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Tendemos
a pensar en la revelación como un término sumamente restrictivo. Ser
inmutable es el destino de un texto revelado. Los seres humanos no tenemos
derecho a alterar lo que Dios ha dado. Pero en el judaísmo, precisamente
por ser venerada como divina, la Torá se hace susceptible a infinita
interpretación. Sería una denigración de la palabra divina imponerle un
único significado. En contraste con el lenguaje humano , que lleva consigo
una extensión finita de significados, el lenguaje divino fue considerado
como dotado de infinidad de acepciones. Esta doctrina dio a los Rabinos
libertad para hacer midrash, creando la anomalía de un canon sin
conclusión. Las vasijas continuaron cambiando sus contenidos. Nuevos
desafíos despertaron nuevas percepciones en un texto inviolable sólo en la
superficie.
En la
parashá de esta semana tenemos un ejemplo de una interpretación metafórica
que nos lleva con un solo movimiento del mundo físico al espiritual. Me
concentro en esta pieza de midrash no sólo porque refleja brillantemente
como los Rabinos trascendieron los confines literales de la Torá, sino
porque también ilumina el misterio de la supervivencia
judía.
Después
de atravesar el Mar Rojo con la ayuda inolvidable de Dios, los Israelitas
siguieron camino hacia el desierto de Sur. Después de tres días de viaje,
privados de agua, sus ánimos se tornaron agresivos. El agua de Mará era
demasiado amarga para beber. Ellos se quejaron, y Dios dio instrucciones a
Moisés para que endulzara el agua con un pedazo de madera, lo que él hizo
exitosamente. (15:22-25). Este incidente es digno de mención sólo como
precursor de futuras insurrecciones. Los milagros no pudieron transformar
a los Israelitas en creyentes por largo tiempo.
Es el
midrash el que hace este episodio notable. En el versículo, " Viajaron
tres días en el desierto y no hallaron agua" (22) algunos Rabinos con
inclinaciones místicas opinaron: "El agua en realidad representa la Torá,
como está escrito (Isaías, 55:1), ‘Todos los sedientos, venid por agua’.
Habiendo caminado tres días sin agua, Los profetas que había entre ellos,
se adelantaron y legislaron que la Torá debía leerse el segundo y quinto
día de la semana, así como en Shabat, para que no dejaran pasar tres días
sin Torá" (Talmud, Bava Kama 82a).
La
analogía enfatiza que la Torá es tan vital para los judíos como el agua es
vital para los seres humanos. Ambas son fuentes de vida indispensables. Al
explorar otros planetas en busca de vida, los científicos espaciales
buscan primero señales de agua. Sin Torá, la vida judía enfrentaría la
extinción. Es por ello que Rabí Akiva desafió la prohibición romana de
enseñar Torá después de la derrota de la rebelión de Bar Kojba. Los judíos
perecerían como peces fuera del agua. Aún después de su arresto, continuó
enseñando a sus estudiantes desde la prisión. Su martirio sirvió como un
tributo imborrable a la supremacía de la Torá (Talmud Brajot 61b, Talmud
de Jerusalem, Ievanot 12:5). De esta forma un midrash inspirado transformó
una narración prosaica en un símbolo poético de perdurable poder. El agua
como metáfora para la Torá se convirtió en un elemento básico de la
literatura rabínica.
No menos
importante, el midrash justificó hacer del texto que cimienta el judaísmo,
el núcleo principal del servicio en la sinagoga. La lectura pública
cada tres días aseguraba que su contenido se hiciera de común
conocimiento. El ritual marcó una desviación total de la práctica del
antiguo Cercano Oriente (o la de la iglesia medieval) que consignaba
los textos sagrados a los precintos del templo como literatura esotérica
para sacerdotes. Tal como la revelación original en el Sinaí fué
presenciada por el pueblo entero, la lectura de la Torá en la sinagoga
tenía como función recrearla para consumo público. Los judíos se
convirtieron en lo que el Korán llamó el "pueblo del
libro".
Como la
primer religión en el mundo basada en un libro, el judaísmo obtuvo tres
ventajas. Primero, el cambio de tierra sagrada a texto sagrado la hizo
portátil. Si el judaísmo no hubiera efectuado este cambio radical, es poco
probable que hubiera sobrevivido el destino del exilio. Nuestro midrash
puede tener en mente el exilio babilónico después de la destrucción del
Primer Templo en 586 A.E.C. En esa época no es inconcebible que los
líderes religiosos hayan alentado la lectura pública de los textos
sagrados para fortalecer la fe y la memoria de su rebaño deportado. Un
libro sagrado portátil elevó al judaísmo a una religión universal. La
presencia de Dios ya no estaba restringida a la santidad de un único
santuario. A través del portal de la Torá, los judíos tenían acceso a Dios
en todas partes. En esto radica la fuerza de la famosa afirmación del
segundo siglo de R. Shimon ben Iojai "donde quiera que Israel deambulaba
en el exilio, la presencia de Dios (la Shejiná) les acompañaba". (Talmud,
Meguilá 29a).
Segundo,
un libro es mucho menos vulnerable que un templo. Al tomar refugio en un
libro, el judaísmo aumentó notablemente su chance de sobrevivir.
Seguramente que los libros podían ser quemados, como a menudo sucedía por
la iglesia en la Edad Media, pero esto sólo destruía el medio, no el
mensaje. Mientras R. Jananiá ben Teradion expiraba en una pira romana,
envuelto en un rollo de la Torá para ridiculizarlo, él reconfortaba a sus
estudiantes diciendo " el pergamino se quema pero las palabras ascienden"
(Talmud Avodá Zará 8a). Los libros siempre podían ser reproducidos. El
formato era más invulnerable que una fortaleza.Tercero, el judaísmo en
forma de libro se hizo democrático. Mientras que el Templo era inaccesible
para muchos judíos, y los sacrificios el terreno de los sacerdotes, la
sinagoga esperaba de cada judío que se aproximara a Dios en forma
individual y directa. La primacía de la Torá requería alfabetismo y
estudio de todos. En consecuencia, el liderazgo sería determinado por el
estudio antes que por linaje.
Pero
estas ventajas tenían un precio. Los efectos de la Torá obraban solamente
mientras que la gente pudiera leerla. Si su lenguaje se volvía tan
impenetrable como un jeroglífico, se corría el riesgo de transformar a la
sinagoga en un museo, y a sus rabinos en intermediarios. La educación
seria y el estudio de toda la vida son los que animan a las letras inertes
para transformarlas en agua que da vida. El peligro más grande para el
judaísmo siempre ha sido el analfabetismo, y es por ello que los Rabinos
insistieron que " El mundo se apoya en el aliento de los niños en la
escuela" (Talmud Shabat 119b).
Shabat shalom
Ismar Schorsch
La publicación y distribución del comentario del Rabino Schorsch
de Parashat Beshalaj ha sido posible gracias a la generosa donación
de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.
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La traducción del comentario de la Parashá del Rabino Schorsch es realizada por la Unión Judía
de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe:
http://www.ujcl.org/. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.
Para suscribirse o dejar de recibir el comentario de la parashá del Rabino Dr. Schorsch, envíenos
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Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe,
con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en
español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación
B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Congregación Kol Shearit
Israel, Panamá.
Versión original en inglés.
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