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Moisés le
pone Guershom a su primogénito, un nombre hebreo todavía muy común. Hijo
de él y de su esposa Tzipora, nace en la tierra de Midián, adonde huyó
tras dar muerte a un capataz egipcio. No volvemos a saber nada de Gershom,
pero su nombre sustenta el destino de su padre y su pueblo. El nombre
consiste de dos palabras hebreas, "guer sham", que significan "un
extranjero allí". Al ponerle este nombre a su hijo, Moisés hace énfasis en
la complejidad de su propio destino: "Forastero he sido en tierra extraña"
(Éxodo 2:22).
En la
superficie, el nombre transmite el hecho incómodo de que Moisés el egipcio
se encontraba viviendo entre gente extraña. De ser un príncipe en la corte
del Faraón, Moisés pasó a formar parte de una casta inferior como pastor
en la casa de un sacerdote de Midián, razón suficiente para sentirse
desorientado. Sin embargo, el nombre es explicado, no en presente sino en
referencia a su pasado. Aún en Egipto, en el palacio real, no se sentía
completamente en su casa. Su nodriza hebrea, su madre, debe haberle
infundido un sentimiento subliminal de identidad hebrea. ¿Qué otra cosa le
habría impulsado a investigar por sí mismo la suerte de los oprimidos
israelitas de Egipto o le habría hecho ponerse de su lado desde el primer
momento? Su compasión brotó de una fuente compartida de recuerdos. Por eso
el nombre de su hijo apuntaba al profundo desasosiego que sentía al ser un
hebreo en Egipto.
El nombre
también anunció el destino de los judíos en el exilio. Guershom Soncino
fue el miembro más famoso y productivo de una familia industrial de
impresores judíos italianos. En 1483-84 su tío, Joshua Solomon Soncino,
había impreso por primera vez en la historia de Soncino, en el Ducado de
Milán, dos tratados del Talmud Babilónico. En la última década del siglo
XV y los primeros años del siglo XVI, Guershom publicó gran cantidad de
libros hebreos, incluyendo al menos otros 25 tratados del Talmud, en ocho
ciudades distintas de Italia, así como en Salónica y Constantinopla. Una
época llena de disturbios lo mantuvieron en movimiento. En el colofón de
sus libros, Guershom a menudo subrayó el significado de su nombre,
guer sham, un simple transeúnte en cualquier principado que le diera
entrada. Su residencia permanente estaba en el mundo de la Torá, la que
trató de hacer más asequible por medio de la invención de la
imprenta.
En
Egipto, la progenie de Jacob era conocida como hebreos. El relato cuenta
que el Faraón ordenó a las parteras hebreas que mataran a cualquier varón
que naciera de una mujer hebrea (1:15-16). Cuando les reclamó por no
obedecer la orden, ellas alegaron: "Porque las hebreas no son como las
mujeres egipcias, sino que son robustas, y antes que llegue a ellas la
partera, ya han dado a luz" (1:18-19). Un midrash profundiza en el
significado del nombre "hebreo". De seguro, se deriva de la palabra
"ever", que significa "más allá" o "al otro lado", como en la canción de
Josué: "En los tiempos antiguos, vuestros padres habitaban al otro lado
del río (Eufrates)... (beever hanahar) y servían a otros dioses. Pero tomé
a vuestro padre Abraham de más allá del río..." (Josué 24:2-3). El
midrash, sin embargo, convierte la geografía en historia. El papel de
Israel es el de ser el eterno disidente, el crítico inflexible de las
culturas adictas a los sentidos. El nombre "ivri" nos predestina a
mantenernos aparte, "cuando todo el mundo (está) en un lado (meever ejad),
él (debe estar) en el otro" (Bereshit Rabá, 42:8). Para cumplir su misión
como faro de luz, Israel necesita guardar su distancia.
Y es en
esto que la Hagadá de Pesaj insiste cuando afirma que los hebreos lograron
hacerlo en Egipto. Ellos se mantuvieron diferentes y fácilmente
identificables. Ni el exilio ni la opresión logró diluir su forma de vida.
Como escribió Don Isaac Abravanel, estadista de la judería española en su
hora más amarga, en su comentario sobre este pasaje: "Ellos no cambiaron
sus nombres ni su fe ni su lengua... Aún más, se congregaron en un lugar
en lugar de dispersarse en diferentes ciudades y por eso aparecieron como
una nación singular."
En otras
palabras, a pesar de que tanto Jacob como José fueron embalsamados, la
tradición nos quiere hacer creer que nuestros ancestros en Egipto fueron
capaces de rechazar la tentación de la asimilación. Tal vez la hostilidad
les ayudó a reforzar su identidad. No así el caso de la conquista del
Cercano Oriente por Alejandro en el 333 a.E.C. Sabemos acerca de la
presencia de judíos en Palestina aproximadamente 150 años después, en una
era libre de persecución, listos para rehacer el judaísmo de acuerdo a los
dictados de la civilización helenística. Leemos en Macabeos I: "En ese
tiempo se llegaron desde Israel ciertos hombres sin ley que persuadieron a
muchos diciendo, ‘Vayamos y hagamos un trato con los gentiles que nos
rodean, porque desde el momento en que nos separamos de ellos, muchos
males han caído sobre nosotros’" (1:11). Liderado por sacerdotes, este
grupo obtuvo el permiso de los Seléucidas para construir un gimnasio en el
corazón de Jerusalén, hicieron desaparecer la costumbre de la
circuncisión y abandonaron gran parte de la Torá. En consecuencia,
provocaron la guerra civil. El cambio radical provocó una respuesta
radical. Los tradicionalistas no estaban dispuestos a renunciar a su
identidad, especialmente en los recintos de Jerusalén.
A mi
juicio, los nombres de Guershom y de Ivri simbolizan la realidad
existencial del ser judío. Se necesita cierta medida de independencia para
con la cultura de los alrededores para perpetuar el judaísmo, mucho más
cuando se está dentro de una sociedad amistosa. Nuestra supervivencia en
el exilio asciende a una campaña milenaria por el derecho a ser diferente,
individual y colectivamente. Qué ironía tan trágica, si cuando finalmente
logramos el reconocimiento de ese derecho, nos despojáramos ahora a
nosotros mismos de toda cuota de distinción. Mientras esperamos
ansiosamente los resultados de la más reciente Encuesta Nacional de
Población Judía, debemos recordar que el ser soberano no es un ideal judío
y que la diversidad sin continuidad es tan solo otro nombre para la
anarquía. Aquello que sostiene los residuos de los siglos aumenta
nuestro sentido de lo sagrado y facilita nuestra búsqueda de la
trascendencia.
Shabat shalom
Ismar Schorsch
La publicación y distribución del comentario del Rabino Schorsch
de Parashat Shmot ha sido posible gracias a la generosa donación
de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.
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