qué has hecho por nosotros para que tú fueras el que nos gobierne?’ ¿Qué hizo? Les construyó una muralla, les trajo agua, y libró guerras para ellos. Dijo nuevamente, ‘Estoy listo para gobernarles’. Esta vez le respondieron: ‘Absolutamente’. De la misma manera Dios sacó a Israel de Egipto, les dividió el mar, hizo descender maná, elevó una muralla, les proporcionó codornices y derrotó a Amalek. Sólo entonces dijo Dios , ‘Estoy listo para gobernarles’, a lo cual respondieron, ’Absolutamente’ ". (Mejilta deRabi Ishmael, Horowitz/Rabin ed., p.219)

De acuerdo a este midrash el contexto para el pacto es la redención. La intervención divina en una situación de completa desesperanza creó el sentimiento de gratitud que indujo a Israel a aceptar la Torá. La compasión y el poder de Dios habían preparado a Israel para obligarse a cumplir los dictados de la sabiduría divina. La intención midráshica es explicar el preámbulo de los Diez Mandamientos, "Yo soy el Señor tu Dios, quien te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de la servidumbre" (Éxodo 20:2), que es el justificativo para las leyes que le siguen. El reclamo de la lealtad de Israel está fundamentado históricamente, sin el Éxodo no habría existido Sinai.

La tercer razón da aún más sentido al fluir del relato bíblico. La esclavitud en Egipto es un necesario preludio al cumplimiento de la misión del pueblo elegido por Dios. Si los descendientes de Abraham serán una fuente de bendición para las naciones de la tierra (Génesis 12:3), si habrán de ser un modelo de justicia y corrección (Génesis 18:19) entonces deben estar expuestos a lo que está mal en el mundo. Soportar la inseguridad de la falta de hogar y la degradación de la esclavitud es el terreno requerido para crear una entidad política imbuida de los principios de igualdad y justicia. La a menudo repetida compasión de la Torá por el extranjero parece brotar de la pesadilla de la terrible opresión.

La experiencia de Egipto también ayuda a explicar la centralidad de la tierra. La Torá aspiraba a ser más que una colección de principios y prácticas legales sin solidez y no comprobados. El espacio sagrado sirvió no solo como una patria, sino también como un laboratorio para convertir abstracciones en realidad.

Cuando Moisés, en medio del Éxodo, se demoró para llevar consigo los huesos de José (Éxodo 13:19), hizo más que cumplir las palabras del hombre responsable por traer a la familia de Jacob a Egipto. El trajo consigo las amargas lecciones aprendidas en la degradación para dar nacimiento a un experimento más noble en la libertad de la tierra prometida.

Shabat shalom

Ismar Schorsch

La publicación y distribución del comentario del Rabino Schorsch de Parashat Vaieji ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.


La traducción del comentario de la Parashá del Rabino Schorsch es realizada por la Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe: http://www.ujcl.org/. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

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Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit Israel, Panamá. Versión original en inglés.

 

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Última actualización:    17 de mayo, 2003